Número 2 (junio-julio de 2011)
Inteligencia competitiva, creando el puzle de la información fragmentada
Eva Ortoll

De todos es conocido que desde la eclosión de Internet se ha popularizado el acceso a la información y que las herramientas para la búsqueda y recuperación de información se han sofisticado enormemente. En este escenario las organizaciones se han dado cuenta –o no– que necesitan, más que nunca, monitorizar, vigilar y analizar la información del entorno para tomar mejores decisiones, ser más competitivas e innovadoras, o, sencillamente, para sobrevivir en un mundo cambiante y en constante evolución.

Este proceso se conoce con el nombre de inteligencia competitiva (IC). Su objetivo es la captura y tratamiento de información existente en el exterior de una organización sobre hechos y acontecimientos que pueden influir en su actividad actual o futura. Esta información puede estar relacionada con la actividad de los competidores, la evolución de tecnologías y mercados, el comportamiento (¡y opiniones!) de clientes y usuarios, la identificación de señales de cambio u oportunidades, la identificación de alianzas, el marco normativo y legislativo o la evolución del entorno socio-económico, entre otros factores. Toda esta información, o al menos parte de las piezas con las cuales construir nuestro puzle particular, posiblemente estará dispersa en diferentes recursos y fuentes de información, probablemente se encontrará en diferentes formatos y estará creada con finalidades diferentes. Por todo ello se debe prestar atención a las estrategias y técnicas que se apliquen para la captura, selección, análisis y síntesis de dicha información.

 

Pero antes de continuar con los detalles, centrémonos un momento en la idea. El concepto de IC no es nuevo, nos podemos remontar al siglo XIX, en la era Meiji, para ver como el Japón (uno de los países pioneros en las prácticas de Inteligencia, junto con EE.UU. y Suecia) impulsó un plan de modernización del país basado, en parte, en recopilar información sobre la tecnología existente en Occidente. Desde entonces ha llovido mucho, pero el objetivo continúa siendo el mismo. Aquello que una organización pretende con la función de inteligencia es generar conocimiento útil, a partir de un adecuado tratamiento de la información, que le ayude a ser más competitiva, innovadora, y por qué no, más creativa.

 

Desde una vertiente tecnológica nos encontramos que existen multitud de aplicaciones orientadas a apoyar al proceso de captura y filtro de información, desde los típicos robots de rastreo de información en la web a herramientas más sofisticadas que ayudan a integrar, en parte, los datos procedentes de diferentes fuentes y recursos (notas de prensa, portales web corporativos, informes comerciales, estudios de mercado, guías sectoriales, informes demográficos, legislación, publicaciones científicas y técnicas, ferias comerciales, información financiera, agrupaciones sociales y profesionales...) y que permiten generar alertas y otros productos de información sobre un tema determinado. Precisamente la capacidad de integrar y procesar información procedente de diferentes fuentes y recursos es uno de los puntos más interesantes en este campo, de la mano de las opciones de visualización de los resultados.

 

La presencia de las aplicaciones tecnológicas en las actividades de IC no entra a discusión, es un imperativo. Pero como siempre, no podemos olvidar el factor humano en todo este proceso. Es por eso que, para avanzar en el campo de la IC, cada vez es más importante el desarrollo de las capacidades humanas. Por un lado, las capacidades orientadas a identificar los factores críticos sobre los cuales queremos información (el tema de la simplicidad o la complejidad de las necesidades de información, lo dejamos para otro momento). Dedicar tiempo a definir sobre qué queremos estar informados y para qué nos ayudará a obtener mejores resultados en la captación de información. Por otro lado, y sobre todo, debemos centrarnos en las capacidades para el análisis y síntesis de esta información, para ayudar a encontrar sentido a la amalgama de datos, para identificar piezas de información clave y piezas de información superfluas, para descubrir nuevas formas de combinarlas, y al fin y al cabo, para construir un nuevo puzzle que otorgará valor y utilidad a la información obtenida.

 

Una vez introducido el concepto de IC, y si damos un vistazo a la situación del sector, podemos constatar que en los últimos años existe un interés creciente por este tema. Una muestra de ello es la existencia en España de la norma UNE166006, que certifica los sistemas de Gestión de Vigilancia Tecnológica y que desde el 2007 ha otorgado más de 21 certificados a prestigiosas organizaciones privadas y públicas. O la celebración incipiente de foros profesionales y académicos dedicados exclusivamente a este tema. Apenas estamos empezando, en nuestro país.

 

Ahora bien, si nos fijamos en la actividad de otros países, que cuentan con una cultura de IC mucho más arraigada tenemos el ejemplo de EE.UU., país en el que existen importantes asociaciones profesionales privadas que impulsan las actividades de IC y donde son numerosas las empresas, grandes y pequeñas, que tienen implementada esta función. Algo más cerca se encuentra el modelo de Francia, donde es el propio gobierno quien promueve estas actividades. En este sentido y. en palabras de Alain Juillet (impulsor en el gobierno francés del diseño de políticas públicas en materia de IC): “hoy en día la competencia es durísima en todo el mundo y, si no estamos informados sobre los competidores, el entorno y los elementos relevantes para los negocios, es muy difícil, si no imposible, avanzar como país y como empresas”.

 

Todavía nos queda mucho camino por recorrer, pero desde nuestra actividad diaria continuaremos vigilando cómo se mueve el mundo, y concretamente como evoluciona la IC, para ir progresando entre todos e intentar crear tantos puzles como podamos... En próximos COMeIN iremos hablando de ello.
 

inteligencia competitiva;  gestión de la información;