Número 17 (diciembre de 2012)
Punto de inflexión en el estudio de la competencia informacional
Eva Ortoll

Posiblemente el rol de la información como elemento que permite una mejor adaptación al medio se puede considerar consustancial al instinto de supervivencia. Esta peculiaridad se acentúa a medida que la raza humana evoluciona. El libro Nativos digitales: transiciones de lo impreso a lo digital analiza la competencia informacional con una mirada lúcida y renovada.

Ya desde los albores de la humanidad, con las pinturas rupestres como ejemplo, el acceso y uso de la información se configura como una característica diferenciadora entre aquellos individuos o grupos que pueden manejar dicha información de forma efectiva y los que no. La perspectiva evolucionista del comportamiento humano en relación a la información ha sido planteada por algunos autores y nos proporciona una visión más dinámica del comportamiento informacional. Con todo, no cabe duda que son las oportunidades y situaciones surgidas con el advenimiento de la –conocida por todos– sociedad de la información las que despiertan un interés extendido por parte de académicos y profesionales para adentrarse en el estudio de la evocada competencia informacional.

 

De hecho, fue el abogado Paul G. Zurkowski quien en 1974 acuñó la expresión information literacy para referirse a aquella alfabetización que permitía a los individuos utilizar las vastas fuentes de información existentes para aplicar soluciones a sus problemas y abogó por fomentar un programa universal que capacitara a las personas en un manejo eficiente de la información. Zurkowski estimó que una proporción muy pequeña de la población estadounidense, a finales del siglo XX, entendía los desafíos de poder acceder, ya entonces, a una gran cantidad de información y de qué manera dichos desafíos podían tener un impacto en la vida social de las personas y en la economía nacional.

 

Mucho ha llovido desde entonces, aunque la esencia de los objetivos sigue siendo la misma. Sin embargo, ya entrados en el siglo XXI debemos preguntarnos: ¿qué progresos hemos hecho desde 1974 para garantizar un sociedad alfabetizada informacionalmente?, ¿de qué manera las universidades pueden formar personas capaces de resolver problemas relacionados con la información característicos de una determinada práctica social y comunitaria?, ¿cómo deben la universidades abordar el fenómeno de la competencia informacional desde la investigación y el diseño curricular?, y ¿en qué medida los artefactos que actúan como mediadores entre el individuo y la información inciden en las prácticas informacionales? Estas cuestiones pueden ser consideradas retóricas por algunos, pero también son necesarias y cuentan posiblemente con múltiples respuestas. No es objeto del libro que hoy comentamos responder la primera, pero sí arrojar luz, de manera muy inteligente, sobre las restantes.

 

El entorno en el que vivimos está impregnado, en mayor o menor medida, de una aureola digital, y en particular lo que concierne a los recursos y fuentes de información. Los escenarios del mundo digital plantean, además, el reto de adaptarse a los formatos, aparatos y procesos que actúan como mediadores entre la información y los individuos.

 

Aunque las investigaciones y estudios llevados a cabo internacionalmente –así como la creación de asociaciones profesionales, manifiestos, declaraciones y grupos de interés– alrededor de la competencia informacional llenan las páginas de nuestras bibliotecas, restan muchos interrogantes y desafíos por resolver. Quizá los desafíos no son tantos, y lo que necesitamos es observarlos con lentes nuevas. Y así lo ha hecho el grupo de investigación Aprendizaje y Sociedad de la Información, con una mirada cabalmente renovada que permite analizar el fenómeno de la competencia informacional desde una perspectiva  holística, con la transición de lo impreso a lo digital como pretexto para plasmar la secuencia argumental de su propuesta.

 

Así, su libro Nativos digitales: transiciones de lo impreso a lo digital se puede considerar un punto de inflexión en la investigación y comprensión de la competencia informacional y pretende ir un poco más lejos de los debates actuales. A través de una aproximación e inmersión interdisciplinar al objeto de estudio, se traza una interesante panorámica de las distintas fórmulas para integrar las competencias digitales, y específicamente la informacional, en los espacios curriculares, explorando de manera muy clara las reglas y códigos que se imponen de acuerdo con los contextos culturales y socioeconómicos que condicionan los procesos educativos.

 

Además, se transciende el estudio de la competencia informacional desde la individualidad, para incorporar de manera innovadora la perspectiva del entorno. Si bien el concepto de competencia informacional se ha proyectado, mayoritariamente, desde la individualidad, no se puede obviar que el individuo está vinculado a un entorno social y que entreteje su comportamiento y su visión del mundo a partir del entramado de relaciones, creencias, compromisos, valores y normas que se establecen en los grupos a los que pertenece.  Situar la competencia informacional en procesos sociales amplios, y en las trayectorias de vida, permite inspeccionar nuevas dimensiones que afectan los procesos de apropiación de la información y, por ende, del desarrollo competencial del individuo.

 

El grupo de investigación Aprendizaje  y Sociedad de la Información traza la competencia informacional a partir del sujeto, y no del objeto, de abajo a arriba, desde el interior al exterior, de lo significativo a lo procedimental, de lo vivencial a lo curricular, de lo estático a lo dinámico, de lo instrumental a lo cognitivo, y  mucho más.  Los planteamientos que nos presentan los autores del libro se nos revelan como autenticas oportunidades para avanzar en la investigación e implementación de la competencia informacional para que ésta se convierta en algo significativo, y que contribuya, definitivamente, a una mejor capacitación de los individuos en nuestra sociedad.

 

El libro ayuda a entender por qué vale la pena continuar investigando sobre la competencia informacional. Estoy segura de que, una vez finalizada su lectura, los implicados en el tema lo mirarán con un aire fresco y renovado. El lector no encontrará un decálogo de buenas prácticas; encontrará algo mucho más valioso: los caminos para reflexionar, comprender y transitar hacia las mejores prácticas.

 

Para saber más:

Marciales Vivas, G. et al. (2013). Nativos digitales: transiciones de lo impreso a lo digital. Pontificia Universidad Javeriana: Bogotá.
        

 

gestión de la información; 
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