Número 37 (octubre de 2014)
¿Quiere ganar influencia en Washington? Financie 'think tanks'
Francesc Ponsa

La acción de lobbismo que se basa en influir sobre un grupo de individuos u organizaciones muy influyentes sobre el tema objeto de decisión se conoce como lobbismo de altura o grasstop lobbying. Por su condición de institución investigadora y asesora, los think tanks ―también conocidos como laboratorios de ideas― a menudo son objeto de este tipo de lobbismo. Sin embargo, una información publicada por el The New York Times ha puesto en entredicho la esencia de estas organizaciones: la credibilidad y el rigor.

Concretamente, la noticia del rotativo neoyorquino explica que 64 gobiernos de todo el mundo ―principalmente de países de Europa, el Oriente Medio y otras zonas de Asia; sobre todo de productores de petróleo― han pagado desde el 2011 millones de dólares a 28 think tanks para influir mediante ellos sobre las políticas del ejecutivo norte-americano. Instituciones muy prestigiosas como el Atlantic Council, la Brookings Institution o el Center for Strategic and International Studies habrían recibido grandes cantidades de dinero, según señala el periódico.

 

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España aparece citada como uno de los países que hace donaciones a centros de pensamiento norteamericanos. En este caso, las instituciones beneficiarias son la Inter-American Dialogue y la German Marshall Fund of the United States. La primera concentra gran parte de su investigación en América Latina y ha sido una firme defensora de los acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos. La segunda se creó a partir de las donaciones que el gobierno alemán concedió en motivo del 25 aniversario de la conmemoración del Plan Marshall. Actualmente, este think tank se dedica a promover las relaciones entre los Estados Unidos y Europa.

 

Estas donaciones garantizan que los think tanks promuevan los intereses de los gobiernos por las instituciones norteamericanas y evitar críticas. Un informe del Ministerio de Asuntos Exteriores noruego que se cita en la noticia la justifica de este modo: “En Washington es difícil para un país pequeño tener acceso a políticos poderosos, funcionarios y expertos (…). Financiar think tanks influyentes es una forma de tener este acceso y algunos think tanks señalan abiertamente que solo pueden servir a aquellos gobiernos extranjeros que dan fondos”. El problema que plantea esta práctica no es el hecho que determinados gobiernos financien laboratorios de ideas para emprender investigaciones, sino que unos y otros acepten las donaciones como moneda de cambio para promocionar intereses y orientar investigaciones.

 

Este modus operandi ataca el corazón de los think tanks: el prestigio y la credibilidad de las instituciones dedicadas a la proposición de políticas públicas. Tradicionalmente, los think tanks han cultivado la imagen de imparcialidad e independencia propia de las organizaciones que investigan problemáticas y después redactan conclusiones. Sin embargo, la aparición en escena de los centros militantes o advocacy tanks ―una tipología de think tank con el objetivo básico de influir directamente sobre el debate político para favorecer determinados posicionamientos ideológicos― acabó con esta imagen de pureza.

 

Un buen ejemplo de esto lo encontramos en el libro de Susan George El pensamiento secuestrado, que explica como los laboratorios de ideas conservadores cambiaron el paisaje intelectual de las últimas décadas en los Estados Unidos. Entre el 1981 y el 2001, empresarios y potentados estadounidenses donaron más de mil millones de dólares a la Heritage Foundation, la American Enterprise Institute o el Cato Institute con el objetivo de difundir las ideas neoliberales. De este modo, se promocionaron pensadores como Samuel P. Huntington, Allan Bloom, Irving Kristol o Norman Podhoretz, para fomentar la bajada de impuestos, el activismo militar y el conservadurismo social, entre otros.

 

Actualmente, la proliferación de la tipología de los centros militantes en el mundo de los think tanks está comportando un aumento de la promoción de intereses por encima de las reflexiones y los análisis rigurosos e independientes. Ante esta tesitura corremos el riesgo de que los informes de los think tanks cambien el sello de la calidad que les ha caracterizado por la huella borrosa de quien paga. Y esto no es un buen síntoma.

 

Para saber más:

 

Asignatura Lobbismo y grupos de influencia del grado de Comunicación de la UOC

 

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