Número 23 (junio de 2013)
De creatividad y otros males actuales
Gemma San Cornelio

Para bien o para mal, en los últimos tiempos oímos constantemente hablar sobre creatividad e innovación, y de cultivar y retener el talento. Bien sea como túnel de salida de la crisis económica, bien sea para criticar la falta de creatividad en nuestros sistemas educativos, estas expresiones aparecen en boca de empresarios, periodistas y políticos en numerosas ocasiones. Podríamos decir, en palabras de José Antonio Marina, que vivimos una "burbuja de la creatividad", como la inmobiliaria, aunque los efectos de su posible pinchazo nunca serían tan devastadores como en el primer caso.

Aprovechando la lectura del libro El aprendizaje de la creatividad, de José Antonio y Eva Marina, en estas líneas compartiré algunas reflexiones sobre el tema, relacionándolo con alguno de mis proyectos actuales que lo abordan.  El libro en cuestión es muy recomendable para los interesados en la creatividad, porque con un lenguaje extremadamente sencillo sintetiza y debate los postulados de los autores más destacados en la investigación actual sobre la creatividad, de modo que resulta útil tanto para los iniciados como para los recientemente movidos por la curiosidad en el tema desde su vertiente más educativa.

 

Según Marina, crear significa producir intencionadamente novedades valiosas. No basta con que sean originales, sino que además han de tener alguna cualidad apreciable (eficacia, belleza, gracia, utilidad). La mayoría de los teóricos contemporáneos (con algunos matices) coinciden en esta definición. Por ejemplo, según Margaret Boden, la propia definición de "formar o producir algo de la nada" sugiere misterio, de manera que no resulta extraño que se intentara explicar en términos de inspiración divina o intuición romántica. Sin duda, éste es uno de los de los aspectos que más han influido en las consideraciones comunes sobre creatividad, es decir, vinculada a personas con talento o cualidades especiales, basadas en la idea o el mito del artista romántico (y sus variantes tipológicas como ser deprimido, marginal o nerd). No seré yo quien intente desmentir este constructo cultural (tan asentado por otra parte), puesto que la mayoría de teóricos contemporáneos sobre creatividad desde sus respectivas disciplinas ya han pasado del enfoque individualista a un enfoque más relacional de la creatividad (aunque queda mucho por estudiar en cuanto a creatividad colectiva se refiere), incluso llegando la tendencia posterior de considerar que todo el mundo puede ser creativo. Volveré a este punto al final del artículo.

 

En este sentido, Marina diferencia entre dos tipos de creatividad: la creatividad cotidiana y la creatividad especializada. Mientras que la primera aparece frecuentemente a la hora de resolver situaciones cotidianas, la segunda sucede en un campo concreto (lo que Csikszentmihalyi denomina dominio) como puede ser un ámbito científico, artístico, etc. con unas reglas propias y un funcionamiento que hay que conocer en profundidad para destacar o ser innovador. Otros autores también realizan esta distinción (con otras denominaciones), de manera que podemos entender que, si bien todos somos creativos en el día a día, no es tan fácil serlo en un campo concreto, puesto que se necesita un entrenamiento y un conocimiento explícito del mismo.

 

Otra idea interesante que se desarrolla en el libro es que la creatividad es una competencia vinculada a la resolución de problemas. Esta idea, propuesta también por Pekhonen en el ámbito de las matemáticas (vinculado con una combinación de actividad de los dos hemisferios cerebrales), plasma muy bien el momento en el que la creatividad se desencadena, y se ponen en juego los "condicionantes" que intervienen en el enunciado (siguiendo con la metáfora del problema). Sin embargo, quizás no todos los problemas se han de resolver de forma creativa. En concreto, Marina habla de problemas con resolución algorítmica (con procedimientos cerrados y asentados históricamente) y problemas con resolución creativa. Dicho de otro modo, hay conocimientos (como las tablas de multiplicar) que no se pueden aprender de forma creativa, puesto que sería frustrante y poco efectivo.

 

En este sentido, comparto su crítica hacia la superlativización de expresiones como "la escuela mata la creatividad" del archiconocido Ken Robinson, que de algún modo contribuyen a centrar el problema en unos sistemas educativos que, si bien adolecen de muchos defectos, tampoco son los únicos responsables de los problemas de la sociedad actual (comenzando por las empresas, que en muchas ocasiones tampoco desean contar con individuos demasiado creativos). Todo es relativo y matizable. Así que, si usted no se considera creativo, no se preocupe pero, si usted pretende serlo, tampoco se preocupe, que tiene solución: si la creatividad es una competencia, se puede entrenar, y para ello (y en esto estoy de acuerdo con Robinson, Marina y la mayoría de autores) se debería incluir en los currículums educativos de diversos modos.

 

Centrándonos en nuestro ámbito de actividad, en las disciplinas relacionadas con la comunicación la creatividad se hace necesaria en diferentes niveles, y así la intentamos incluir en nuestros programas académicos, tanto de forma implícita como de forma explícita. Porque de algún modo (y esto es de cosecha propia) la creatividad tiene que ver con conectar ideas, muchas veces inicialmente distantes, y esto se puede conseguir tanto mediante métodos basados en el pensamiento creativo como a partir del conocimiento profundo de un campo, estableciendo comparaciones, conexiones y contrastes, manteniendo siempre una actitud inquieta y curiosa.

 

Finalmente, si habéis llegado hasta aquí y os interesa profundizar en un campo creativo por antonomasia como es el diseño, os invito a conocer y, si os apetece, a cursar el próximo diploma de postgrado en Tendencias de Diseño y Creación Audiovisual, donde abordaremos esta cuestión de una forma teórico-metodológica, vinculada a los retos a los que se enfrenta la disciplina, y eminentemente práctica, en relación con algunas de sus más excitantes especialidades, como son la visualización de información, los motion graphics, el diseño de juegos o el diseño para webs y móviles.

 


Para saber más:

 

Marina, J. A.; Marina, E. (2013). El aprendizaje de la creatividad. Barcelona: Ariel.


San Cornelio, G.; Pagès, R. (2010). Creatividad e innovación: discursos emergentes. En: San Cornelio, G. (coord). Exploraciones creativas. Prácticas artísticas y culturales de los nuevos medios. Barcelona: EdiUOC, pp. 185-220.


Web del diploma de postgrado en Tendencias de Diseño y Creación Audiovisual.
 

creatividad;  comunicación y educación;  diseño audiovisual; 
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