Número 28 (diciembre de 2013)
Investigando sobre la colaboración científica
Eva Ortoll

Los conceptos de colaboración, cooperación y trabajo en equipo invaden cualquier esfera de nuestra vida. Somos seres sociales y esto implica compartir, cooperar y, en definitiva, colaborar. La ciencia no se escapa de este precepto y la actividad profesional de cualquier investigador se ve determinada, en mayor o menor medida, por esta dimensión colectiva y colaborativa.

Aunque los científicos han trabajo siempre de forma conjunta, esta colaboración con el tiempo ha evolucionado, adquiriendo formas y significados diferentes, involucrando agentes, tecnologías, espacios e interacciones cada vez más complejos y plurales. Tanto es así que los mismos científicos se ven en la necesidad de estudiar sus propias prácticas para avanzar en la comprensión de este fenómeno.

 

En esta línea, el pasado mes de noviembre tuvo lugar en Valencia el congreso “La colaboración científica: una aproximación multidisciplinar” para debatir y compartir los últimos avances de la investigación sobre este tema. El congreso, como su nombre indica, aglutinaba académicos de distintas áreas de conocimiento: Economía, Psicología, Filosofía, Documentación, Sociología y Historia de la Ciencia, entre otras. Además, también contó con la presencia de profesionales de distintos sectores que de alguna manera u otra dan soporte a la actividad de investigación: instituciones dedicadas a la divulgación de la ciencia, bibliotecas, observatorios territoriales... El congreso fue todo un ejemplo y ejercicio de colaboración en el más amplio sentido del término.

 

Las intervenciones del congreso se aglutinaron alrededor de cuatro ejes: aproximaciones teóricas y conceptuales sobre el propio concepto de colaboración científica; indicadores cuantitativos y cualitativos para el análisis de la colaboración científica; factores psicológicos y sociológicos asociados a la colaboración científica, y experiencias profesionales sobre la colaboración científica.

 

Realizar un análisis exhaustivo y en profundidad de las intervenciones realizadas sobrepasa el objetivo de este artículo. A pesar de ello, presentamos brevemente algunas de las reflexiones realizadas por profesores del grupo de investigación KIMO (de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC) que participaron en el congreso.

 

Los interrogantes que nuestros investigadores pusieron sobre la mesa incluyen, entre otros, estos:

 

¿De qué manera fenómenos como el big data o el open science nos llevan a reflexionar sobre cómo se articula y organiza la actividad de investigación colaborativa? ¿En qué medida los grandes experimentos científicos requieren conceptualizar y tener presente nuevos parámetros que nos permitan avanzar en el estudio de la colaboración? ¿Qué potenciales y limitaciones presentan los indicadores utilizados hasta el momento para medir la contribución real de los investigadores en la creación de conocimiento? ¿Qué características presentan las redes de colaboración en escenarios de big science? ¿Qué papel juega el individuo en estos macro-escenarios? Estas son algunas de las cuestiones que los investigadores de KIMO pusieron sobre la mesa y en las que el grupo sigue centrando su actividad de investigación en el marco del proyecto KIBIS. Este proyecto, contextualizado en el experimento ATLAS del CERN, cuenta con la financiación del Ministerio de Economía y Competitividad.

 

Otras contribuciones del congreso contemplaron cómo medir las aportaciones individuales a los trabajos colaborativos, las cuestiones éticas de las coautorías, los aspectos vinculados a la organización y gestión de los grupos de investigación, y los factores que afectan la provisión de datos y el acceso a la información.

 

En palabras de los miembros del comité organizador del congreso, “en la colaboración científica hay implicados actores sociales, que forman parte de grupos, organizaciones, instituciones, disciplinas, sectores y países distintos; actores que ocupan posiciones diferentes en el espacio de colaboración científica y que interactúan entre ellos siguiendo patrones y estrategias que responden a lógicas diferentes”, y todos estos actores, en sus roles y posiciones diversas actúan para ayudar a producir, y difundir, nuevo conocimiento en beneficio de todos.

 

Con todo, seguro que estamos de acuerdo en que vale la pena continuar investigando en la colaboración científica. Investigar desde una dimensión amplia que implique no únicamente analizar la esencia de la investigación sino también qué la motiva, en qué espacios se interactúa y con qué artefactos, cómo se gestiona, cómo se fomenta y evalúa… sin olvidar su relación con la sociedad.


Para saber más:

 

González Alcaide, G.; Gómez Ferri, J.; Agulló Calatayud, V. (coords.) (2013). La colaboración científica: una aproximación multidisciplinar. Valencia: NauLLibres

 

documentación;  investigación; 
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