Número 53 (marzo de 2016)
Fútbol, comunicación, pancartas y glocalización
Jordi Juste Garrigós

La globalización del fútbol es un fenómeno de especial interés desde el punto de vista de la comunicación. El FC Barcelona y el RCD Espanyol de Barcelona sirven para explicar la importancia de la comunicación en la repercusión mundial de dos entidades deportivas de origen local. 

El último derbi entre el Espanyol y el Barça será recordado, probablemente, como el de las pancartas, una forma de comunicación más o menos espontánea, poco estudiada y posiblemente condenada a la marginalidad por el exceso de celo. La afición del Estadio del RCD Espanyol Cornellà-El Prat exhibió varias, y no todas eran ofensivas. Entre las que no lo eran, había dos referidas al origen de los fundadores de los dos clubes, suizos los culés, catalanes los pericos. Lo cierto es que entre los aficionados al deporte que en 1899 crearon el Football Club Barcelona había extranjeros y catalanes; en cambio, los fundadores, en 1900, de la Sociedad Española de Football eran catalanes o de otras partes de España. Eran los tiempos en que el fútbol era sólo un juego, expandido siguiendo la estela del poder británico y que apenas comenzaba a institucionalizarse en Cataluña. 

 

Con el paso de los años, a uno y otro club se le fueron sumando aficionados locales, primero como practicantes y luego como espectadores. El fútbol fue creciendo en importancia social y cada entidad fue asumiendo una significación diferente, marcada tanto por los propios actos como por la interpretación que la sociedad fue haciendo de los mismos. En este sentido, no se puede ignorar la carga simbólica asociada al nombre de uno u otro club: no es lo mismo llevar el nombre de la capital de Cataluña que recordar con el nombre que ésta forma parte de España. 

 

En las últimas décadas, el fútbol no sólo se ha globalizado, sino que se ha convertido en un ejemplo paradigmático del aumento de la interconexión real y de la conciencia del mundo como lugar compartido por toda la humanidad. Aunque de forma desigual en unos y otros países, el fútbol es ahora un fenómeno social importante que afecta a casi todo el mundo. Y si es así es gracias a la comunicación. Quizás es una obviedad pero, desde el punto de vista de la comunicación, conviene recordarlo. En Barcelona contamos con dos clubes que son claros ejemplos de cómo lo local y lo global se afectan mutuamente. Nos interesa explotar esta circunstancia y convertir la comunicación en el eje de una investigación académica sobre la globalización y el fútbol que, aun así, conviene que sea multidisciplinaria. 

 

Hasta ahora, la investigación de la globalización en general y del fútbol en particular se ha llevado a cabo, sobre todo, desde la sociología. En el caso del deporte, destaca la aportación de Robertson y Giulianotti que, en el artículo que lleva por título The globalization of football: a study in the glocalization of the 'serious life', sitúan el deporte como "epicentro de los procesos de globalización contemporáneos" y utilizan el concepto de glocalización para referirse a transformaciones locales, al desarrollo de identidades particulares y a las diversas formas de organización institucional, en este caso, del fútbol. A Giulianotti le debemos, además, el artículo que, bajo el título Supporters, followers, fans, and flâneurs: a taxonomy of spectator identities in football, propone una de las clasificaciones más exitosas de los aficionados, en la que sitúa las cuatro categorías en un eje en que los supporters son los más ligados a las tradiciones y los clubes locales y los flâneurs son los más desligados de lo local y orientados al consumo. 

 

La comunicación juega un papel fundamental en la relación de todos los aficionados con su equipo favorito, diferente según el vínculo que mantengan: no es el mismo en el caso del abonado que ve los partidos directamente en el estadio que en el del espectador situado en otro continente y que sólo los puede ver por televisión. En todo caso, en el fútbol globalizado, los equipos profesionales no pueden permitirse renunciar a ningún tipo de aficionado; y para encontrarlos, atraerlos, hacérselos suyos o conservarlos, la comunicación es esencial. 

 

En los últimos años, el FC Barcelona ha sido uno de los clubes más exitosos del mundo en sumar y mantener followers, fans y flâneurs sin perder a sus supporters naturales. La última fase de la globalización, la que ha convertido el fútbol de élite europeo en un espectáculo mundial, ha coincidido con una etapa exitosa del equipo, que ha sabido comunicar al mundo la idea de una identidad deportiva basada en un estilo de juego caracterizado tanto por la efectividad como por la belleza. Sin renunciar a su identidad sociocultural, el FC Barcelona ha sabido abrirse al mundo, tal como ejemplifica su página web multilingüe. Actualmente, el Barça tiene más adeptos fuera que dentro de Cataluña y también depende en gran medida de los ingresos que obtiene en el extranjero, pero sigue siendo un club que pertenece a sus socios, mayoritariamente catalanes. 

 

Por su parte, el RCD Espanyol de Barcelona pertenece ahora, mayoritariamente, a un ciudadano chino. En cambio, no ha sido capaz, de momento, de dar el salto que requiere competir en el fútbol global, a pesar de realizar algún intento de entrar a vender su marca en mercados extranjeros de aficionados, como el fichaje de Shunsuke Nakamura en 2009, decidido más con criterios de marketing que deportivos. Además del capital, al Espanyol de Barcelona hasta ahora le ha faltado una idea futbolística que pueda resultar atractiva tanto para el supporter local españolista de toda la vida como para el potencial flâneur que consume fútbol televisado desde cualquier lugar del mundo. 

 

Ya han pasado más de ciento quince años de la fundación del Barça y el Espanyol y no hay duda de que ambos son clubes catalanes aunque dependan del extranjero para captar capital (en forma de patrocinadores o de accionistas), jugadores y aficionados. No debemos olvidar que el fútbol ya no es sólo un juego, ahora es, sobre todo, un espectáculo que aspira a captar audiencia en todo el mundo, un show televisivo en que el plató es todo el estadio. Por eso es tan importante lo que se comunica desde el césped como lo que se hace en la grada: hablan tanto los goles como las pancartas. 

 

Para saber más:

 

Giulianotti, R. and Robertson, R. (2004) The globalization of football: a study in the glocalization of the 'serious life'. The British Journal of Sociology, 55(4), 545-568. doi: 10.1111/j.1468-4446.2004.00037.x 

 

Giulianotti, R. (2002) Supporters, followers, fans, and flâneurs: a taxonomy of spectator identities in football. Journal of Sport & Social Issues, 26(1), 25-46. doi:10.1177/0193723502261003

 

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