Número 59 (octubre de 2016)
Love Apptually: amor y big data
Amalia Creus

Love is in the air o, mejor dicho, en la nube. Las tecnologías digitales impregnan casi todos los aspectos de nuestra vida, incluidos los asuntos del corazón. Aplicaciones como Tinder, Match.com o eHarmony están transformado drásticamente la forma en que nos conectamos, creamos lazos sociales o nos enamoramos. Da igual si lo que buscamos es un encuentro sin compromiso, un amor para toda la vida o, simplemente, romper la rutina. Lo cierto es las aplicaciones de citas en línea están revolucionando la manera cómo experimentamos el romance o la amistad... 

Lejos quedan aquellos días en los que nuestras relaciones sociales estaban circunscritas al entorno más cercano. Hoy, los ordenadores y los dispositivos móviles ponen al alcance de nuestros dedos millones de potenciales amigos, perfectos desconocidos que, estando en cualquier parte del mundo, podrían convertirse en nuestra futura pareja. Comprender las consecuencias de este cambio es algo que ocupa y preocupa a muchos investigadores. Arthur Aron, profesor de psicología en la Stony Brook University, es uno de ellos. Este experto en intimidad y relaciones humanas explica que la calidad de nuestras relaciones más cercanas es fundamental para nuestro bienestar personal y constituye una de las claves de la buena salud y la longevidad; por eso alerta: estudiar los cambios que afectan la manera cómo establecemos vínculos con otras personas no es una frivolidad. Hay un montón de preguntas interesantes que todavía no sabemos responder: ¿fortalece Internet nuestros lazos sociales o, por el contrario, los debilita? ¿Qué impacto tiene todo ello en nuestra evolución y nuestra sobrevivencia? ¿Qué cambios puede producir, a largo plazo, en nuestro paisaje social? 
 
Material de estudio no falta. Por ejemplo, podemos prestar atención a la gran cantidad de aplicaciones digitales que, sea a través de sistemas de geolocalización, de la interpretación de perfiles en redes sociales o de algoritmos capaces de calcular niveles de compatibilidad, nos ofrecen la posibilidad de aplacar el profundo deseo humano de relacionarnos. Es natural pensar que la tecnología puede ayudarnos en la realización de tareas difíciles; entonces, ¿por qué no aplicar la misma lógica a algo tan complicado como puede ser la búsqueda de una relación amorosa? 
 
Para Steve Carter, vicepresidente de eHarmony, lo realmente revolucionario de utilizar el estudio de datos masivos y la inteligencia artificial para ayudarnos a elegir pareja es que estas tecnologías permiten minimizar nuestra natural tendencia a tomar decisiones equivocadas, basadas en la intuición y en las primeras impresiones, factores que, según afirma Carter, dicen poco de las posibilidades reales de predecir la felicidad sentimental a largo plazo. 
 
Hay, sin embargo, quienes se toman los beneficios de las match apps con más cautela, e incluso algo de humor. Azis Ansari, comediante norteamericano y autor del libro Modern Romance afirma que es fácil entender por qué las citas en línea han despegado. “Gracias a los teléfonos inteligentes y a Internet, nuestras opciones son ilimitadas, ya sea cuando compramos un artículo al por menor o cuando buscamos una posibilidad romántica”. Anzari ironiza: “Imagínate que quieres conocer a un hombre de 28 años de edad, alto, con el pelo castaño, que viva en Brooklyn, que le guste practicar windsurf y que ame la música de Naughty by Nature. Antes de las citas en línea esta habría sido una búsqueda infructuosa. Con Internet, sin embargo, puedes enviar un mensaje a tu príncipe azul”.
 
También en clave de ironía, el periodista Stuart Jeffries aporta su particular visión del tema. Jeffries firma que las citas en línea nos ofrecen la ilusión de eliminar los obstáculos históricos al amor verdadero: “el tiempo, el espacio, su padre sentado en el porche con una escopeta en su regazo...”. Sin embargo, añade, “en el hipermercado del deseo, como en los pasillos de las grandes superficies, resulta muy difícil elegir. Cuando nos fijamos en los perfiles, resulta que todos son encantadores, deportivos, generosos, divertidos…” 
 
Guste o no, es innegable que Internet está cambiando el paisaje de las relaciones amorosas, igual que en otras épocas lo hicieron tecnologías como la fotografía, el teléfono o la radio. Por muchos motivos y de muchas maneras podemos decir que hemos conquistado más autonomía y más libertad a la hora de tomar decisiones sobre nuestra vida sentimental, en parte gracias a Internet. También es verdad que la sola idea de que un algoritmo pueda revelarnos la identidad de nuestra alma gemela, suena algo perturbador para aquellos que nos hicimos adultos cuando todavía no existían smartphones. Pero como dijo una vez Julio Cortazar “todo hay que volver a inventarlo… el amor no tiene por qué ser una excepción”. Me pregunto qué pensaría de todo ello el autor de Reyuela; él que, como nadie, escribió sobre el enamoramiento y la vida cotidiana, sus sorpresas, su juegos, su imprevisibilidad…

 

cultura digital;  big data medios sociales; 
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