Número 63 (febrero de 2017)
El punto de giro de Kardashian o el final del 'selfie'
Gemma San Cornelio

Hace un tiempo que escribo sobre selfies en Instagram en el contexto del proyecto selfiestories. A propósito de la desaparición y reaparición de Kim Kardashian en la red, en este artículo me gustaría profundizar en dicho incidente desde la perspectiva de la narrativa personal, a la vez que interpretarlo como otro indicio (más) de lo que podríamos entender como el final del selfie

En este tiempo de desarrollo del proyecto de investigación selfiestories, he ido siguiendo a usuarios, personajes y celebrities que epitomizan el propio género, como Kim Kardashian,  cuya narrativa personal tiene momentos interesantes y otros tan aburridos como cualquier otra persona. Tanto es así, que su desaparición de la red social, en octubre de 2016, me pasó totalmente inadvertida. Poco después, descubrí que el motivo de su ausencia fue un incidente que la celebridad tuvo en un hotel de París, donde sufrió un atraco con violencia. Tras unos meses de silencio, reapareció en la red hace algunas semanas publicando un tipo de imágenes y mensajes totalmente diferentes e inesperados para su público incondicional. Y lo más destacable: ni un solo selfie
 
Si consideramos el perfil de un usuario en Instagram como una suerte de documento autobiográfico in progress, podemos establecer diferentes tipos de temporalidades en él (San Cornelio, Roig y Ardèvol, 2016), incluso identificar determinados momentos como capítulos dentro de una historia en construcción. El eje temporal es, sin duda, uno de los elementos estructurales en la narrativa, junto al principio de causalidad, o el espacio, que nos pueden ayudar a contextualizar el selfie -lejos de verlo como una imagen aislada-. Si bien es cierto que el análisis narrativo no abunda en las aproximaciones académicas al selfie, recientemente se ha publicado el trabajo de Georgakopolou (2016) que habla del selfie como ‘small stories’ y propone, entre otros parámetros de análisis, las voces de los personajes y los narradores, en una línea similar a un trabajo nuestro anterior (San Cornelio et al, 2007). No obstante, en el caso que nos ocupa, la narrativa se hace evidente en la propia estructura en actos; así pues, desde esta perspectiva, el incidente de Kardashian habría provocado un punto de giro en su narrativa personal, que nos conduciría a un nuevo acto. 
 
Hasta octubre de 2016 el perfil de Kardashian estaba focalizado en su día a día profesional y personal, incorporando un determinado número de selfies (aunque no únicamente) y describiendo con cierta ostentación y voluptuosidad su nivel de vida y eventos. En el momento de su reaparición se produce un cambio de tema y aparecen fotografías de tipo doméstico, mostrando a su familia en escenas cotidianas en espacios austeros, neutros y sin connotaciones. Formalmente, ella aparece dentro de un plano general, posando pero con apariencia descuidada. Las fotografías tienen un exagerado filtro verdoso (quizás buscando una estética retro) y baja definición (bastante grano) e incluso están algo desenfocadas.
 
Selfie-Kardashian 
 
 
 
 
 
 
  
Algunas interpretaciones al respecto afirman que haber expuesto tanto su vida personal en las redes sociales habría sido la causa del robo y que en este tiempo que ha estado out la celebrity se ha centrado en su familia. Estas nuevas imágenes, con pies de foto mínimos, tipo ‘family’, hablan de una especie ‘redención’, de una purga del pecado de la vanidad y nos quieren mostrar una persona nueva. Los comentarios de los fans no tienen desperdicio: “¿qué fotos son estas?” o “¿por qué queréis parecer pobres?” y muestran, cuanto menos, desconcierto y así lo recogen la mayoría de los medios, excepto Vogue, que celebra esta nueva estética. 
 
Dos semanas después, aparecen otras fotografías que, sin ser domésticas, mantienen este nuevo estilo, y sin un solo selfie. Del mismo modo que la diva los promovió hasta la extenuación, ahora ha decidido que ya no más. Este punto resulta interesante ya que, como venimos descubriendo en nuestro proyecto, la etiqueta selfie se utiliza cada vez menos y, aunque sea difícil comprobar el número ‘real’ de selfies que se realizan -no solo los que se etiquetan como tales-, lo que sí está superado es la normalización de la práctica, su integración en narrativas personales y usos de todo tipo. Quizás la ausencia de selfies en Kardashian es otra estrategia de re-branding personal, pero pone el acento en el hecho de que la normalización social de una práctica provoca que dejemos de hablar de ella. No es que el selfie deje de existir, pero es probable que en un corto periodo de tiempo deje de tener sentido como objeto de estudio. 
 
Para saber más:
 
San Cornelio, G., Pagès, R., Roig, A. & Ardèvol, E. (2007). Broadcast Yourself! Internet and playful media practices. Transforming audiences conference. London 
San Cornelio, G., Roig, A. & Ardèvol, E. (2016). Selfie stories in time: connecting qualitative and quantitative analysis of image-based personal narratives. ECREA Conference. Prague.
 
medios sociales;  cultura digital; 
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