Número 63 (febrero de 2017)
Retuitear o no retuitear: tu decides
Josep Cobarsí-Morales

Inmersos como estamos en un entorno de información digital y en red, en nuestro día a día somos actores en relación con la difusión de contenidos. Ésto nos otorga un cierto poder de decisión, y también la consiguiente cuota de responsabilidad, lo que merece alguna reflexión sobre nuestras acciones. 

Quien más quien menos todo el mundo está expuesto diariamente a una gran cantidad de contenidos digitales que llegan a las pantallas de nuestros dispositivos, ya se trate de portátiles, teléfonos inteligentes u otros: WhatsApp de grupos diversos, correos de listas de distribución, tuiteos, posts o artículos de medios sociales, etc. Una gran parte de este contenido es ignorado o descartado con relativa rapidez, lo que viene facilitado por la a menudo desbordante cantidad a la que estamos expuestos. Pero en una pequeña proporción de este contenido, nosotros colaboramos en la difusión: retuiteamos, compartimos posts, etc. Nuestras decisiones al respecto pueden tener más impacto del que seguramente somos conscientes. Ahora bien, si nos sorprenden desagradablemente la trivialidad de ciertos contenidos en la red, el tono y el contenido de ciertos debates en nuestra sociedad, algún que otro resultado electoral, o la fácil propagación de determinados bulos o engaños, etc. quizás vale la pena examinar nuestros hábitos y prácticas digitales para ver si todos juntos podemos contribuir a un mejor ecosistema informativo. En este sentido podríamos proponernos unas cuestiones clave cuando nos planteamos la difusión de algún contenido en la red que nos parece interesante de entrada:
 
- ¿Se trata de un contenido inocuo o más bien resulta polémico?
 
- ¿Puedo identificar fácil e inequívocamente quién hay detrás de ese contenido, qué personas o instituciones?
 
- ¿Tengo yo directamente conocimiento o experiencia propia en relación con el ámbito temático y el contexto del contenido en cuestión?
 
- Suponiendo que no solamente yo, sino unas cuantas personas más, difundan este contenido de forma que este alcance una audiencia masiva, ¿qué efecto se lograría con ello?, ¿comparto los posibles objetivos de quien está interesado en difundir ese contenido?
 
-   En la medida que los hechos expuestos o referidos en esos contenidos resulten sorprendentes o impresionantes, ¿me resulta posible contrastarlos?
 
He utilizado deliberadamente la palabra contenido, y no información, porque de hecho el contenido no tiene por qué ser necesariamente informativo. Incluso puede ser información errónea o desinformación interesada. Por eso, es bueno plantearnos cuestiones como las apuntadas, que quizá ya lo hacemos a menudo o procuramos hacerlo en situaciones como ésta. Se trata en todo caso de cuestiones abiertas, la respuesta a cada una de ellas y la decisión de retuitear (o no), corresponden al juicio y criterio de cada uno, que puede ser más o menos restrictivo. Y vale la pena planteárnoslas, y actuar así por unos instantes un poco como periodistas o como documentalistas. Así contribuiremos a un mejor ecosistema informativo en la red.
 
Y si alguien duda del impacto de estas decisiones puede pensar en dos casos, uno más antiguo y otro más actual. 
 
Ya a principios del siglo XXI un ingenioso internauta del sur de Europa con ganas de broma creó una noticia falsa y le puso el aspecto gráfico de un prestigioso diario de su ciudad: "Según fuentes policiales en un país nórdico se encontró un motorista muerto congelado sobre su moto, y tras la pertinente investigación se pudo establecer que el motorista había estado circulando, muerto y congelado, en su moto durante decenas de kilómetros.". No pocos de los que la leyeron en la red difundieron la presunta noticia y le dieron credibilidad. Y así el motorista se incorporó al repertorio de leyendas urbanas.
 
Mucho más cerca en el tiempo la Unión Europea ha creado una Task Force, en el contexto de un esfuerzo europeo para tratar campañas de desinformación. Y para tener más contexto sobre el tema, se puede consultar un informe en relación a la comunicación estratégica de la Unión Europea para contrarrestar este tipo de campañas de desinformación: 
 
Dicen que somos lo que comemos. En cierto sentido somos también los contenidos (informativos o no) que consumimos. Por ello, lo que hacemos, ya sea individualmente o colectivamente, para procurar en nuestros entornos digitales una información de calidad, libre y contrastada, es muy importante. Y lo será cada vez más.

Para saber más:
 
Cobarsí-Morales, Josep (2006). “La noticia del motorista congelado. Pásala”. En Pequeños y grandes desastres de la información. Barcelona: Infonomia. 
 
Directorate-general for external policies. Policy Department. European Parliament (2016). EU strategic communications. With a view to counteracting propaganda. (consulta: 11 de enero del 2017).
 
European External Action Service (2016). Questions and answers about the East StratCom Task Force. (consulta: 11 de enero del 2017).

 

medios sociales;  gestión de la información; 
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