Número 70 (octubre de 2017)
Hoy, ningún 'selfie'
Gemma San Cornelio
Con esta frase quiero empezar un artículo de reflexión sobre el papel de las redes en momentos críticos, o de intensa emocionalidad colectiva como los que hemos vivido últimamente en varios momentos en lugares como Barcelona. ¿Estos medios nos acercan? ¿Nos ayudan?
El pasado 1 de octubre nos despertábamos con las noticias relacionadas con la intervención violenta en algunos colegios electorales por las fuerzas de seguridad. Uno de estos era nuestro colegio y gente muy cercana estaba allí mismo. A través de las redes se enviaban imágenes de lo que estaba sucediendo, y, en un momento determinado, este hecho se estaba transmitiendo por la televisión al mismo tiempo que lo hablaba con personas que estaban allí y con otra gente que desde fuera me llamaba por teléfono con preocupación. Esta simultaneidad de medios en torno a un mismo hecho me hizo pensar en que cuando hablamos de que nuestra experiencia contemporánea es una experiencia mediada (o mediatizada) normalmente lo solemos hacer con un matiz negativo, para diferenciarla de la experiencia vivida o real. De hecho, en algunas ocasiones nos planteamos si hacer una foto o no, para no perdernos un determinado momento, tratando de fijarlo con imágenes. Pues bien, el momento que he relatado me ha recordado la idea de “yo saturado” (Gergen, 1991) donde se habla de estar en diferentes lugares al mismo tiempo a través de los diferentes medios y tecnologías. Esta experiencia mediada —en múltiples soportes simultáneos— me hizo sentir cerca de los hechos, y de la gente, compartiendo unas emociones colectivas. Hacer y compartir imágenes en este caso no tiene una función de registro personal, sino de comunicar y empatizar con los demás en unos momentos críticos.
 
Unas horas después me llegó un mensaje en el grupo de investigadores del proyecto Selfiestories: «hoy: ningún selfie». Esta frase condensaba cómo las emociones negativas no eran compatibles con la práctica del selfie, que, como hemos ido comprobando en nuestra investigación, está más asociado a momentos lúdicos y de alegría. Ciertamente, pero este es el selfie que se hace público y se comparte en las redes sociales, para mostrar, incluso aparentar o posturear, pero... ¿y aquellos selfies que se hacen para tenerlos guardados? Justamente, unos momentos antes había recibido un selfie de una persona cercana con un actor que se había encontrado en un colegio electoral. «De consumo propio», aclaró. Y no es suficiente que la idea de votar sea motivo de alegría, quizás el momento no da para frivolizar. O quizás esta persona nunca publicaría esta ni ninguna otra imagen en las redes sociales, ya que también existe un sector que no tiene ningún interés en ellas. Pero esto no es importante para lo que intento contar.
 
Este hecho me hizo pensar en otro momento emocionalmente muy duro, como fueron los atentados que sufrimos el pasado mes de agosto en Barcelona y en Cambrils. Alrededor de los altares que se instalaron en Las Ramblas pasaba mucha gente, ciudadanos, visitantes, curiosos... y algunos se detenían, rezaban, meditaban, y otros hacían fotos, y también selfies. Algunos colegas nos preguntábamos el porqué de hacerse un selfie en una especie de santuario. Los selfies en lugares “inapropiados” como funerales o campos de concentración nazis son tema de investigación. Sin embargo, haciendo una búsqueda en Instagram no encontré un solo selfie publicado bajo los diferentes hashtags relacionados con Barcelona y los atentados. Esto significa que estas imágenes quedan guardadas y que tienen una función meramente documental o para certificar «yo estaba en Barcelona cuando esto ocurrió». O quizás para compartir con la familia un momento emotivo, o no, tal vez simplemente son un signo de superficialidad. Al final, las tecnologías y las redes tienen la función que les queremos otorgar: las emociones positivas o negativas se las asociamos nosotros. Poder elegir dependerá en buena medida de con qué usuarios interactuamos y compartimos nuestras experiencias, pero eso será otro tema.
 
Actualización a día 2/10: las puertas de algunas escuelas se han convertido en altares improvisados con flores y dibujos. Las personas se acercan, toman fotos y también selfies.
 
Gergen, K. J. (1991). El yo saturado. Barcelona: Paidós

 

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