Número 72 (diciembre de 2017)
Videoclip musical y roles de género: ¿hay novedades?
Gemma San Cornelio

Hace algún tiempo que vengo observando cómo los videoclips musicales representan roles de género, que se expresan en gran medida a través del baile, es decir, de la relación del cuerpo con la música. Un ejemplo muy extremo de ello es el reggaeton, cuyos estándares visuales, no hace falta profundizar mucho, son altamente sexistas, y en muchos casos denigrantes para las mujeres. Sin embargo, no todo es carne. O así lo quiero pensar. ¿Cabe un espacio para la expresión de modelos alternativos? En este artículo repaso algunos videoclips musicales que me han interesado últimamente desde la perspectiva de los arquetipos de género. 

Soy una consumidora de videoclips musicales. Supongo que haber crecido con la cultura de la MTV (y sus versiones domésticas) y las cintas VHS me aficionó a ello. En la actualidad no resulta fácil encontrar espacios televisivos para ver vídeos musicales, más allá de los canales digitales especializados, así que para escribir este artículo decidí tomar como muestra aleatoria la visualización de diez canciones seguidas en el canal televisivo de la emisora RAC 105. Es una emisora que sigo desde hace algunos años, y no he identificado un criterio evidente en el orden de emisión de las piezas audiovisuales, más allá de reproducir canciones de consumo mainstream.
 
Enciendo la televisión un día festivo por la mañana, y la primera canción que aparece en pantalla es «Swalla» de Jason Derulo (2017), con Nicki Minaj como artista invitada. Bien (modo irónico). Este videoclip respondería al modelo de vídeo en el que aparecen los cantantes rodeados de mujeres de movimientos insinuantes y en muchos casos sexualmente explícitos. Nicki Minaj es, sin duda, la reina de este estilo —para curiosos, mirad el vídeo de su canción «Anaconda» (2014)— que representa a mujeres voluptuosas de movimientos, al estilo de la canción «Hotline bling» de Drake (2015), una versión estilizada de este tipo de vídeos que ha abundado en los últimos tres o cuatro años y que tiene otras variantes más sexistas, si cabe, en las que aparece un macho dominante, como el cantante Pitbull, rodeado de mujeres con actitudes insinuantes y sumisas.
 
 
En contrapartida, algunos vídeos invierten los papeles: las chicas tienen poder pero también someten del mismo modo a los chicos, con lo que el tema erótico sigue presente igualmente, pero en otro sentido. No son muy abundantes, pero ahí está, por ejemplo, el vídeo de la canción de Elle King «Ex’s & Oh’s» (2015).
 
 
Continuando con la lista... la cosa va mejorando. O al menos no va a peor… En el conjunto, hay un buen número de vídeos narrativos, que cuentan historias románticas o eróticas en su gran mayoría. Este tipo de vídeos, bastante comunes, no son tan nocivos como los anteriores, si bien perpetúan modelos heteronormativos en los cuales las mujeres no salen muy bien paradas como «Habits», de Tove Lo (2014). Dentro de este tipo de vídeos narrativos, en mi lista apareció uno de ellos con carácter social como el vídeo de Marshmello «Silence» (2017), cuyo tema son los desahucios.
 
Sin embargo, en la muestra y en el conjunto de la música más comercial, predominan los videoclips que presentan montajes coreográficos de distinto nivel: desde el más sencillo al más sofisticado. En general los videoclips musicales conceden un gran protagonismo a las coreografías de estilo hip-hop, aunque también de danza contemporánea, tanto formados por hombres como por mujeres. El hip-hop, como estilo de baile, suele contener ocasionalmente elementos humorísticos que aparecen tanto en la vestimenta como en las actitudes de los bailarines, y en este sentido sí que encontramos algunas diferencias entre los roles masculino y femenino: en el caso de los hombres se puede llegar a utilizar el baile de forma “ridícula”, incluso alocada como en el videoclip «Cool» de Alesso (2015), que le sirve para transformarse, o tener una conducta temeraria, como es el caso de «Sugar» de Robin Shulz (2015), quien baila mientras conduce a la vez que se siente libre.
 
El baile como coartada o elemento liberador de masculinidades tradicionales es un elemento interesante a destacar puesto que esto no sucede tanto en el caso de las mujeres (que siempre aparecen perfectas), excepto en casos aislados como Katy Perry que no duda en aparecer desfavorecida o caricaturizada en un buen número de sus videoclips. En el último, «Swish Swish» (2017), se rodea de un equipo de baloncesto muy atípico, que de algún modo sigue en una línea que incorpora el humor y presenta personajes de acuerdo a cánones de belleza poco convencionales.
 
Para finalizar en este breve recorrido incluiré el último videoclip de Beck, «Up All Night» (2017). El vídeo, dirigido por la productora CANADA, ubicada en Barcelona, trata de una superheroína adolescente que enfrenta obstáculos cada vez más extraños mientras rescata a su amigo desmayado en una fiesta. Se trata de un vídeo también narrativo, con elementos surrealistas, donde la chica asume todo el protagonismo.
 
A modo de conclusión diré que desde hace algunos meses detecto algunas diferencias en los temas de los videoclips, comparado con los vídeos de algunos años atrás donde el modelo hegemónico era el del reaggeton y el de las mujeres objetualizadas. Esta variedad en los temas no se restringe únicamente a los roles masculinos y femeninos, ya que también redunda formalmente en vídeos más creativos, de un valor estético y evocador mayor. Muchos de estos han quedado en el tintero en este artículo pero los reservo para más adelante. Veo un rayo de luz. 
 
género;  música;  televisión; 
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