Número 73 (enero de 2018)
Carteles que no enganchan
Ferran Lalueza

Anómalo es el adjetivo que mejor define las elecciones al Parlament de Catalunya celebradas el pasado 21-D. Sin embargo, ni siquiera la premura con la que fueron convocadas justifica los errores de principiante detectados en los carteles electorales de las principales fuerzas políticas. 

A simple vista, el cartel electoral de Ciutadans podría parecer incluso bastante logrado. Sin embargo, sólo una sobredosis letal de tutoriales de marketing justificaría la creatividad que materializó el emblemático corazón tribandera, transformándolo en un objeto 3D que la candidata sostiene en sus manos. ¿Quién es el genio que convirtió a Inés Arrimadas en una efigie de teletienda? 

 

 
Y ya que hemos empezado hablando de Ciutadans, conviene saber que mirar a la derecha es mirar hacia el futuro. ¿Por qué? Pues porque escribimos de izquierda a derecha, porque el reloj avanza de izquierda a derecha y porque, cuando imaginamos o inventamos, desviamos la mirada hacia la derecha (a diferencia de cuando recordamos, que la desviamos hacia la izquierda). En un cartel, sin embargo, a causa del efecto espejo, una persona mirando hacia su derecha es percibida como ensimismada en el pasado. En un artículo publicado hace ahora exactamente cinco años, ya explicamos que los candidatos deben aparecer mirando a su izquierda (nuestra derecha) en los carteles electorales. Junts per Catalunya desoyó tales recomendaciones y presentó a Carles Puigdemont totalmente ladeado hacia su derecha y, para empeorarlo más aún, con la mirada baja. En la imagen grande, la opción que debería haberse empleado: mirada hacia la izquierda y un poco elevada.
 
 
En este sentido, el cartel de Esquerra Republicana de Catalunya sería impecable puesto que presentó a Oriol Junqueras mirando hacia arriba y ligeramente a su izquierda. Lamentablemente, el plano es muy cerrado, lo cual resalta las imperfecciones y obliga a que el eslogan cuelgue de la barba del candidato cubriendo un tercio de su cabeza. Además, presenta un sutil contrapicado que, más que engrandecer, engorda. Sin duda resulta mucho más favorecedor el cartel que el mismo partido dedicó a Raül Romeva, sin contrapicado y con un plano mucho más abierto.
 

 

 
El cartel del Partit dels Socialistes de Catalunya, a su vez, muestra al candidato con un look indisimuladamente presidencial. Vistos los resultados electorales, no obstante, tal vez hubiera sido mejor esperar por lo menos al recuento de votos antes de hacer a Miquel Iceta la foto oficial como president de la Generalitat. Y si contraviniendo esta recomendación se acaba realizando la foto, siempre es mejor emplear una senyera real en vez de incrustarla con Photoshop.
 
 
Un poco de Photoshop, por cierto, hubiera bastado para corregir el principal defecto de la fotografía que ilustra el cartel de Catalunya en Comú Podem. Y es que a diferencia de Puigdemont, que exhibía ropa de abrigo para evocar su exilio centroeuropeo, Xavier Domènech combate el frío con una discreta camiseta interior. Más discreta sería, eso sí, si no asomara con poca gracia a través del cuello abierto de la camisa del candidato.
 
 
En el cartel electoral de la CUP, en cambio, no asoma ninguna camiseta porque, de hecho, ni siquiera asoma el candidato. Es sin duda una opción coherente para una formación que procura soslayar personalismos y protagonismos individuales, pero en campaña conseguir visibilidad y notoriedad es primordial. Mostrar a Carles Riera en el cartel hubiera contribuido a que los eventuales votantes se familiarizaran con el candidato, lo cual no es baladí si tenemos en cuenta la frecuencia con que la CUP renueva sus liderazgos.
 
 
Y finalizamos con otro partido que probablemente se verá forzado a renovar liderazgos muy pronto, en este caso a causa de los pobres resultados obtenidos. La debacle del Partit Popular Català puede explicarse desde muchos prismas, pero lo que resulta evidente es que el cartel electoral no favoreció sus aspiraciones a causa de sus dos notables errores de bulto. Primero: en un plano tan abierto, las manos deberían verse (de lo contrario, parece que se nos esté escondiendo algo). Segundo: la americana desabrochada denota dejadez (lucir esta prenda como es debido comporta desabrocharla solo al sentarse, pero Xavier García Albiol aparece de pie). En la imagen de la izquierda, una recreación casera de cómo habría ganado la figura del candidato en términos de elegancia, de transparencia e incluso de dinamismo sólo corrigiendo estos dos aspectos.
 
 
Visto lo visto, solo nos queda esperar que la nueva legislatura nos reporte más aciertos que el cartelismo electoral que la ha precedido.
 
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