Número 1 (mayo de 2011)
¿Qué estás viendo?
Jordi Sánchez-Navarro

Internet se ha convertido, también, en un amplificador de nuestras conversaciones sobre televisión. Tanto en los grandes acontecimientos televisivos como cada vez que se emite un episodio de una serie especialmente seguida, Facebook y Twitter se convierten en pantallas paralelas en las que la experiencia de los públicos se amplía más allá del visionado. 

 

La televisión es, por definición, social. Los que aún recordamos como era el consumo televisivo en nuestro país hace poco más de dos décadas, tenemos grabado en la memoria como las conversaciones informales en el trabajo, en la escuela o en la peluquería orbitaban de forma unánime (cosas del monopolio imperante) alrededor de la programación televisiva del día anterior. Por mucho que las cosas hayan cambiado en términos de oferta, nuestras formas de consumo cultural siguen siendo muy parecidas, por no decir idénticas. Comentar la programación de la televisión con los interlocutores adecuados constituye aún hoy día un goce seguro, un placer que nos ayuda a construir nuestra vida cotidiana y que nos sitúa en el mundo.

 

Quizá por eso, la idea de Televisión Social, que vendría a englobar todos aquellos esfuerzos tecnológicos y conceptuales por integrar la comunicación interpersonal y la interacción social en el transcurso del consumo televisivo, nos parece a algunos una redundancia. Sin embargo, observamos una persistencia por parte de plataformas, operadores y fabricantes en buscar la piedra filosofal de la Televisión Social, mediante la investigación y desarrollo de sistemas que, por ejemplo, integran comunicación de voz, chats textuales o plataformas de clasificación y recomendación de modo síncrono a la emisión de programas. Tales esfuerzos están claramente orientados a conseguir el sueño eterno de los productores de televisión: congregarnos a todos frente a un mismo programa.

 

Mientras los artefactos que prometen esa televisión social van llegando, no es ocioso observar que la conversación pública sobre televisión está tan presente como siempre. Sigue vigente, por supuesto, en las cafeterías, centros de trabajo, institutos y universidades en interacciones cara a cara, pero también, y fundamentalmente, en plataformas desarrolladas en Internet que, sin vinculación directa con un programador concreto, tienen su razón de ser en la explotación de la pulsión por socializar nuestras experiencias como espectadores.

 

No es necesario ser un experto para saber que buena parte de las actualizaciones de estado de Facebook y Twitter hacen referencia a lo que los usuarios están viendo en la televisión. De hecho, podría decirse que la conversación síncrona entre la televisión y sus espectadores tiene en Twitter una plataforma privilegiada. No obstante, parece que la interacción de calidad entre la televisión y sus públicos está orientándose hacia la asincronicidad. Aplicaciones como Living Social o Flixter se han integrado de forma natural con Facebook, haciendo que compartir comentarios y recomendaciones sobre lo que consumimos (incluyendo la televisión) se haya convertido en uno más de los muchos atractivos de su uso. Por otra parte, un equipo de emprendedores españoles ha desarrollado Partigi, una herramienta que sus propios creadores definen como “un cuaderno de notas online para apuntar qué películas has visto y cuáles quieres ver (...) que te ayuda a descubrir cosas chulas para ver”. El uso principal de Partigi parece ser compartir experiencias sobre consumo cinematográfico, pero el consumo de televisión ocupa, como no puede ser de otro modo, un lugar destacado entre las aportaciones de sus usuarios. Desde San Francisco opera Miso, una startup que promete hacer que ver la televisión sean más divertido. Miso convierte la experiencia de compartir lo que estás viendo en televisión en un juego, mediante un sistema de recompensas que apela al afán coleccionista que, en mayor o menor medida, todos tenemos. Del mismo modo en que plataformas de geolocalización como Foursquare convierten el deambular geográfico en una experiencia lúdica, Miso obsequia a sus usuarios con badges, insignias que certifican su progresión como espectadores televisivos.

 

Mientras las cadenas y operadores siguen desarrollando plataformas de televisión social que, con toda probabilidad, serán cerradas y estarán sometidas a los dictados de impenetrables acuerdos entre productores de contenidos y fabricantes de hardware, seguirán emergiendo iniciativas, a menudo descentralizadas y poco jerarquizadas, que harán del placer que nos provoca conversar sobre la tele un motor de interacción social y, por tanto, un modelo de negocio. 

  

entretenimiento;  medios sociales;  televisión; 
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