Número 10 (abril de 2012)
¿Por qué lo llaman 'content curator' cuando quieren decir documentalista?
Sandra Sanz Martos

La múltiple eclosión de nuevos perfiles profesionales gestados en el seno de la denominada web social es un fenómeno imparable. Ya comenté hace unos meses la figura del community manager y la falta de consenso existente entorno a sus funciones. Es el turno ahora del content curator, el cual, a diferencia del anterior, tiene su papel mucho mejor definido aunque quizás no es tan novedoso como algunos piensan.

El pasado 27 de marzo Dolors Reig, especialista en social media, fue entrevistada en el programa Singulars del Canal 33. A la pregunta que el presentador le hizo sobre los nuevos perfiles profesionales derivados de la web social, Reig destacó el content curator como uno de los cada vez más reconocidos y mejor valorados.

 

Según definición de la propia Reig, el content curator, también conocido como curador de contenidos o intermediario de conocimiento, “es un profesional, interno o externo, especialmente implicado con el conocimiento, y que asesorará sobre la información más relevante en el sector”. Podríamos decir que un content curator, es un “intermediario crítico del conocimiento”; es alguien que busca, agrupa y comparte de forma continua lo más relevante en su ámbito de especialización. Su objetivo fundamental es mantener la relevancia de la información que fluye libre o apoyada en herramientas concretas para la creación de entornos informacionales. En última instancia, su valor competitivo es mantener a la última a la empresa u organización para la que trabaja  en cuanto al conocimiento, que es vital para su supervivencia. El content curator es el profesional que se dedica a hacer una selección personalizada y de calidad del mejor contenido y de los mejores recursos sobre temas específicos; es el profesional que propicia un servicio tremendamente valioso para quienes buscan información de calidad online, según Reig.

 

Justo un día antes, el 26 de marzo, Tomás Baiget, director de la revista El Profesional de la Información, había escrito (con su estilo inconfundible) lo siguiente en la lista profesional de distribución IWETEL: “De vez en cuando gente externa (extraña, más bien) a nuestra invisible profesión inventa nuevos nombres para referirse a funciones que ellos acaban de descubrir, sin tener ni idea de que los bibliotecarios-documentalistas las hacemos desde hace muchos años”. “Como siempre –añade Baiget–, sufrimos arrastrar ese nombre de ‘bibliotecarios’ que nos encierra irremisiblemente en la ‘biblioteca’ (ya se sabe: catalogar y poner tejuelos a libros, revistas, vídeos y CDs) y no nos deja salir de ella, al menos a los ojos de la sociedad. Desde hace cosa de un año algunos han descubierto la gran novedad de que, dada la gran cantidad de información que hay por el mundo, se necesita alguien que se dedique a seleccionarla o filtrarla, y decidieron ponerle el nombre information curator o data curator”.

 

Esta constatación permite a Baiget concluir así: “A mi entender nada justifica este nuevo nombre, pues el hecho de que ahora haya Internet, webs y blogs no hace cambiar nuestras funciones de toda la vida. Ni tampoco creo que lo justifique ningún posible matiz de contexto interno/externo, empresa/administración pública...”.

 

Suscribo completamente lo expuesto por Tomás Baiget. No cabe duda de que las funciones descritas por Dolors Reig encajan a la perfección con las competencias de los documentalistas o gestores de información. La cuestión es que lamentablemente nos pesa demasiado el lastre de una profesión poco valorada, circunscrita a las bibliotecas y los centros de documentación. Y como el propio Baiget dice, tampoco esto es nuevo: los bibliotecarios-documentalistas tenemos una larga experiencia en la reivindicación de perfiles y disciplinas emergentes tales como arquitecto de información, analista de información, responsable de inteligencia competitiva, gestor del conocimiento, etc.

 

La diferencia —pienso— estriba en que estos otros roles pueden despertar dudas de si se adecuan o no al rol del documentalista, o incluso de si pueden ser cubiertos por otros profesionales como informáticos, ingenieros o economistas. Sin embargo, en el caso del content curator (o curador de contenidos) las funciones son tan propias de los documentalistas que la amenaza del intrusismo debería desvanecerse.

 

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Protestamos y malgastamos energías en recordarles a aquellos ajenos a la profesión que deben borrar la etiqueta de content curator y sustituirla por la de documentalista?  ¿O mejor nos dedicamos a hacerles saber que somos los bibliotecarios-documentalistas de toda la vida los que sabemos desempeñar las funciones del content curator? En mi humilde opinión, creo que sería más inteligente hacerse con el nombre más moderno y evocador (content curator) y dejar un poco al lado el pragmático y prosaico de documentalista en este contexto. Al fin y al cabo, todos preferimos hablar de amor cuando en realidad estamos pensando en el sexo.
 

El artículo por categorias:   documentación;  gestión de la información;  medios sociales; 
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