Número 30 (febrero de 2014)
Prospectiva cientificotécnica: más allá de la bola de cristal
Josep Cobarsí-Morales

La prospectiva cientificotécnica es cada vez más necesaria para las organizaciones y las sociedades de un mundo con incertidumbres crecientes. Requiere del concurso de una serie de elementos que, adecuadamente combinados, pueden dar forma a proyecciones de futuro plausibles en muy variados formatos, según las necesidades de los públicos objetivos destinatarios de los pronósticos. A este tipo de proyecciones, en cuanto que productos de conocimiento, les falta avanzar en su estandarización para lograr una mayor difusión y aceptación por parte de los potenciales usuarios, que son muchos y diversos.

En un mundo cada vez más interconectado, más complejo y más incierto, son cada vez más preciados los pronósticos sobre el sentido y el ritmo de futuros descubrimientos y desarrollos cientificotécnicos susceptibles de impactar sobre las vidas de nuestras organizaciones y nuestra sociedad. En esta línea, el concepto de prospectiva trae intrínseco la utilización sistemática de un repertorio de datos y de documentos para extraer conocimiento mediante técnicas interpretativas adecuadas, en forma de escenarios plausibles de futuro. Y por lo tanto, nos sitúa lejos de las "bolas de cristal", a menudo usadas por los futurólogos aludidos en alguna canción de Joaquín Sabina.


Los vaticinios a título individual, por parte de personas con grandes conocimientos científicos y un punto de imaginación, no son menos interesantes que los de los futurólogos y a buen seguro tienen más fundamento. De hecho, las predicciones formuladas por Isaac Asimov en 1964 con horizonte 2014 se pueden considerar acertadas en no poca medida. Y las que apunta Joandomènec Ros, presidente del Instituto de Estudios Catalanes, de cara al 2064 se leen con interés.


Ahora bien, la formulación sistemática de este tipo de proyecciones, orientadas a la toma de decisiones en una organización o en una sociedad, requiere normalmente del concurso de una serie de personas y de recursos. Típicamente los siguientes: 1) El acceso a un considerable corpus de datos o documentos provenientes de una diversidad de fuentes selectas, 2) Unos expertos encargados de filtrar, compactar e interpretar estos datos, y 3) Una metodología para contrastar y reforzar esta interpretación.


Con respecto al corpus de datos o documentos, hay un amplio abanico de fuentes cada vez más diversificadas. Las digamos tradicionales son, por ejemplo, las bases de datos de artículos científicos, o las bases de datos de patentes. Ahora bien, estas, por su propia definición, constituyen una compilación del pasado, del conocimiento consolidado. Por esto cada vez más se utilizan otras fuentes, más oficiosas y más representativas del conocimiento emergente y prospectivo, como pueden ser la llamada literatura gris, la documentación pública sobre proyectos de investigación en curso, o incluso los intereses de búsqueda declarados por los investigadores en sus páginas web, etc.


La selección de las fuentes adecuadas y la compactación de datos y documentos en una síntesis representativa y manejable normalmente requiere del concurso de un experto documentalista y analista especializado en el área temática, que utiliza o configura una combinación de software adecuada. Como productos de conocimiento resultantes de este trabajo puede haber un primer informe documentado, o la presentación de un resumen informativo mediante una interfaz interactiva.


A partir de esta primer producto, para conseguir una interpretación potente y contrastada, tendría que incorporarse el conocimiento de expertos cientificotécnicos en el área temática, y de expertos con una visión más política y estratégica. La visión de estos expertos se enriquecería y se contrastaría mutuamente, mediante técnicas como los Delphi Group o la revisión por pares. Un sistema de información adecuado, gestionado por el documentalista y analista, incorporaría este conocimiento para lograr una versión potenciada y contrastada del informe documentado o del resumen informativo interactivo.


Podríamos, a partir de todo ello, proponer una ecuación para la prospectiva científicotècnica, donde esta es función de los siguientes factores:
Prospectiva = f [(colección de datos y documentos), (software), (expertise documental y analítica),  (expertise científicotécnica),  (expertise estratégica),  (imaginación)]


Hemos apuntado tentativamente los factores a tener en cuenta en la fòrmula de la prospectiva. Pero cómo estos factores juegan y qué personas y perfiles profesionales aportan su expertise, puede variar bastante en función del contexto organizativo, de qué tipo de proyección de futuro se quiera hacer y de cuáles sean los públicos objetivos.


Así, empresas de nuestro país como IALE Tecnología u Observatorio de las Ideas, que ofrecen productos y servicios de prospectiva, seguramente combinan estos factores de forma diferente. Cuando menos, esto se podría deducir de una visita a sus sites. En otros casos, el proveedor puede ser una unidad de inteligencia competitiva, de vigilancia tecnológica, o de estudios y análisis, ya sean situadas dentro de una organización grande, o ya sea actuando para un cluster de empresas, cámara de comercio, parque tecnológico o similar.


Hoy en día, es grande la necesidad de este tipo de productos de conocimiento de prospectiva cientificotécnica, ya sea en forma de informes documentados o, todavía mejor, de resúmenes interactivos que permitan al usuario acabar de dibujar él mismo los posibles escenarios. Y la necesaria combinación de personas y recursos se puede lograr. No obstante, hay mucha tarea para llegar a establecer una estandarización de estos productos de conocimiento, de forma que los potenciales usuarios sepan en qué consisten, qué pueden esperar de ellos, y tengan una idea general de su funcionamiento.


En este sentido, falta bastante recorrido para que estos pronósticos logren un estatus comparable al que tienen actualmente productos de conocimiento como por ejemplo una auditoría contable, un diagnóstico médico, etc. En estos casos, proveedores, usuarios y otros implicados comparten un marco conceptual que les facilita la comprensión mutua y el manejo de estos instrumentos, siendo conscientes de su funcionamiento, potencial y limitaciones. En cambio, no es así en el caso de la prospectiva, que a día de hoy todavía suena un punto esotérica y nos recuerda las bolas de cristal de los futurólogos.


Para saber más:


Grado de Información y Documentación. Itinerario de optatividad “Gestión de información: análisis de información”.


Master Universitario en Gestión Estratégica de la Información y el Conocimiento a las Organizaciones.


Alan L. Porter; Scott W. Cunningham (2004). Techmining: Exploiting New Technologies for Competitive Advantage. Wiley-Interscience: New York.
 

inteligencia competitiva;  documentación;  gestión de la información;  gestión del conocimiento; 
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