Número 30 (febrero de 2014)
Tras la huella de la verdad: reflexión sobre el rigor informativo
Silvia Martínez Martínez

El tiempo y el espacio han condicionado el ejercicio del periodismo desde sus orígenes. En la actualidad, si bien la multimedialidad y la hipertextualidad han permitido superar las limitaciones de los soportes convencionales, la inmediatez informativa ha supuesto un nuevo reto. En un contexto de crisis económica, en el que se multiplican los emisores y, por tanto, la competencia, ser el primer site en ofrecer una historia y conseguir viralizarla aunque no esté verificada significa incrementar audiencia e ingresos. El impacto de esta tendencia resquebraja fundamentos clásicos de la labor informativa.
 

En el periodismo, como en cualquier otra profesión, hay dichos de carácter popular que intentan resumir la esencia de la labor que desempeñan. Estos hacen uso de la exageración y con ello logran la finalidad perseguida: grabarse en el común de los mortales y/o justificar comportamientos extremos. Así, en el caso que nos ocupa, son conocidas frases como “no es noticia que un perro muerda a un hombre sino que un hombre muerda a un perro” o “nunca dejes que la realidad estropee una buena noticia”. Con todo, en su poso se descubre cierto atisbo de autenticidad pues el reportero siempre busca lo excepcional, lo que impacta y logra atraer a una mayor audiencia pues, cuanto más público se tenga, más beneficios se obtendrán con la publicidad. De este modo el periodismo se ha debatido siempre en un difícil equilibrio entre conseguir estos objetivos y al tiempo ejercer su labor con responsabilidad y rigor.

 

Esta tensión se incrementa en el entorno digital. Por un lado, desde la irrupción de la llamada Sociedad de la Información, aumenta la posibilidad de acceder a los datos lo que hace más necesario el proceso de selección. Por otro, la apertura de la comunicación pública incrementa el número de actores y sujetos que difunden contenidos y aumenta la competencia por atraer la atención del público. Esta ausencia de barreras a la entrada tiene como consecuencia la proliferación de sites de noticias. Asimismo, aparecen nuevas modalidades de periodismo, como el llamado brand journalism que, aunque pueda presentar historias de calidad y bien elaboradas, está promovido por una marca o empresa que persigue alcanzar cierto posicionamiento. En otros casos, se presentan contenidos que no han sido necesariamente elaborados por profesionales pues, con el desarrollo del periodismo ciudadano, el usuario se convierte en relator de la historia.


A este panorama hay que sumar la presión de la inmediatez informativa que impera en este nuevo contexto y el resultado, cuando menos, pone en cuestión el rigor informativo de los últimos tiempos al circular noticias que han resultado falsas y que previamente no fueron contrastadas.


Ante esta realidad no han faltado las voces críticas que se encargan de denunciar y alertar de los peligros de las malas prácticas. Así, algunos periodistas se dedican a rastrear y señalar los errores cometidos en los medios, como es el caso de Craig Silverman que edita  Regret the Error en el Poynter Insitute.


La pregunta ineludible que surge tras encontrar ejemplos en los que se ha demostrado que la noticia no era cierta, especialmente en los casos en los que no se comprobó o contrastó la información, es si los beneficios que puede reportar al site publicar una historia que suma miles de visitas permite pasar por alto el hecho de que pueda ser falsa.  En un análisis publicado recientemente en Elpais.com bajo el sugerente titular “Que la realidad no estropee una buena historia viral” se aborda esta cuestión con la visión de expertos y responsables de algunas páginas web. Y aunque en él se recogen voces que se lamentan por la tendencia que lleva a publicar contenidos antes de contrastarlos, se reconocen las ventajas competitivas de ofrecer la historia el primero e incluso, en algún caso, se deja en manos del lector la responsabilidad de discernir y filtrar la validez de aquellos contenidos que reciben.


Un repaso a los códigos deontológicos de la profesión nos permite observa que se muestran contundentes y coincidentes en este aspecto. Así, por poner algún ejemplo, el Código Deontológico de la FAPE señala, entre los Principios de Actuación,  la necesidad de buscar la verdad y ello supone que el periodista “deberá fundamentar las informaciones que difunda, lo que incluye el deber de contrastar las fuentes”. El Col·legi de Periodistes de Catalunya, por su parte, también incluye entre los principios reconocidos en su Codi Deontològic la necesidad de publicar sólo aquellas informaciones o contenidos fundamentados.


La propia Constitución Española al abordar en el artículo 20 la libertad de expresión reconoce el derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. La veracidad no equivale a ofrecer una verdad absoluta y totalmente objetiva sino que, tal y como se explica en la Sentencia del Tribunal Constitucional 6/1988 de 21 de enero, implica el deber previo a la publicación de llevar a cabo de forma diligente las acciones necesarias para contrastar y comprobar aquello que es transmitido, en este caso, los hechos.


En el artículo "De la verdad informativa a la 'información veraz' de la Constitución Española de 1978. Una reflexión sobre la verdad exigible desde el derecho de la información”, la profesora e investigadora Ana Azurmendi revisa las sentencias del Tribunal Constitucional que desde 1980 hasta 2005 contribuyen a dotar de significado el término veracidad en el contexto informativo. Destaca una de las conclusiones a la que llega en su estudio donde señala que “sea quien sea el agente –profesional o no del periodismo– que difunde una noticia en los medios de comunicación, se le exigirán los mismos requisitos de veracidad que a un periodista”. Con ello plantea la veracidad como una obligación extensiva a todo sujeto que se encargue de difundir información y esto tiene importantes implicaciones en el actual contexto comunicativo en el que, como se ha señalado, proliferan sitios de noticias no elaboradas por profesionales.


Aunque comprobar las informaciones pueda parecer una práctica en desuso o demodé, lo cierto es que verificar la información es un principio fundamental de la labor informativa plenamente vigente y, al mismo tiempo, una garantía para ejercer la profesión de manera responsable. En esta línea son varios los periodistas que están reivindicando y poniendo en valor las mejores prácticas de verificación llevadas a cabo incluso en momentos de crisis o emergencia cuando impera una mayor incertidumbre. Así,  por citar un caso reciente, el manual Verification Handbook. A definitive guide to verifying digital content for emergency coverage recoge la visión de diferentes expertos que analizan  la cobertura informativa de diversos acontecimientos a través de una serie de estudios de caso.


Ante la inmediatez que reina en el entorno digital, contrastar los datos puede parecer que ralentiza la publicación de la noticia. No obstante, la clave para superar esta traba está en la formación, conocer la tecnología y aprovechar las posibilidades que nos ofrecen los recursos digitales para localizar el origen de la información, acceder a un mayor número de fuentes o testigos y distinguir rápidamente qué contenidos han sido manipulados.
 

ética de la comunicación;  medios sociales;  periodismo;  régimen jurídico de la comunicación; 
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