Número 34 (junio de 2014)
Del aprendizaje en las redes sociales a las urnas
Sandra Sanz Martos
La larga crisis que azota Europa, y en especial España, ha favorecido el surgimiento de numerosos movimientos sociales. A pesar de los detractores, que se han empeñado en desprestigiarlos, estos movimientos han sabido utilizar las redes sociales como punto de encuentro donde intercambiar información, aprender y posicionarse en los medios. De este modo, se ha ido fortaleciendo un tejido social que ha superado los límites de la protesta para construir nuevas opciones políticas y cambiar las cosas desde dentro. 
 

 

Primero fue Pablo Iglesias con Podemos quién se presentó a las pasadas elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo y consiguió nada más y nada menos que cinco escaños. Y ahora Ada Colau, la exportavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), nos anuncia su intención de ser candidata a la alcaldía de Barcelona. El propio manifiesto de la plataforma Guanyem Barcelona (Ganemos Barcelona), que da apoyo a su candidatura, señala que “pese a la dureza de la crisis, se ha abierto una brecha histórica que no podemos ni queremos desaprovechar. Vivimos tiempos excepcionales que exigen iniciativas valientes y creativas”. 
 
Ha quedado atrás el debate de los movimientos sociales sobre si para cambiar es más útil estar dentro o fuera de las instituciones. “Los movimientos han pasado de la protesta a la acción y se han vuelto ambiciosos”,  comentaba El País (15/06/1014). Al parecer Guanyem Barcelona tiene su origen en las “iniciativas desde hace tiempo defendidas por movimientos sociales, vecinales y sindicales y por diferentes espacios políticos. Pero no las podremos llevar a cabo sin la implicación de amplios sectores de la sociedad”, aclaran. 
 
Ahora bien, sin considerarse herederos del movimiento 15-M, como aclara el propio Pablo Iglesias en el diario El Mundo el día siguiente de las elecciones europeas (26/05/20014), está claro que éste es el gran punto de partida. “Estuvimos en el 15-M y aprendimos mucho en las asambleas. Sin este movimiento, Podemos no hubiese sido posible”.
 
En España, sin embargo, el embrión de todo esto está aún más atrás. Probablemente, la primera vez que fuimos conscientes del valor que tiene lo que Lévy (1997) denomina inteligencia colectiva fue a raíz de la movilización ciudadana como respuesta a todo a lo que aconteció entorno al atentado terrorista del 11-M en 2004. Howard Reinghold (2004) lo recoge en la introducción de la edición española de su libro Multitudes inteligentes: la próxima revolución social: “Tuve conocimiento del fenómeno cuando se hizo pública la noticia de que muchas manifestaciones se habían organizado y coordinado con mensajes SMS”. 
 
De algún modo, este fue un ensayo general de lo que tuvo que venir después: el surgimiento del movimiento 15-M del 2011. Esta movilización nació y creció en Internet. Allí, además, se desarrolló con tanta o más fuerza que en las calles. La organización creó una página web donde publicar sus convocatorias y comunicados y relatar todo lo que sucedía en las plazas a través de las redes sociales, especialmente desde su cuenta en Twitter, en la que también recogía ideas, apoyos, propuestas y consultas. Twitter se convirtió en el gran impulsor y escenario paralelo de estas protestas. La gente participó, desde dentro o desde fuera de ellas, utilizando las etiquetas #acampadasol, #nonosvamos, #notenemosmiedo, #yeswecamp, entre otras. Las fueron cambiando para responder a necesidades informativas y por una cuestión estratégica: mantener el “trending topic” mundial. Facebook también fue un hervidero.
 
Las multitudes inteligentes (Reinghold, 2004) son grupos de personas que emprenden movilizaciones colectivas –políticas, sociales, económicas– gracias a que un nuevo medio de comunicación posibilita otros medios de organización, y lo hacen a una escala novedosa, entre personas que hasta entonces no podían controlar tales movimientos. Al igual que la imprenta facilitó la ciencia y la democracia, la telefonía móvil y las redes sociales constituyen –junto con las personas– un potencial inmenso. Debemos tomar conciencia – también dice Reinghold (2004)– de que un nuevo código y un nuevo canal comunicativo, junto con nuevos modos de utilización de los dos sistemas, suponen nuevas oportunidades. 
 
Algunos observadores apuntan como clave del éxito de Podemos su apuesta por las redes sociales, que cuenta con más de 250.000 amigos en Facebook frente a los 64.000 del PP o los 61.000 del PSOE. Lo mismo sucede en Twitter, donde Pablo Iglesias supera con 245.000 a los aproximadamente 20.000 de Arias Cañete o Elena Valenciano (El Mundo, 26/05/2014). Ahora bien, eso no es todo, tras el impacto de la noche electoral, se convirtió en el partido político español con más seguidores, y Pablo Iglesias en el líder más influyente en Europa en las redes sociales, según los expertos consultados por El País (30/05/2014). Además, y esto es quizás lo más interesante, muchos de sus mensajes han llegado a ser compartidos por 2.000 personas, por lo que alcance aún es mayor.
 
Un equipo formado por quinze estudiantes administra las cuentas de las redes sociales del partido revelación. Y entendieron que, al contrario de lo que suelen hacer los grandes partidos, la red debe ser un elemento de interacción. No se puede limitar a lanzar un tweet y se acabó. Hay que contestar los comentarios que llegan y dialogar con la ciudadanía. Durante la campaña electoral, el equipo de redes debatía durante horas, mediante documentos compartidos en Internet, qué tema o qué palabras podrían ser tendencia en la red, y así convertirse en lo más visto para ser observados por miles y miles de ciudadanos. 
 
Meta alcanzada. Consiguieron ser trending topic cada día, durante la campaña electoral, con alguna de sus etiquetas. El fin de semana previo a las elecciones #podemos25 o #yovotopodemos estuvieron en los primeros puestos de la lista de tendencias en España. 
 
Los miembros de Podemos aprendieron en las asambleas la manera de organizarse y tomaron buena nota del uso de las redes sociales. Sin duda, Guanyem Barcelona, con Ada Colau al frente, seguirá sus pasos. De hecho, la PAH ya ha demostrado saber aprovechar muy bien las redes sociales para parar desahucios o hacer ruido mediático en los escraches. En su manifiesto lo dejan bien claro, ya están trabajando para abrir el proceso a la mayor participación ciudadana posible. Una propuesta que “entusiasme, que tenga presencia en los barrios, en los lugares de trabajo, en el mundo de la cultura…”. En definitiva, una opción electoral que sea capaz de escuchar lo que se dice en las calles y las plazas de Barcelona, y aprender de ello. Tanto las presenciales como las virtuales. 
 
comunicación política;  gestión del conocimiento;  medios sociales; 
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