Número 42 (marzo de 2015)
Entre el narcisismo y el activismo: visiones del selfie
Gemma San Cornelio

Los selfies son muy peligrosos. Terribles. Una de las más recientes manifestaciones de su peligrosidad es que son la causa del contagio de piojos entre los niños, ya que juntan sus cabezas demasiado para entrar en el encuadre de la cámara (y es mucho peor si utilizan Instagram, cuyo formato es cuadrado y el espacio es más estrecho que en uno apaisado). 
He de reconocer que cuando escuché la noticia en varios telediarios me produjo cierta hilaridad. Sin embargo, viéndolo en perspectiva entendí que esta es simplemente una expresión más de la consideración negativa que se tiene de la práctica, especialmente en los medios de comunicación tradicionales. ¿Por qué este empeño en desacreditar e imbuir de peligrosidad una práctica social de este tipo?, ¿cuáles son las ideas o asunciones que acompañan esta interpretación?

En un artículo anterior apuntaba las principales definiciones del selfie, así como los retos metodológicos que se podrían plantear en el contexto de una investigación que hemos comenzado a realizar sobre el selfie y las narrativas personales. Como comentaba en dicho artículo, una de las primeras lecturas de la práctica del selfie fue su identificación como expresión narcisista, que fomenta el culto al cuerpo y el egocentrismo, y que incluso provoca o empeora problemas psicológicos, especialmente en los colectivos más vulnerables. Si bien es cierto que tanto para los jóvenes como los adolescentes la imagen propia juega un papel fundamental, y si tenemos en cuenta que el selfie es una práctica muy feminizada, este podría ser un elemento a considerar a la hora de interpretar sus propias narrativas y no tanto una estigmatización a priori.

  

De hecho, todavía no existen suficientes estudios sobre el selfie que justifiquen una valoración en términos tan negativos como los que se presentan en determinados artículos en la prensa española. Solo hace falta echar un vistazo a los artículos publicados en el periódico El País sobre el tema, en donde prima -prácticamente en todos- una visión narcisista y enfermiza, expresada en un tono decadente, de profecía posmoderna autocumplida (y a veces autocomplaciente) y que pone sobre la mesa viejos temas de los pasados años 90, cuando aparecieron los primeros chats y se podían establecer relaciones sociales a través de la tecnología. Como contrapunto, esta visión tan negativa no se aprecia en otros medios estatales, como El Mundo, o medios internacionales, donde la aproximación es más superficial o humorística.

 

Además de las visiones posmodernas sobre la identidad y los medios de comunicación, pueden tener influencia en esta valoración negativa del selfie los denominados ‘moral panics’ o los miedos relacionados con la tecnología, aplicados frecuentemente a los videojuegos, y siempre fundamentados en cuestiones de tipo ético. A pesar de que muchos trabajos de investigación desde las ciencias sociales, de los años 90 y 2000, han demostrado relaciones con la tecnología mucho más variadas y constructivas, con la aparición del selfie reaparecieron estas interpretaciones por un periodo breve, ya que, actualmente, la investigación académica sobre los selfies se centra en otros aspectos que apuntan justo en una dirección contraria, y con las que compartimos el mismo punto de partida en nuestro proyecto.

 

En el proyecto “Selfiestories y personal data” entendemos el selfie como la expresión de una narrativa personal, que se construye en las redes sociales como parte de la vida cotidiana. No está aislado, por tanto, del contexto de aquellos que lo practican (de ahí que sea necesaria una visión tanto cualitativa como cuantitativa). Dentro de este planteamiento, a lo largo de los siguientes meses nos gustaría precisamente descubrir las múltiples narrativas que se pueden generar mediante las imágenes de uno mismo, los comentarios, hashtags, likes, etc., con métodos variados que iré comentando más adelante.

 

Más específicamente, nos interesa profundizar en aquellos aspectos performativos que pueden devenir aproximaciones al selfie alternativas a la visión individualista y que lo utilizan para la movilización social o el compromiso con diferentes causas. En este sentido, es muy interesante encontrar iniciativas de investigación a nivel internacional que también trabajan en esta línea, como el congreso Selfie citizenship, que tendrá lugar próximamente en Manchester, y que está centrado en usos del selfie vinculados a la política y al activismo social. Otras visiones alternativas del uso del selfie las encontramos en las acciones reivindicativas de los propios usuarios, como las de los colectivos transgénero, la presencia de imágenes de mujeres de color en las redes sociales, o reivindicaciones de la fealdad desde un punto de vista estético (tema muy presente en el arte contemporáneo).

  

Teniendo en cuenta estas premisas, he realizado una pequeña búsqueda por la aplicación web de Instagram, donde he podido descubrir algunas tendencias sugerentes en el uso del selfie que se basan justamente en combatir y desmontar, de modo consciente, la visión individualista del término y utilizarla con fines opuestos, a favor de causas colectivas. Una de las etiquetas que se utiliza de forma recurrente en este sentido es #unselfie o #UNselfie. La he encontrado relacionada con diferentes campañas vinculadas a UNICEF, oenegés o acciones solidarias en general, como la de la Western Illinois University, aunque es posible que esta etiqueta también sea utilizada como marca personal que identifica a alguien con determinados valores. Otras variaciones en el uso de diferentes etiquetas que reflejan un posicionamiento determinado sobre el selfie serían, por ejemplo, #nomakeupselfie (selfie sin maquillaje) o #nomakeupselfieforcancer (selfie sin maquillaje por el cáncer), con una identificación más clara con la causa de la enfermedad. Todavía hemos de investigar para relacionar todas estas imágenes con las historias que expresan, y ver qué relación tienen para comprobar si, efectivamente, podemos hablar de una expresión de la persona del siglo XXI comprometida y cuyo uso de la tecnología no supone una mera contribución al narcisismo en la sociedad actual.

  

Esta consideración, por supuesto, no elimina ni sustituye una visión más individualista que podemos encontrar de un modo más claro en selfies de celebrities (sea o no producto de su propio marketing) y seguidores, pero esto será el tema de otro artículo. En cualquier caso, a lo que nos ayuda la investigación es a entender la realidad de forma compleja, a pesar de la rapidez con la que la tecnología y sus usos sociales cambian.

 

medios sociales;  cultura digital;  investigación; 
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