Número 64 (marzo de 2017)
Conectados y enganchados (al teléfono móvil inteligente)
Candela Ollé

¿Al entrar en un transporte público has mirado alguna vez a tu alrededor y has contado cuántos pasajeros están con los ojos clavados en la pantalla del teléfono móvil? O a la salida de una escuela, ¿te has fijado en cuántos padres reciben a sus hijos mientras utilizan el teléfono? Estamos constantemente conectados —solo nos supera Singapur en número de teléfonos inteligentes por habitante—, pero ¿podemos decir que también estamos enganchados? El programa #SalvadosConectados nos sirve para iniciar la reflexión. 

Encender la televisión y escuchar al filósofo Zygmunt Bauman preguntar cuál es el mejor regalo que puedes hacer a la gente que amas, me enganchó rápidamente al contenido del programa #SalvadosConectados. Por mala suerte, quedaban unos pocos minutos para que llegara al final, así que lo miré a posteriori y me pareció interesante dedicarle el artículo.
 
Y yo os pregunto: ¿Cuál creéis que es el mejor regalo? O para vosotros, ¿cuál sería el mejor regalo?
 
La respuesta inmediata de Bauman fue (el sacrificio del) tiempo. Aunque se manifestó como no usuario de los smartphones, solo por la experiencia y sabiduría acumulada, cada una de sus afirmaciones nos debería servir para reflexionar y hacer una pausa de ritmo y conexión a la red.
 
De forma resumida, el programa recogía desde un visionario Steve Jobs que en 2007 ya tenía claro que con un único aparato, el teléfono, tendríamos al alcance todo lo que necesitamos para estar conectados, pasando por el testimonio de una chica adolescente que no concibe vivir sin smartphone, siguiendo con un grupo de jóvenes que asisten a sesiones de terapia debido a la adicción que tienen.
 
A la terapia y a la adición me gustaría dedicarles algunas líneas más, ya que el profesional que conducía la sesión afirmaba que se considera adicción cuando la vida cotidiana está afectada, cuando se produce un cambio en los hábitos, como por ejemplo el malestar, el nerviosismo o el estrés y que siempre está promovida por problemas anteriores. Aunque es habitual que el perfil sea adolescente, también hay casos, evidentemente, de adultos —el mismo Jordi Évole admite su adicción en el programa a partir de los comentarios de los compañeros de equipo—. Como síntesis, el experto enfatiza que la clave es hacer un buen uso del teléfono.
 
Seguidamente entraban en escena los padres de los nativos digitales: niños y chicos que entre los diez y catorze años ya tienen el primer dispositivo en las manos. Sin embargo, la responsabilidad recae en los adultos y es necesario hacer pedagogía e informarles de los riesgos de la red. Personalmente considero que nos encontramos ante un fenómeno que aún se encuentra en fase de máximo crecimiento y no somos conscientes de hasta dónde puede llegar ni de las consecuencias que traerá a nivel de comportamiento, relaciones sociales y salud visual, por mencionar algún aspecto concreto. En este punto me parece interesante compartir con los lectores la nueva sección del Mobile World Congress 17 llamada Youth Mobile Festival que ha servido de espacio de muestra y aprendizaje para educadores y jóvenes sobre el ecosistema móvil y las tecnologías.
 
Retomando el programa, en el último bloque (minuto 47) entra en escena el agente más crítico y reflexivo con la entrevista a Zygmunt Bauman, interesante desde mi punto de vista como periodista, usuaria de teléfono móvil desde los dieciocho años y también como madre de un nativo digital que concibe todos los recuadros como pantallas táctiles (desde la televisión, pasando por un cuadro hasta la tableta).
 
Bauman hace declaraciones donde se nos define como "constantemente disponibles, sin vida privada" y que tenemos "miedo a la soledad, ya que somos seres solitarios en contacto constante" y, además, que hemos perdido lo que los sociólogos llaman "habilidades sociales" como el diálogo y, por tanto, tenemos que reaprender de nuevo. Los datos de los últimos estudios hablan de una media de 9,5 horas al día en contacto con las pantallas, y no con otra persona. El mismo Bauman nos alerta de llevar "demonios en los bolsillos". Además, insiste en que las tecnologías te dan oportunidades pero también pagas el precio por utilizarlas y, por lo tanto, conviene poner en una balanza de pérdidas y ganancias las diferentes finalidades y potencialidades de las redes sociales, entre otros.
 
Por último y no menos importante, añado un nuevo aspecto a la conexión y dependencia que podemos establecer con el teléfono inteligente. Como comunicadores es posible que el "demonio de bolsillo" se nos transforme en ángel, ya que las posibilidades de generar contenidos periodísticos con el teléfono es y podrá seguir siendo una fuente de ingresos para muchos periodistas —hablaré de ello en otro artículo—. Se trata del periodismo móvil o mobile journalism (MOJO) bien arraigado fuera de nuestras fronteras y que permite, con una inversión mínima, poder emitir contenidos de alta calidad.
 
cultura digital;  periodismo;  televisión; 
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