Número 64 (marzo de 2017)
Robótica, cine, comunicación… Creatividad
Jordi Sánchez-Navarro

A nadie se le escapa que el cine (entendido de la manera más amplia posible) sigue teniendo la máxima vigencia como vehículo de pensamiento. Por eso algunos festivales, en especial los de carácter más especializado, funcionan como auténticos foros de debate en los que emergen posibilidades de reflexionar a fondo sobre las fuerzas que modelan nuestro mundo presente o futuro.   

El Robotic Online Short Film Festival (ROS Film Festival) es un claro ejemplo de ello. Planteado como el primer festival online de cortometrajes con temática robótica, apuesta por un tipo de cine muy concreto como espacio de diálogo entre arte, ciencia y tecnología, y como plataforma de pensamiento sobre la configuración del mundo futuro. Tuve la suerte y el honor de que los responsables del festival me invitaran a formar parte del jurado y puede comprobar, gracias a su programación, que, más allá de la potencia icónica del robot como personaje cinematográfico —algo que ya sabíamos gracias a los clásicos que nos han entregado cineastas como Fritz Lang, Ridley Scott, James Cameron o Steven Spielberg—, en los últimos años se ha producido una gran incorporación de la temática robótica en el cine, en respuesta al desarrollo de un imaginario social en el que la relación entre personas y entidades robóticas se percibe cada vez más estrecha y potencialmente conflictiva en todos los sentidos posibles. 
 
Aunque el ROS Film Festival como tal se desarrolló en internet con vocación accesible, colaborativa y global, los premios de la primera edición se otorgaron en el marco de las Jornadas de Cine, Robótica y Comunicación, celebradas los días 9 y 10 de marzo en diferentes puntos de la ciudad de Elche. En las jornadas se dieron cita científicos e ingenieros, filósofos, artistas, diseñadores y profesionales del cine y la comunicación, dejando claro que las respuestas a preguntas como ¿de qué modos nos relacionaremos con los robots? ¿Llegarán a ser autoconscientes y emanciparse de los humanos? ¿Qué significará ser humano en un futuro altamente tecnológico? solo pueden llegar de la unión de diferentes campos de conocimiento y formas diversas del pensamiento.  
 
En esas jornadas tuve ocasión de moderar una mesa redonda sobre la manera en que el cine responde a las preguntas formuladas en el párrafo anterior. Los participantes en el debate fueron el ilustrador, realizador y diseñador conceptual para cine y televisión Carlos Salgado —integrante del estudio de postproducción y colectivo de creadores User T38—, la productora de cine Sandra Hermida —responsable de grandes éxitos del cine español como Un monstruo viene a verme (Juan Antonio Bayona, 2016)—, el filósofo Javier Ordóñez —catedrático de lógica y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, y autor de una amplia bibliografía sobre historia de la ciencia—,  y el ingeniero e inventor Raúl Rodríguez-Romeo, consultor y desarrollador tecnológico en la industria de los efectos especiales de cine —operador de motion control en películas como Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) y 300: El origen de un imperio (Noam Murro, 2014). 
 
Entre el público que intervino se contaban componentes del jurado del ROS Film Festival y ponentes de otras mesas redondas, como la periodista científica Lorena Sánchez —redactora jefe de la revista QUO—, la bióloga molecular y periodista Ángeles Gómez o la experta en robótica humanoide Concha Monje —investigadora del RoboticsLab de la Universidad Carlos III de Madrid y asesora científica de la película Autómata (Gabe Ibáñez, 2014).
 
Más allá de la discusión sobre robots y cine, la mesa me hizo pensar en la inteligencia humana y en la creatividad. En el debate, el profesor Javier Ordóñez explicó que uno de los eternos anhelos del ser humano ha sido “expandir su inteligencia más allá de su cuerpo”. Escuchar las diferentes maneras y sensibilidades de aproximación a un asunto —la especulación sobre robótica— que une de manera tan evidente ciencia, tecnología, diseño, comunicación y arte nos hizo ver que lo que estaba ocurriendo en la mesa era que los humanos expanden la inteligencia más allá de los compartimentos en los que habitualmente está confinada. 
 
Como Raúl Rodríguez-Romeo, que se sitúa en la justa intersección entre ingeniería y arte para resolver los desafíos que plantean directores de cine visionarios, los presentes en las jornadas transitaron cruces entre disciplinas y métodos, imaginando posibilidades de cruce cuando aparentemente no existían, para crear lo imposible. Quizá sea este el futuro de la creatividad y la innovación. Acercarse y abrazar —nótese que no he usado enfrentar— problemas complejos trazando las líneas imaginarias que sean necesarias va más allá de la clásica metáfora del thinking outside the box. No parece que sea suficiente con pensar fuera de la caja, sino que será necesario crear las cajas de las que nuestro pensamiento debe salir. La imaginación tiene un espléndido futuro por delante. Volveremos sobre ello en próximos números de COMeIN

 

cinema;  creatividad;  diseño;  eventos; 
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