Número 69 (septiembre de 2017)
Sutilezas
Ferran Lalueza

Hablar de sutilezas a dos días del cacareado choque de trenes del 1-0 puede parecer un contrasentido, pero lo haré. Primero, porque la mejor manera de resolver las propias contradicciones es abordándolas. Y segundo, porque esta metáfora ferroviaria nunca me ha parecido muy acertada para describir el escenario que ha marcado la agenda política catalana y española durante los últimos meses. 

El choque de trenes se me antoja una metáfora inadecuadamente centrípeta. Dos cuerpos que, desde distintas procedencias, se dirigen a velocidad creciente hacia el mismo punto haciendo inevitable la colisión.

 
En estos momentos, la situación política de Cataluña requeriría una metáfora más bien centrífuga. Algo así como la huida hacia delante de un tren que busca alejarse lo más posible del centro escapando de quien se esfuerza ferozmente en hacerlo descarrilar so pretexto de haberse saltado la señalización de unos cuantos pasos a nivel.
 
Sólo hay un aspecto en el que la metáfora del choque de trenes retrata con precisión extrema el conflicto Cataluña-España: la gestión del conflicto está evidenciando exactamente la misma sutileza que el choque frontal de dos trenes a toda velocidad. Es por ello que, en los últimos días, me ha sorprendido toparme con un par de ejemplos que muestran, contra todo pronóstico, que aún hay cierto espacio para las sutilezas.
 
El primer ejemplo de sutileza tuvo lugar en la sesión de control al Gobierno celebrada el pasado 20 de septiembre en el Congreso de los Diputados. Durante la misma, el diputado de ERC Gabriel Rufián, ostensible y comprensiblemente irritado por las detenciones y registros que se habían producido esa misma mañana en Barcelona, espetó a Mariano Rajoy las siguientes palabras: "Le pido y le exijo que saque sus sucias manos de las instituciones catalanas”.
 
 
De entrada, la intervención de Rufián podría parecernos poco o incluso nada sutil. Sin embargo, a los cinéfilos de cierta edad (los que preferimos la película original de Franklin J. Schaffner al decepcionante remake de Tim Burton), estas palabras nos evocaron irremediablemente una secuencia cumbre del film El planeta de los simios (1968). En ella, el protagonista interpretado por Charlton Heston es capturado por la “policía de seguridad”, que pretende ponerlo bajo la custodia de un ministerio. Justo en ese momento, el personaje de Heston recupera la voz temporalmente acallada por una lesión de garganta y grita así al responsable de su detención: “Quita tus sucias patas de encima, mono asqueroso”.
 
 
Por supuesto, no existe ninguna evidencia de que Rufián quisiera parafrasear el diálogo del film sesentero al dirigirse a Rajoy. Sin embargo, esa es precisamente la gracia de las sutilezas: que no son evidentes.
 
El segundo ejemplo de sutileza me lo brindó esta misma semana el número #473 (28 de septiembre al 4 de octubre de 2017) de la edición barcelonesa del semanario de ocio y cultura Time Out. Ya leyendo el reportaje de portada, dedicado al mundo del tatuaje, me hizo gracia el titular “Llibertat d’expressió” (“Libertad de expresión”) porque, en el momento que estamos viviendo, puede tener una segunda lectura curiosa. Lo atribuí, eso sí, a una mera coincidencia.
 
Seguí hojeando el semanario y también me pareció curioso el titular de la entrevista: “Dos són multitud” (“Dos son multitud”). Pasé a la sección Cosas que hacer y su titular principal me puso difícil seguir pensando que todo era casual: “Les ganes de canviar les coses” (“Las ganas de cambiar las cosas”). En la misma sección de Cosas que hacer, la propuesta para el sábado (víspera del referéndum) confirmó todas mis sospechas: “On anar si necessites reflexionar” (“Dónde ir si necesitas reflexionar”). “Aprendre a volar sol” (“Aprende a volar solo”) era el titular de la sección Música y noche, “Camins alternatius” (“Caminos alternativos”) era el titular de la sección Arte y “Dret a decidir” (“Derecho a decidir”, en este caso, los ingredientes del plato) era el titular de la sección Comida.
 
A pesar de tal cúmulo de eventuales casualidades, también llegué a pensar que tal vez era yo quien estaba obsesionado con la cuestión catalana y veía alusiones al referéndum por todas partes. La última evidencia, sin embargo, despejó cualquier atisbo de duda. En la sección Beber, el cóctel de la semana era el cubalibre. Y por si acaso esta última alusión resultaba excesivamente sutil, el texto recordaba que se trata del cubata que “celebra la liberación de Cuba de España”.
 
Leyendo aquella revista tan repleta de guiños, me vino a la mente un viejo axioma que reza más o menos así: la influencia de los medios de comunicación no determina lo que opinamos, pero a menudo sí determina sobre qué opinamos.
 
Y a medida que nos hemos ido acercando al 1 de octubre, lo que también me ha venido a la mente es la sentencia que pronunció el entonces primer ministro italiano Giulio Andreotti valorando los albores de la Transición española: "Manca finezza". Si el malogrado político (y periodista) italiano pudiera contemplar la situación actual, tal vez incluso a él le costaría pronunciar un dictamen tan sutil como aquel.

 

comunicación de crisis;  comunicación política;  cinema; 
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