Número 79 (julio de 2018)
Instagram más allá del 'selfie': tendencias en la investigación en las redes sociales
Gemma San Cornelio

A principios del pasado mes de junio asistí al congreso Instagram Conference 2018: Studying Instagram Beyond Selfies, en la universidad de Middlessex, en Londres. Este evento constituyó una ocasión privilegiada para reunir investigadores de diferentes lugares que desarrollan su investigación en esta plataforma. Asimismo, permitió la identificación de algunas tendencias en la investigación académica en las redes sociales, que resumiré en este artículo.

En el ámbito de la investigación académica, las redes sociales se han ido definiendo poco a poco y especializando en unos temas concretos y a partir de unas perspectivas teórico-metodológicas específicas. Si bien se estudia Twitter de forma mayoritaria en relación con la participación en el campo de la política —y otros temas de la agenda social— mediante el análisis de redes sociales (social network analysis), Instagram se ha estudiado principalmente relacionado con cuestiones de identidad, ocupando el selfie un gran protagonismo (de ahí el título de la conferencia), tanto desde una vertiente cuantitativa como cualitativa. Facebook, por su parte, ha centrado la atención por el uso que hacen los jóvenes y niños, aunque, como sabemos desde hace un tiempo a esta parte, su reputación e interés van en descenso por la polémica cesión de datos personales a terceros.
 
No hay ninguna duda, pues, que las empresas propietarias de las plataformas tienen un papel muy claro en cuanto a la apertura y uso de los datos. Este hecho implicaría, por una parte, que la red más estudiada, sea, sin duda, Twitter. Esto tiene relación con varios factores: en primer lugar, es una de las redes más antiguas, pero sobre todo tiene que ver con la accesibilidad de las herramientas que permiten la extracción de datos a partir de su API (application programming interface). Existen varias herramientas, especialmente las de código abierto, que permiten a los académicos de una manera bastante fácil e intuitiva recoger contenidos publicados en esta red. Por otra parte, y en el otro extremo, esto también explicaría porque Instagram es la menos estudiada desde este punto de vista: no hay muchas aplicaciones de extracción desarrolladas sobre su API y las que hay sufren problemas de cortes y acceso a la aplicación constantes. Y en un futuro próximo este acceso será aún más restrictivo. Este fue uno de los puntos clave y una de las problemáticas señaladas en el congreso.
 
Para dar un poco de contexto con nuestra propia experiencia, cuando empezamos efectivamente el proyecto Selfiestories (a principios de 2015), después de un benchmarking concluimos que la plataforma que retornaba contenidos más auténticos sobre selfies era Instagram. Además, no había prácticamente herramientas desarrolladas para la extracción, con lo cual, desarrollar una herramienta propia suponía un resultado importante del proyecto, que podía haber sido útil para futuros investigadores, y así lo hicimos. Poco tiempo después, en 2016, Instagram fue adquirido por Facebook e introdujo una política restrictiva de acceso a los datos, reduciendo el acceso a los mismos a entidades —empresas privadas— que se acreditaban como tales en su web, y excluyendo, así, la investigación académica de este supuesto. Nuestro extractor ya se había desarrollado sobre la API de 2015 —con menos restricciones de acceso a los diferentes metadatos—, pero a pesar de ello, los cambios constantes por parte de la empresa en los parámetros en la API requería de un mantenimiento constante de este programa, que al mínimo cambio, dejaba de funcionar y es por este motivo que finalmente está fuera de servicio.
 
Recientemente, Instagram anunció una restricción prácticamente total a los datos de su aplicación, de manera que las extracciones dejarán de ser posibles a finales de 2018, a menos que la investigación se haga en consorcio con una empresa autorizada que consiga y trate los datos (Instagram justifica esta restricción para proteger a los usuarios, pero en cambio las empresas pueden hacer uso). Esto plantea un problema metodológico, ya que no se podrá trabajar con grandes volúmenes de datos de forma automatizada (al menos en el almacenamiento), y por tanto las perspectivas más cuantitativas quedarán bastante limitadas.
 
Esta dificultad técnica, no obstante, conlleva un segundo problema de tipo ético que estuvo presente en varios paneles del congreso. Es decir, no solo supone un problema efectivo la imposibilidad de extraer datos, sino que también muchos investigadores se han dado cuenta de que tal vez esta práctica que se había realizado hace unos años en algunos proyectos pioneros no había tenido en cuenta el consentimiento de los usuarios de los que luego se habían utilizado datos de tipo textual, visual, etc. Este tema es muy sensible y polémico, ya que si bien todas las publicaciones en la red son públicas y por tanto desde un punto de vista legal no se han vulnerado derechos, hay que tener en cuenta que cuando una persona publica contenidos en internet, aunque sean públicos, los sitúa en un contexto determinado (Marwik y Boyd, 2011) y se puede perjudicar a una persona moviendo dicho contenido a otro contexto, bien sea una publicación académica o una web (Selfiecity). Dicho de otro modo, si en la investigación de tipo cualitativo siempre pedimos un consentimiento informado a los participantes, ¿por qué no se debería hacer en la investigación cuantitativa? La respuesta es rápida: si trabajamos con una perspectiva big data, esto sería inviable en la práctica, son demasiados usuarios, demasiados datos. ¿Esto nos limita a una perspectiva únicamente cualitativa? Quizá no. Tenemos que encontrar las formas de trabajar con los datos de forma efectiva y también ética. Debemos innovar metodológicamente en todas las fases de la investigación. Este es el mensaje más interesante que me llevo de las cuestiones que están en el centro del debate actualmente.
 
Finalmente, y en cuanto a la diversificación temática, también se apuntó, como ya venimos también comentando en artículos anteriores, que el interés por el selfie ya está superado y que otros temas en relación a la producción visual están apareciendo y se están  articulando tanto desde una perspectiva más social, como desde una perspectiva más corporativa en el caso, por ejemplo, de las diferentes formas de branding en la plataforma. En definitiva, los temas no deberían estar restringidos o centrados en una plataforma concreta, pero al final, su uso y crecimiento —en el caso de Instagram está en una fase expansiva— hacen que no dejemos de fijarnos en los diferentes fenómenos culturales, sociales y comunicativos que tienen lugar en ellas.
 
Para saber más:
 
 
 
Marwick, A. E.; Boyd, D. (2011). "I tweet honestly, I tweet passionately: Twitter users, context collapse, and the imagined audience". New Media & Society, num. 13, p.114–133. 
 
medios sociales;  investigación;  eventos;  big data cultura digital; 
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