Número 70 (octubre de 2017)
Cuentos que cuentan en momentos de descuento
Eduard Farran Teixidó

El Procés y la casi independencia de Catalunya han llevado a una eclosión de memes en las redes y a un considerable uso del humor satírico o absurdo en la mayoría de ellos. ¿Qué hace que una situación de alta tensión social y política empuje de manera desmesurada este tipo de mensajes?

En los últimos dos meses ha habido en las redes sociales un aumento considerable de memes sobre el conocido Procés y la casi independencia de Catalunya. Las bien conocidas unidades teóricas de información cultural que se comportan como genes y que fueron bautizadas por Richard Dawkins han llenado el espacio virtual de las redes sociales de los usuarios de nuestro país con una omnipresencia difícil de evitar. Sobre todo, aquellas redes denominadas de mensajería instantánea como Twitter o WhatsApp. 
 
¿Qué hace que de repente se produzca una explosión en serie de memes altamente viralizados?
¿Qué hace que estos memes sean altamente humorísticos?
 
Para responder a estas preguntas podríamos utilizar diferentes disciplinas empezando por la psicología de masas, pero desde el ámbito de la comunicación creo que estamos siendo testigos de una tormenta perfecta entre narrativa transmedia, viralidad y storytelling en el sentido más clásico.
 
Empecemos por el storytelling. Contar historias es una de las maneras más eficaces de comunicación entre seres humanos. Las historias unen individuos, cohesionan culturas y ayudan a memorizar datos y facilitan su expansión. Pero, como destaca Núñez, las historias deben tener ciertos ingredientes específicos para tener éxito, perdurar en el tiempo y que se quieran transmitir en un constante e inacabable boca a boca.
 
Estas características, según Fog, Butz y Yakaboylu en Storytelling: Branding in practise, las encontramos en las estructuras de los cuentos de hadas y son tan eficaces que en los últimos años han sido adoptadas por la comunicación corporativa y la creación de marcas desde el uso de los relatos. El mensaje, el conflicto, los personajes y la trama determinan, de entrada, la potencia del relato y hay que señalar que todos estos ingredientes están presentes en el actual procés de independencia de Catalunya.
 
¿Pero es suficiente esto para producir una presencia tan destacablemente masiva de memes humorísticos en WhatsApp o Twitter, por señalar las dos vías más superpobladas por este tipo de mensajes? Si bien, realmente, tienen mucha culpa, no podemos dejar de echar un vistazo a la viralidad inherente en el proceso de transmisión de estas células de información que reaccionan o parecen reaccionar a los dictados que Gladwell definió en su clásico sobre viralidad (antes de existir la viralidad), The tipping point. Hay una idea simple y sencilla. Un hecho relevante con fuerte carga comunicativa. Un contexto con una presencia ineludible. Pero sobre todo una gran masa social (por ambas partes) donde los estornudadores, los agentes viralizadores de la información por su capacidad de convicción (sellers), conexiones (hubs) o por su reconocido dominio de la información (mavens) se cuentan por miles. No les falta ningún elemento para ser auténticas armas de información masiva dentro de lo que se conoce como el marketing viral, tal como destaca Sílvia Sivera.
 
Ahora bien, si un elemento acaba de redondear la avasalladora presencia de estos mensajes es la potencia que aporta la narrativa transmediada alimentada por la facilidad tecnológica de construir y diseminar mensajes digitales de forma rápida. Los memes son los protagonistas de un momento histórico donde la digitalización permite transportar y, sobre todo, crear contenidos de manera ingente. Vídeos, textos e imágenes generados, no desde las redes oficiales, sino desde la población en tanto que espectadora y sufridora de la situación (tal cual el papel del pueblo en las estructuras narrativas del cuento).
 
Hay una transversalidad entre medios analógicos y digitales donde crecen y se nos transmiten las noticias pero hay una transmedialidad manifiesta ya que las historias y los hechos que las estructuran pasan de un medio a otro, de un código a otro, se multiplican y dan pie a múltiples follow ups y spin offs en forma de píldoras de comunicación rápida y explosiva que se retroalimentan en progresión casi geométrica. Transmitida al más puro estilo Henry Jenkins y su idea de convergence culture.
 
¿Y el humor? El humor es el último ingrediente pero, como el picante en la comida, es uno de los más importantes. El humor es la consecuencia de la gravedad de la situación, como la risa nerviosa que nos puede surgir inesperadamente en un entierro. Es una catarsis. Un mecanismo que aligera las situaciones tensas. Una herramienta muy eficaz en la transmisión de relatos. Rápido, contagioso, agradable. Sobre todo, en relatos concentrados propios de la digitalización. Propios de la cultura pop 2.0 tal como saben las marcas que lo utilizan en publicidad, como destaca Sònia Valiente.
 
La invasión de memes de humor sobre el tema del Procés parece responder a la tormenta perfecta producida por la unión de todos aquellos elementos comunicativos que explican tantas y tantas cosas en el entorno actual donde se mueve la comunicación. Pero sobre todo es la prueba fehaciente de que ya no se puede hacer nada sin contar con el feedback del público. Así pues, ante esta crisis, sentémonos y relajémonos: The show must go on.
 
medios sociales;  viralidad;  cultura digital; 
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