Número 78 (junio de 2018)
'Eppur si muove' (y II): 5 cosas que también pasan en la comunicación científica y 5 visiones de futuro
Alexandre López-Borrull

En mi anterior artículo en esta misma revista describía diez cosas que estaban pasando en el ámbito de la gestión de la información científica que creía que eran relevantes y que nos situaban en una dimensión que parece un preludio para el cambio. Como esas tormentas que se anuncian con pequeños sonidos, pequeños olores y movimientos de los pájaros, parecería que algo está moviéndose, a veces bastante desapercibidamente, a veces de forma más que superficial. En este nuevo artículo, lo que haré será apuntar cinco cosas más que considero que pueden marcar tendencias, y apuntaré cinco conclusiones preliminares de cómo los diferentes actores y productos están evolucionando. 

1. Miles de investigadores en machine learning aprenden también de su fuerza como colectivo. Podemos considerar el aprendizaje automático o machine learning como una disciplina relativamente reciente. Pero aún así habrá que tener en cuenta que un buen número de científicos que trabajan en este campo han dado una lección de cómo empoderarse colectivamente y tener fuerza para marcar tendencias en su disciplina. Los hechos son que Springer Nature ha creado una nueva revista científica, Nature Machine Intelligence. Una nueva revista, y ya van más de cincuenta, que toma la marca Nature, de prestigio, para lanzar un nuevo producto. Se vio que con PLOS podía funcionar. Hasta aquí ningún problema. Lo cierto, sin embargo, es que esta nueva revista, siguiendo el modelo de negocio de open access por vía del pago por parte de los científicos ha generado malestar en el conjunto de investigadores de la disciplina. El principal motivo es el hecho de que estos científicos están ya acostumbrados a publicar en revistas y entornos donde no hay que hacer pago, y se ha considerado un hecho bastante destacable para que se haya hecho una declaración en contra de publicar, revisar (algo nada menor) o hacer de editor. Más de tres mil científicos la habrían firmado. Es una demostración de fuerza muy importante y abre puertas a nuevas iniciativas colectivas. Los medios sociales y la viralización son entornos muy potentes para conectar a personas que habitualmente están compitiendo por los mismos avances y financiaciones. A diferencia del boicot a Elsevier que se promovió en 2012, The Cost of Knowledge, que acogió bastantes científicos pero de forma interdisciplinar, en este caso nos encontramos con un colectivo dentro de una disciplina que acoge una crítica directa a un modelo, el acceso abierto dorado por vía de los article processing charges (APC). ¿Cuál será la siguiente disciplina que se una a ellos?

 

 
 
2. ¿La transparencia y la ciencia abierta tienen límites opuestos? Cinco grupos editoriales relevantes de revistas cuestionan una política de apertura universal de datos iniciada por la Environmental Protection Agency (EPA). En este caso, no estamos hablando de grandes editoriales refractarias al acceso abierto, sino de algunas de las más innovadoras. Los principales editores de PLOS, Cell, Nature, PNAS y Science han publicado una declaración conjunta en forma de carta a Science y Nature haciendo una llamada a la reflexión de la política propuesta por el comisionado de la EPA, Scott Pruitt. El párrafo en cuestión que hace repensar las políticas de datos abiertos de las que ya disponen estas revistas es: «The rule will ensure that the regulatory science Underlying Agency actions is fully transparent, and that Underlying cientific information is publicly available in a manner sufficient for independiente validation». Según las revistas, esta visión estricta y completa de la transparencia podría poner en contradicción la voluntad de las revistas de ser lo más abiertas posibe, porque determinados contenidos (artículos) podrán no poderse publicar debido a que no son plenamente transparentes, y esto podría ser perjudicial. Una paradoja entre openness y transparency. Como dice Philipp Earis, editor de una revista del grupo Cell, «no percibimos que la transparencia deba ser empleada como un principio binario rígido que pueda suprimir ciencia válida que no cumpla completamente [los requerimientos]». Como es obvio, se ha generado un debate, algunas de las opiniones quedan recogidas aquí y aquí.
 
3. Sigue el Mundial: Suecia contra Springer Nature, cuartos de final. En el anterior artículo comenté como Couperin, consorcio de centros universitarios francés, estaba reproduciendo el enfrentamiento que tuvieron las instituciones alemanas con Elsevier a la hora de negociar el acceso a las revistas científicas que gestionaban. El siempre bien informado Julio Alonso Arévalo nos informa que Suecia ha ido un paso más allá y ha suspendido los pagos a Elsevier a partir del 30 de junio (veremos como acaba la nueva partida de póquer), después de que esta editorial no haya aceptado las condiciones que las universidades suecas pedían a través del Bibsam Consortium: que todos los artículos que se enviaran desde Suecia y sus mil novecientas revistas fueran accesibles al público. Como se explica en esta crónica, la tensión presupuestaria que se generaría para llegar en 2026 al 100% de artículos en abierto (considerando sobre todo los APC) haría insostenible el sistema sueco de investigación.
 
4. CORE, una nueva herramienta como agregador de contenidos publicados en repositorios. La Open University y el Joint Information Systems Committee (JISC) han creado una nueva herramienta, CORE, que consiste en un agregador de contenidos en abierto depositados en repositorios, tanto de tipo institucional como temáticos. Desde mi punto de vista es una óptima herramienta para encontrar contenidos en abierto y no tener que estar pendientes de licencias. Puede ser muy valiosa para entornos con bajos presupuestos de suscripción a revistas científicas, así como para países que puedan decidir dejar de estar subscritos a determinados países. Tal como mencionan, CORE dispone de 131 millones de registros de metadatos de artículos, 93 millones de resúmenes, 11 millones de textos completos y validados y 78 millones de enlaces directos a trabajos alojados en otros servidores. Un nuevo actor, y ya van muchos creados últimamente para buscar contenidos, artículos. Este tipo de herramientas justifican la necesaria interoperabilidad de los repositorios para poder existir.
 
 
 
5. Microsoft compra Github. La semana pasada se confirmó que Microsoft tenía planes para adquirir la conocida plataforma Github, por unos 7.500 millones de dólares. Una vez hecho el anuncio y como explican en Genbeta, muchos usuarios y repositorios se plantearon (o dijeron que lo harían, que ya sabemos que no siempre es lo mismo) moverse a GitLab y criticar la adquisición. Personalmente, me quedo con dos afirmaciones. En primer lugar, el nuevo CEO de Github afirma que «la vieja Microsoft tenía miedo del open source». Paralelamente, el director de la Linux Foundation valora que es una buena noticia para el open source. Escuchar las dos opiniones me lleva a pensar en cómo han cambiado las cosas, y como en una trilogía larga, los que parecían los malos aún pueden convertirse en los buenos, tal vez todo es coyuntural. En los años noventa y principios del siglo XXI, Microsoft, por su éxito y su ingente posicionamiento (y enriquecimiento) era el malo de todas las películas. Entonces apareció Google y todos creímos que esto equivaldría a poder tener actores que pudieran compensar y equilibrar el sistema. Actualmente, sin embargo, el que parece el equipo a batir sería Google, con una posición casi monopolística (casi el 90% de las búsquedas a nivel mundial son hechas en su buscador). El péndulo se ha movido al otro lado. En este sentido, añado la opinión, siempre cuidada, de Lluís Codina que en un artículo valora Bing, el buscador de Microsoft, también para evitar el verdadero problema, el monocultivo informacional.
 
Viendo cómo se están reubicando los diferentes actores en comunicación científica, nos la jugamos y hacemos unas pequeñas visiones de cómo pueden cambiar en los próximos tiempos:
 
1. Las empresas productoras de contenidos científicos están diversificando sus productos para mantener presencia y cuotas de mercado. Las bases de datos de artículos científicos son mucho más sencillas de producir que antes y se están creando muchas, muy buenas, y además casi gratuitas. Hay que tener otros productos dentro del mismo ciclo de la investigación que puedan fidelizar y captar científicos, consorcios bibliotecarios y empresas. Para entender esta visión, os recomiendo ver los workflows que han hecho la gente de 101innovations para ver cómo las empresas están haciendo productos (muchos de ellos nuevos en cualquiera de los pasos del proceso de investigación). Por eso Microsoft adquiere Github, Clarivate compra Publons, y se generan nuevas herramientas. Google y su potencia dan mucho miedo, con razón, y hay que generar productos nuevos que marquen la diferencia. Aquí tenéis un fragmento de algunas de las principales empresas, hay muchas, así como los que generan actores como Wikimedia:
 
 
2. Las administraciones se empiezan a sentir suficientemente fuertes para poder tener presencia y políticas que generen cambios. Así como antiguamente la ciencia parecía una relación entre universidades y empresas, cada vez más las administraciones toman fuerza, no solo como proveedoras de servicios (a menudo consorciados). Así, comienzan a encontrar un tono propio y contundente para que sus políticas, sobre todo las de contenidos abiertos, puedan ser exitosas. Son conscientes de que haciendo únicamente políticas de apertura de contenidos, las editoriales se han reubicado, y la vía dorada sigue dando los mismos (o más) beneficios, convirtiéndose en una calle de en medio, un atajo según el cual las editoriales vuelven a caer de pie para seguir facturando, incluso a dos bandas en muchos casos. Habrá que ver si las instituciones, pues, son capaces de promover e incentivar nuevos modelos de negocio que puedan permitir el cumplimiento de las políticas en abierto a la vez que no hagan caer en quiebra los presupuestos, ya escasos, de las universidades y centros de investigación. Por eso las plataformas de publicación científica europeas y de otras entidades financiadoras están llamadas a ser no solo duplicaciones de repositorios, sino tal vez, esperamos, nuevos vehículos de comunicación, megarrevistas de lo financiado con dinero público, pero con la misma calidad de revisión y valoración por parte de los científicos.
 
3. Los autores (y revisores, también) son las verdaderas paredes maestras de la comunicación científica y comienzan a percibir la fuerza de la identidad como colectivo. De las firmas testimoniales de declaraciones por el acceso abierto a ser capaces de generar cambios. Las grandes plataformas como medios sociales, como Publons, ResearchGate y otros deberían poder utilizar, para encontrar un espacio colaborativo, un ámbito que editoriales y financiadores parecen querer que sea únicamente competitivo. Estamos viendo como un grupo de científicos puede hacer una llamada a no publicar en una revista que haría cam-biar el funcionamiento del ecosistema actual en machine learning. Hemos visto llamadas iniciales a ciertos boicots, múltiples ámbitos donde se habla de DORA, de la crisis del actual modelo de evaluación científica. ¿Sería posible un 15-M o un 1-O por parte de los científicos? ¿Es posible otro medio social en el que los autores cuelguen sus artículos aunque no tengan los derechos? Todos los usuarios de Sci-Hub son un caldo para poder generar nuevas dinámicas. El análisis está hecho y compartido, lo que se necesitan son dinamizadores. Los científicos están empezando a relacionarse de forma más abierta en medios sociales y vemos cómo algunas plataformas como Publons permiten ver el ingente trabajo oculto que hay detrás de las revisiones de los artículos. Vemos alternativas creadas por los científicos como The Radical Open Access Collective o el mismo ScholarlyHub que comentamos en el anterior artículo. Sin llegar a una agrupación sindical, el empoderamiento y la voluntad de reforma o ruptura con anteriores prácticas puede hacer dar un paso adelante a los investigadores, en la línea bottom-up, eso sí.
 
4. Cuantas más bases de datos y repositorios de artículos, menos visibilidad tiene y tendrá la revista y más tomará el artículo, también en cuanto a métricas. Cada nueva iniciativa que se va generando a nivel de bases de datos, repositorios o bien de plataformas digitales toma como medida de todas las cosas los artículos. Sin embargo, la revista como marca y como envoltorio sigue teniendo una fuerte presencia. El debate y las voces de expertos avisan que habría que pensar ya en el artículo como referente para la evaluación. No se trata solamente de las conocidas críticas a los malos usos para tomar decisiones del factor de impacto, sino que ahora, a diferencia de los años noventa y antes, somos capaces de seguir los rastros de los artículos de forma inmediata, ya sean las métricas tradicionales (las citas como única medida de la calidad) o bien las métricas alternativas (usos y consumo del artículo). Podríamos considerar, pues, que ya está el sistema científico suficientemente maduro para poder realizar el seguimiento de la trayectoria concreta de un investigador para evaluarlo en función del comportamiento del resto de artículos con los que compartió número o año de publicación. Por fin, un zoom más aumentado para poder decidir entonces si los análisis cuantitativos a nivel de artículo nos permiten hacer mejor una foto fija (ya no hablemos de hacerla dinámica) en un momento temporal de su trayectoria académica.
 
 
 
5. Datos abiertos, pero ni tantos datos ni tan abiertos. El proselitismo de la importancia de la compartición de los datos de investigación hace años que tiene lugar, y esto hace que quien más quien menos, haga un uso intensivo de los datos o no, conozca las políticas científicas de los estados y de los principales fi-nanciadores (como los Horizon 2020). Sin embargo, aún no se ha generalizado la difusión. De todas formas, la sensación es que es algo que no cambiará y los investigadores tendrán que adaptarse. En todo caso, tal vez, como en el caso del acceso abierto, habrá que revisar posibles indicadores o pretensiones teóricas del 100%, dado que hay muchísimas excepciones y que, como sucede con las elecciones, llegar al 100% tal vez es técnicamente imposible. Por otra parte, considerando las preguntas más habituales, pensamos que aún quedan muchas dudas sobre el cómo, el quién y el cuándo, y se habría avanzado bastante en el porqué y el qué. Los datos tomarán más relevancia, tanto por la posible moneti-zación asociada, la minería de datos de investigación como por la creación de herramientas para gestionar y digerir adecuadamente la gran cantidad de información que tendremos al alcance. Los datos serán big y open o open y big, como queramos.
 
comunicación científica;  investigación;  medios sociales;  gestión del conocimiento; 
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