Número 64 (marzo de 2017)
'Transformación digital': ¿confirmación de un fracaso?
Montserrat Garcia Alsina

En la década de los noventa del siglo pasado, las entonces denominadas nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) ya estaban revolucionando la sociedad, la economía, y nuestra vida. Entrábamos en la sociedad y la economía del conocimiento, donde la gestión de datos y de información llevaba a generar conocimiento, materia prima de la nueva era, y al desarrollo económico. Los fundamentos de la sociedad y la economía industrial quedaban atrás gracias a las NTIC, que abrían una nueva era económica y social. La Unión Europea, en la Agenda de Lisboa del 2000, ya apuntaba que gracias al conocimiento Europa se convertiría en la economía más avanzada del mundo. Ahora, siglo XXI, década de los años diez: ¿no oímos la misma canción bajo el título de transformación digital

Los indicadores de esa nueva era postindustrial eran: ordenadores y conexiones a internet por empresa, por hogar y por centros escolares, entre otros. Es decir, se hacía hincapié en la tecnología. Gracias a internet, la sociedad y las empresas trabajaban en red, y la sociedad estaba conectada en red. Datos, información y conocimiento, y tecnologías comportaban ventaja competitiva. 
 
Aun así, en el transcurso de los años, y vista la experiencia, se empezó a indicar que las tecnologías por sí solas poco podían hacer, y que era preciso contar con otros ingredientes para desarrollar la sociedad y la economía del conocimiento. Recordamos dos ejemplos de estos ingredientes. En primer lugar, desarrollar competencias informacionales con las cuales los trabajadores y los ciudadanos de la nueva era tenían que saber emplear las NTIC para buscar e identificar fuentes de información fiables con las que combatir informaciones engañosas, gestionar los datos y la información en términos de calidad de dicha información. En segundo lugar, desarrollar sistemas de información que garantizaran la recuperación de la información y de los datos fiables, pertinentes y relevantes. 
 
En este marco, se impulsaba una titulación universitaria para formar a los profesionales que se encargarían de la gestión de la información y la documentación. Estos profesionales tenían, entre otras responsabilidades, la de indexar información mediante lenguajes controlados o lenguajes documentales para asegurar la relevancia y la pertenencia de la información recuperada. También tenían que diseñar arquitecturas de información para estructurar la información en intranets y sedes web, y garantizar la usabilidad de sus páginas. Y, además, tenían que formar a los usuarios en competencias informacionales para evitar el analfabetismo informacional
 
Estas responsabilidades eran las nuevas que se añadían a las desarrolladas por perfiles profesionales ya existentes, porque de hecho, organizar, indexar, catalogar información y documentos son tareas que se han hecho desde que la humanidad ha registrado sus actividades, es decir, desde que ha generado documentos que contienen información y los ha guardado. Los términos para nombrar la profesión han sido diversos, siendo los más conocidos los de bibliotecario y archivero. La nueva titulación en España para formar en estas nuevas responsabilidades fue la entonces licenciatura en Documentación, ahora Grado de Información y Documentación, evolución de la Diplomatura en Biblioteconomía y Documentación.
 
Casi treinta años después, muchas cosas han cambiado. Desde hace años las empresas emplean diferentes aplicaciones informáticas para gestionar información. Estas aplicaciones almacenan datos, información y documentos para conocer el funcionamiento de la empresa y poder generar información y conocimiento en la que fundamentar la toma de decisiones. Además, estamos conectados en red mediante canales de comunicación instantáneos (WhatsApp, Messenger, Skype...) y terminales (teléfonos móviles, tabletas...). Las empresas gestionan o podrían gestionar grandes volúmenes de datos muy variados y a gran velocidad (fenómeno del big data). 
 
Diríamos que ya estamos en la sociedad y la economía del conocimiento de pleno. Aun así, hay aspectos que nos hacen dudar. En primer lugar, una crisis económica que la gestión de la información y el conocimiento no anunció ni ha atenuado. En segundo lugar, la constatación de que todavía hay muchas empresas que se tienen que digitalizar, es decir, que tienen que gestionar la información para crear conocimiento. Y, además, todavía hay muchas empresas que tienen que gestionar su conocimiento para crear valor y ventaja competitiva. En tercer lugar, la dificultad para encontrar información en algunas páginas web, como por ejemplo los portales de la transparencia. En cuarto lugar, la poca demanda de profesionales de la información por parte del mercado laboral que ha comportado el descenso de estudiantes del Grado de Información y Documentación.
 
La duda se empieza a tornar certeza cuando nos damos cuenta del uso intensivo del término transformación digital como un fenómeno nuevo que deben vivir las empresas y la sociedad para aprovechar los grandes volúmenes de datos. En realidad, volvemos a estar otra vez en el punto de inicio. ¿Qué es la transformación digital? ¿No es esto algo parecido a lo que se decía en los años noventa? Y podemos pensar: ¿qué ha fallado?
 
Y ya no es solo que estemos en el punto de partida, sino que hay más indicios de un fracaso. ¿Puede ser la ausencia de competencias informacionales el origen del éxito de la postverdad? ¿Puede ser la baja empleabilidad por parte de las empresas de profesionales de la información, de licenciados en documentación, de graduados en información y documentación que saben cómo y para qué gestionar la información, la causa de que todavía estemos hablando de la necesidad de saber explotar las TIC y la información para crear valor? ¿Es el cierre del grado de Información y Documentación en las universidades una señal del fracaso de la sociedad y la economía del conocimiento? Sea como fuere, en las empresas nos hacen falta aún competencias para identificar fuentes de información fiables y para saber gestionar información, analizarla y extraer valor, para generar ventaja competitiva y desarrollo económico.
 
Aun así, podemos ser optimistas. Los errores son base de aprendizaje en las culturas anglosajonas. Miremos este fracaso en positivo y recojamos el aprendizaje. Puede ser que la transformación digital esta vez funcione y lleve a que las empresas empleen a graduados en información y documentación, y de rebote las aulas del grado de Información y Documentación se vuelvan a llenar.

 

gestión de la información;  documentación;  gestión del conocimiento; 
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