Número 90 (julio de 2019)
Fake news y elecciones europeas, dejamos de mirar el dedo?
Alexandre López-Borrull

Hemos hablado anteriormente en esta misma revista sobre fake news y política. Cerramos el curso académico reflexionando en torno a la relativa poca presencia mediática de las fake news en el último ciclo electoral que ha habido en España, en especial en torno al 26M, dado que el 28A, elecciones al Congreso y Senado, había tenido su propia dinámica. Así, en un mismo día, municipales, europeas e incluso en algunas autonomías sus propias elecciones. Todo ello en un contexto, el europeo, muy preocupado por mantener un cierto orden en medio de los sacsejos geopolíticos entre los Estados Unidos y China (una nueva guerra fría tecnológica, tal como prevén los expertos), y además salpimentado con el Brexit y la creación de un nuevo eje europeo con guiños hacia el oriente ruso.

Sí, como profesionales de la información y la comunicación nos preocupa el fenómeno de la desinformación y la facilidad como los contenidos falsos campan como quieren en las redes sociales, generados a menudo por aquellos que saben que algo es falso pero viralizar repetidamente por muchos ciudadanos ingenuos a quien la emocionalidad donde el conduce el contenido lo lleva a dar al botón de reenviar sin cubrir las mínimas preguntas sobre la fuente, el contenido o los objetivos de una determinada noticia, a veces de medios que no han oído nombrar.
 
Pero como apuntamos también en el curso de verano que tuvo lugar en Xàbia organizado por los Estudios de Ciencias de la Información y la Comunicación de la UOC y la Cátedra de Transparencia y Gestión de Datos de la UPV, a menudo lo más importante para gestionar las fake news es añadir el contexto que nos ayuda a entender ya saber enfrentarnos a ellos mejor. Un contexto, como veremos, que también debe darnos información para valorar la relevancia o no de los efectos producidos por la desinformación en línea.
 
Así pues, ¿tenemos los resultados electorales esperables en Europa o ha habido fake news?
 
Somos conscientes de la disyuntiva que plantea la pregunta, dado que se podría decir, y lo iremos constatando a lo largo del artículo, que las fake news aparecen repentinamente como respuesta instintiva cuando nos cuesta interpretar los resultados electorales, cuando ha habido un aumento de los extremismos en general, o bien cuando se ha generado un relato alternativo al del statu quo. Es lo que ocurrió con la victoria de Trump, el Brexit y en Brasil con en Bolsonaro. A veces, pensamos que nos encontramos ante una nueva versión de eurocentrismo 2.0. Cuando desde Europa menos sabemos interpretar adecuadamente los resultados, por inexplicables o por distancia ideológica con el resultado, más hablamos de fake news.
 
Tengamos en cuenta, en primer lugar, los resultados de las elecciones europeas en el Reino Unido. Así como en el resultado del referéndum sobre el Brexit se habló mucho fake news y de campañas con argumentos falsos, en estas últimas elecciones esto no ha sucedido. Sin embargo, el partido del Brexit de Nigel Farage ha logrado unos resultados excepcionales, 29 de los 73 eurodiputados en juego. Tan excepcional como el bajo resultado de la suma de laboristas y conservadores, que han pasado a tener menos del 23%, cuando en anterior contiendas habían sobrepasado el 80% de los votos británicos. En este caso, las causas aducidas por los expertos pasarían más por las crisis internas de los dos grandes partidos, en un caso por la lucha por el liderazgo y una propuesta de Brexit duro (los conservadores), y en otro caso por la división interna en torno de la propia marcha de la unión europea.
 
En el caso francés, sigue teniendo lugar una dinámica preocupante hace años, Rassemblement National, el antiguo Frente Nacional, sigue siendo el partido con más diputados, aunque nunca alcanza las victorias definitivas en sistemas a segunda vuelta. Y lo mismo podemos decir respecto a los resultados en Italia y en Hungría, con una Liga Norte que sube hasta el 35% de los votos emitidos. En este caso, se vislumbran los nuevos roles de un eje europeo con una mayor pivotación hacia Rusia y menos atlántica. Dejamos para otro debate de relatos alternativos podrían considerarse desinformación, tal como sustenta la Unión Europea respecto a la influencia rusa.
 
A la vez, en Estados Unidos, la victoria de Trump también fue inesperada. De forma acertada, autores como McNair señalan que todo es un caldo complejo, con diferentes dosis de populismo, crisis económica y de valores, pérdida de confianza en las democracias liberales y con los medios de comunicación (del primero al cuarto poder), aumento los extremismos y la desinformación salpimentando todo junto.
 
Pero ha habido o no fake news?
 
Pues sí, evidentemente. Empezamos a entender que mensajes y contenidos de desinformación ha habido y seguirán habiendo, por mucho que las grandes tecnológicas como Twitter, Google y Facebook hayan mejorado sus mecanismos de reacción ante los contenidos falsos. Ciertamente, al firmar el Código de buenas prácticas ante la desinformación, las tres tecnológicas muestran su compromiso a la vez que obtiene garantías de puerto seguro por parte de la Comisión Europea. Así, todos los actores implicados de una forma u otra en la creación, gestión o viralización de contenidos falsos han activado acciones relacionados con las elecciones europeas, validando la importancia que se le daba desde el momento en el que se señala que la desinformación pone en riesgo las democracias occidentales y los medios de comunicación como contrapoderes efectivos de los diversos poderes. Por ejemplo, en el caso de Google, específicamente para las elecciones y como respuesta a las recomendaciones de las autoridades europeas ha combinado la mejora de los algoritmos del buscador con una combinación de cuidado y selección de contenidos a través de Youtube, junto con mejora los mecanismos de denuncia de contenidos.
 
A nivel europeo y pensando en las elecciones europeas, cabe destacar el papel que ha tenido FactCheckEU, 19 medios asociados para tratar temáticas transversales a toda la Unión Europea. Omnipresentes, la colaborativa Maldita.es y el start-up Newtral han sido los representantes del estado español. Tal como señala uno de sus miembros Jules Darmanin, en la última semana previa a las elecciones Europee, no hubo demasiada actividad. Como hipótesis, él plantea que en este tipo de elecciones no se produce tanta polarización (que favorece la viralidad emocional perfecto para las fake news), no se producen tantos ataques personales ni intentos de desacreditación, la compartimentación en estados para campañas masivas por los recursos que se necesitarían, y no despiertan tanta pasión como otras elecciones. Sin embargo, tal como señalan desde Maldita.es, inmigración y refugiados han sido los temas estrella en desinformación, la clave de bóveda de la propia existencia de la idea de Europa y uno de los temas que más permite a opciones extremistas tener presencia y marcar la agenda pública.
 
Uno de los pocos estudios que hemos visto publicados sobre la cuestión llevado a cabo en Twitter por el Oxford Internet Institute cuantifica en un 4% el porcentaje de contenidos basura (junk news) que circularon. Ahora bien, personalmente y viendo los resultados en diferentes países y lo que implican de pérdida de cohesión y consenso europeos, no haría mensajes tan optimistas como han llegado a hacer algunos medios diciendo que las elecciones se habían librado de las fake news.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 Más allá de la desinformación, el trabajo bien hecho y la política como puente entre personas
 
Como principal conclusión, un mensaje en relación a la desinformación. Las fake news son un fenómeno resurgido en torno a los medios sociales que nos ha hecho cuestionar de nuevo sobre el origen y las fuentes de todos aquellos contenidos que consumimos. En un contexto de sobreabundancia de información, ha sido necesario renovar las herramientas y competencias de filtro para eliminar lo redundante, lo falso y lo que nos infoxicado más de lo necesario. Quizás dentro de 10 años ya no hablaremos tanto. Será porque habremos aprendido a ver las motivaciones de quienes quieren señalar el diferente, ya sea el inmigrante, la minoría o aquel al que no entiende. O será que las personas habrán aprendido también a gestionar los contenidos que le llegan por fuentes cercanas, porque los medios habrán aprendido a equilibrar rapidez y trabajo bien hecho. O será finalmente también porque en épocas de burbujas y cajas de resonancia que nos alejan, habremos entendido que el conocimiento, los medios y la política nos deben servir para acercarnos a los demás y hacer más fuerte la cohesión y la sociedad . Con estos deseos, nos vamos de vacaciones. No es fake
 
 
Cita recomendada: LÓPEZ-BORRULL, Alexandre. Fake news y elecciones europeas, dejamos de mirar el dedo? COMeIN [en línea], julio 2019, no. 90. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n90.1955.
 
gestión de la información;  medios sociales;  periodismo; 
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