articlesNúmero 111 (junio de 2021)

Mundo 'hacker' y diseño: el 'hacker' como sujeto político

Efraín Foglia
Un hacker es una figura nacida con la irrupción de la cibernética, las tecnologías digitales e internet. Esta es la imagen popular que se ha naturalizado en los medios de comunicación. No obstante, si definimos lo que es un o una hacker, podremos encontrar referencias en la historia de la humanidad que encajen en este concepto, aunque no se les denomine de esa forma. De hecho, hablamos de una actitud política ante la vida.
Hacker es aquella persona que tiene capacidades y habilidades por encima de la media de la población, una persona experta en sistemas informáticos y que es capaz de entender, analizar y mejorar el sistema que está usando. El término hacker nace en la segunda mitad del siglo XX, y su origen está ligado con los clubs y laboratorios del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts).
 
Hablamos de un término que ha ido ganando fama y publicidad en la sociedad. De hecho, esta publicidad o imagen no siempre ha sido buena, y podemos encontrar medios de comunicación, incluso instituciones oficiales, que se refieren a un hacker como una persona peligrosa o, cuanto menos, sospechosa de cometer delitos. De ahí se deriva la idea de hacker malo y hacker bueno.
 
Precisamente esta división nace en el momento en que la gran industria de la informática comienza a tomar relevancia en todas las capas de la sociedad, y el control de los sistemas informáticos pasan a manos de grandes corporaciones. Hoy en día podríamos contar con los dedos las empresas que son dueñas de los sistemas operativos que tenemos en nuestros ordenadores. No siempre fue así y los hackers nacieron con la convicción de que la tecnología debería servir para la libre circulación del conocimiento y la mejora social apoyada por el uso de internet. Mercè Molist (2012), periodista investigadora del movimiento hacker, lo expresa así:
 
«Ellos crearon la red. Crearon los primeros ordenadores, los primeros programas que dieron vida a los ordenadores, las redes y protocolos que los pusieron en contacto. Internet es hija de la comunidad hacker y la forma como está montada, como funciona, transmite su forma de ser. Por eso quien entra, cambia. Mucho o poco, pero cambian sus conexiones neuronales y sociales, se activan ideas y un sentido de la moral que quizás ya tenía, pero estaba durmiendo, sin espacio donde expresarse.
 
Es por eso que el sistema, ese gigante con pies de barro, ahora hasta el cuello, criminaliza a la comunidad hacker. Sabe que su forma de pensar es su perdición porque es parte del nuevo mundo que vemos eclosionar a nuestro alrededor. Los Indignados no existirían sin Internet. Todos los cambios sociales que estamos viviendo pasan por la red. Ellos, los hackers, la construyeron. Y la gente no hace más que ser digna de este legado.
 
La comunidad hacker tiene una ética comúnmente aceptada que dice cosas como las siguientes: “El acceso a los ordenadores y a todo lo que te pueda enseñar alguna cosa sobre cómo funciona el mundo debe ser ilimitado y total”. “Toda la información debería ser libre”. “No creas a la autoridad, promueve la descentralización”. ¿Qué, te gustan? ¡A ver si tú también te has enamorad@ de los hackers!».
 
Es normal que una figura que es capaz de modificar los sistemas informáticos redirigiendo su objetivo hacia el beneficio de otras personas no guste a las empresas que diseñan un sistema de una forma concreta. Igualmente, la figura del hacker es ideal para generar sospechas de cualquier delito, es la coartada perfecta para culpar al vacío, al anonimato, de un crimen informático. Sin lugar a dudas, han existido hackers malos y cada Estado, Gobierno o policía tiene los suyos en plantilla para obtener fines concretos.
 
De hecho, los hackers contratados por el Estado para sus agencias de inteligencia se suelen denominar «analistas de datos» o «especialistas en inteligencia informática», como el caso de Edward Snowden, que era así denominado durante el periodo que trabajaba para el gobierno de los Estados Unidos.
 
Más allá de dicho desarrollo histórico, queremos profundizar en la figura del hacker que usa sus habilidades y actitud a la mejora de los sistemas existentes. Nos interesa la figura que favorece la creación de sistemas complejos que buscan un beneficio en común. Nos interesa observar a aquellas personas especialistas que, desde el inicio y de forma intelectual, usan sus saberes para mirar el mundo desde otra perspectiva y ayudar así a cambiar los protocolos establecidos en la sociedad actual. Estamos hablando del hacker como un sujeto político, alguien que se implica en el análisis y mejora de los sistemas informáticos y de cualquier otra naturaleza para el bien común.
 
La sociedad, en términos generales, ya practica la actitud hacker a lo largo de su vida. Esto es debido a que el mundo no necesariamente está pensado para todos los usos y todas las personas. Dicho de otra forma, el mundo no está bien diseñado para todo el mundo, o bien, está diseñado para un perfil muy concreto de usuarios. Podemos poner el ejemplo del diseño del urbanismo, que mayoritariamente deja excluidas a muchas personas con diversidad funcional. Si una silla de ruedas no puede subir los 90º de una acera, porque los urbanistas no tomaron esto en cuenta, la persona afectada o sus seres queridos deben buscar la forma de hackear el sistema establecido, en este caso con una sensación de injusticia social. Hay diversas soluciones materiales para esta situación, pero dejémoslo como un ejemplo entre millones de diseños inconclusos que la mentalidad hacker debe resolver de forma autónoma.
 
Nos interesa especialmente la figura del hacker, pues consideramos que su visión es necesaria para completar el diseño de las ciudades, objetos y sistemas. Dicha mentalidad hacker no tiene miedo a modificar lo establecido y, en el fondo, su falta de respeto a las normas o a las cajas de conocimiento cerradas es altamente valorada en los procesos de investigación e innovación contemporáneos. La actitud hacker está más cercana a una persona que crea sus propias herramientas que a una que suele usar solo las existentes.
 
Hablamos de una figura política que crea o modifica pensando más allá del bien personal. El hacker trabaja desde el inicio con el análisis de lo que ya está diseñado, lo mejora y comparte la experiencia con otras personas desde una perspectiva de transparencia del conocimiento.
 
Para el especialista italiano en diseño de la sostenibilidad Ezio Manzini, debemos poner el foco en las redes de investigación para el diseño, que coinciden en conceptos similares de la ética hacker:
 
«Estas redes son el resultado de una transformación tanto social como técnica que está en marcha. Para reconocerlo, debemos tener en cuenta el escenario emergente en el que los modelos de software libre y entre particulares (peer to peer) hacen posible la existencia de nuevos marcos organizativos». (Manzini, 2015, pág. 94)
 
Cuando se habla de «hackear el sistema», podemos encontrar ejemplos en áreas muy diversas y alejadas de la tecnología; podemos definir algunas de las claves de esta forma de cultura:
 
  • preferencia por crear herramientas propias,
  • actitud transformadora de las herramientas existentes,
  • imaginación para crear otras realidades a las establecidas,
  • preferencia por compartir lo aprendido.
 
Si buscamos algunos nombres claves en el nacimiento del imaginario hacker podemos encontrar a: Alan Turing, Richard Stallman, Aaron Swarts, Edward Snowden y Julian Assange. Y, por desgracia, los nombres de mujeres están bastante invisibilizados, lo cual no significa que no hayan existido. Hedy Lamarr es una de las figuras femeninas más interesantes ligada a la mentalidad hacker.
 
La cultura hacker comenzó a organizar encuentros de forma autónoma, los eventos llamados hackmeetings, espacios para compartir conocimiento, conocer personas vinculadas al movimiento hacker y amplificar la mirada de la creación colectiva. Probablemente el encuentro anual de más relevancia ligado al movimiento hacker es el Chaos Communication Congress con sede en Alemania, que se lleva a cabo la última semana de cada año y que es organizado por el Chaos Computer Club, la asociación más grande de hackers en Europa. Hoy en día, dicho modelo ha sido replicado por empresas, corporaciones y gobiernos para crear eventos más instrumentalizados, pero intentando crear imaginarios de libertad creativa. Estos eventos se valen del imaginario hacker para vender algún producto o servicio con beneficio de unos pocos, como el caso del Google Summer of Code, que despliega todo el imaginario de la cultura hacker, pero en modo corporativo.
 
Para saber más: 
MANZINI, Ezio (2015). Cuando todos diseñan. Una introducción al diseño para la innovación. Madrid: Experimenta. 
MOLIST, Mercè (2012). ¿Por qué me enamoré de los hackers? https://www.mercemolist.net/webantiga/literature/lovehackers.html
 
Cita recomendada 
FOGLIA, Efraín. Mundo ‘hacker’ y diseño: el ‘hacker’ como sujeto político. COMeIN [en línea], junio 2021, no. 111. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n111.2139 

 

diseño;  cultura digital;  gestión del conocimiento; 
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