Número 136 (octubre de 2023)

Máquinas de cuidado

Amalia Creus

Los avances en robótica y en las tecnologías de automatización están cambiando rápidamente muchos aspectos de nuestras vidas. En el campo de la salud y la asistencia sanitaria, y en especial en la atención a las personas mayores, la utilización de robots es ya una realidad. Pero más allá del gran interés político, económico y social que despierta la robótica, la utilización de robots para el cuidado de personas mayores plantea importantes desafíos que afectan a las interacciones humanas basadas en la empatía, el cuidado mutuo y la interdependencia.

El alargamiento continuado de la esperanza de vida en las sociedades contemporáneas tiene como una de sus consecuencias el envejecimiento de las poblaciones. La longevidad es, sin duda, un logro importante que puede vincularse a una multiplicidad de factores, como pueden ser, entre otros, los avances tecnológicos, económicos y sociales orientados a potenciar el bienestar y la salud de las personas. Con todo, el envejecimiento de la población es también un gran desafío, en la medida en que requiere que la sociedad en su conjunto, y las Administraciones públicas en particular, se impliquen en la construcción de entornos sociales sensibles a las necesidades vitales de las personas mayores, no solo desde la óptica sanitaria, sino también desde perspectivas sociales, económicas, culturales y éticas.

 

Sin embargo, en contraste con esta imperiosa necesidad, las sociedades modernas se encuentran sumergidas en una profunda crisis de los cuidados. Por crisis de los cuidados nos referimos a la agudización de las dificultades de amplios sectores de la población para cuidarse, cuidar o ser cuidados, en un contexto en el que se han extremado las tensiones y divisiones entre lo privado y lo público, lo productivo y lo reproductivo, y donde las prácticas del cuidado siguen, por lo general, relegadas al ámbito de lo privado, siendo realizadas mayoritariamente por mujeres y de manera no remunerada.

 

Pero, pese a su histórica invisibilización, las prácticas de cuidado son fundamentales para la continuidad de la vida. No solo como un elemento para preservar la dignidad y la identidad de las personas, sino también como un pilar fundamental de los derechos humanos. Pero ¿cómo afrontar la crisis de cuidados cuando son cada vez más las personas mayores o dependientes y cada vez más escasos los recursos y las personas en disposición de cuidarlas? ¿Cómo restaurar el equilibrio entre producción, reproducción y cuidado? Uno de los ámbitos desde el que se busca dar respuesta a esta pregunta viene de la robótica, más precisamente de los llamados carebots (robots para el cuidado), creados para atender a las necesidades de acompañamiento de las personas mayores.

 

Robótica social y robots para el cuidado

 

Los carebots son robots que han sido diseñados con la finalidad de asistir prácticas de cuidado mediante su integración en relaciones terapéuticas y asistenciales. Estos robots responden a una gran diversidad de funcionalidades, entre otras: máquinas que pueden ayudar a levantar a personas dependientes o ayudarlas con la movilidad y el ejercicio; robots diseñados para monitorear la actividad física y detectar caídas, alimentar a personas que no pueden hacerlo solas o ayudarlas a bañarse o usar el baño. También existen los robots destinados a involucrar social y emocionalmente a sus usuarios, con la finalidad de controlar, reducir o prevenir procesos de deterioro cognitivo o brindar compañía en situaciones de soledad no deseada.

 

La contribución de la robótica a la mejora de la calidad de vida de las personas mayores o dependientes tiene sin duda un enorme potencial, principalmente si tenemos en cuenta el gran esfuerzo social, económico y emocional que exigen las rutinas de cuidado para aquellos que las ejercen. Sin embargo, la sola idea de que las prácticas de cuidado se realicen de forma sistemática por robots plantea importantes interrogantes. ¿Qué implicaciones éticas tiene su utilización? ¿En qué medida responden los robots a las necesidades reales de las personas que necesitan cuidado? ¿Qué implicaciones afectivas tiene su uso? Y yendo todavía más allá, ¿puede todo ello suponer una limitación para la dignidad de las personas?

 

En el marco de este debate, Amanda Sharkey y Noel Sharkey (2010), dos investigadores de la Universidad de Sheffield que llevan bastante tiempo dedicados a esta temática, nos invitan a reflexionar sobre algunas preocupaciones éticas fundamentales. Señalan, por ejemplo, que el uso de asistencia robótica para las personas mayores podría acabar reduciendo sus oportunidades de contacto humano, a la vez que aumentar sentimientos de objetivación o cosificación, o la sensación de falta de control sobre sus vidas. Utilizan el término cosificación haciendo referencia a las prácticas de cuidado que están orientadas al control de los cuerpos y rutinas, que transforman a las personas mayores o dependientes en una suerte de «personas-objeto» –son empujadas, levantadas, higienizadas, monitorizadas–, pero sus experiencias, subjetividad e individualidad tienden a quedar anuladas.

 

Otra cuestión importante que tener en cuenta es si estos robots están realmente diseñados para poner en el centro las necesidades de las personas que reciben el cuidado, si en su lugar se orientan a reducir costos o la carga de trabajo de los cuidadores o si responden a los intereses de la industria. En ese sentido, es importante recordar que, más que meros asistentes constituidos de cables y circuitos que van de habitación en habitación repartiendo medicación entre los pacientes de un hospital, los robots son mecanismos complejos que integran protocolos de actuación, algoritmos que marcan pautas de relación, intereses de compañías tecnológicas y discursos sobre la propia naturaleza del cuidado, entre otros elementos materiales y simbólicos.

 

Además, es importante recordar que las personas mayores son particularmente vulnerables a la pérdida de dignidad, si se vuelven dependientes y pierden cierta capacidad de toma de decisiones. Dependen de los cuidadores para responder a su individualidad, para tener la capacidad de captar señales sutiles y para comunicarse de una manera emocionalmente comprometida y significativa. Dicho en otras palabras, en una relación de cuidado entre personas existe un intercambio constante y fundamental de sensaciones físicas y emocionales: las personas pueden leer el contexto, percibir cómo se experimenta la relación de cuidado, sentir estados de ánimo, interpretar gestos, miradas y posturas. Un robot podría medir la temperatura, el pulso e incluso reaccionar a señales anímicas, pero no puede comprender la situación general desde el punto de vista vivencial, experiencial y emocional de la persona que recibe el cuidado.

 

Robots y ética del cuidado

 

El cuidado es una actividad compleja y relacional que requiere no solo habilidades específicas, sino también un alto nivel de afectividad, sensibilidad ética y compromiso con la dignidad de las personas que son cuidadas. Ello significa, por ejemplo, establecer una comunicación rica y significativa en la relación de cuidado, basada en la capacidad de captar señales físicas y emocionales sutiles, y también en el reconocimiento de la subjetividad y la individualidad, independientemente de cualquier incapacidad. La pregunta que necesitamos hacernos entonces es: ¿podemos asegurar estos principios de dignidad en una relación de cuidado mediada por máquinas y no por personas?

 

Desde la perspectiva de la ética del cuidado, se entiende que todas las personas dependemos unos de otros, y requerimos de cuidados mutuos para la manutención de la vida. Esta necesidad de cuidado se hace más evidente cuando las personas crecen, envejecen, enferman o experimentan una discapacidad, aunque para las personas adultas sanas las relaciones de cuidado también son de vital importancia. Así, si podemos reconocer el gran potencial que tiene la tecnología en general y la robótica en particular en la creación de oportunidades de bienestar social, es fundamental que cualquier implementación tecnológica orientada al cuidado de las personas se fundamente en políticas y prácticas comprometidas con su dignidad, la interdependencia y la responsabilidad mutua.

 

Para saber más:

SHARKEY, Amanda; SHARKEY, Noel (2010). «Granny and the robots: Ethical issues in robot care for the elderly». Ethics and Information Technology, no. 14, págs. 27-40. DOI: https://doi.org/10.1007/s10676-010-9234-6

 

Citación recomendada

CREUS, Amalia. «Máquinas de cuidado». COMeIN [en línea], octubre 2023, no. 136. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n136.2366

lifestyle investigación;  edadismo;  género;