La comunicación es un conocimiento antiguo y una ciencia nueva. Su eclosión como ciencia en las universidades estuvo acompañada del desarrollo de los medios de comunicación de masas a mediados del siglo XX. Antes, la comunicación vivía en el lazareto de la retórica. Durante un tiempo, hubo debate entre los académicos sobre si la comunicación debía ser realmente un campo de estudio.
Lo mismo que le había sucedido a la psicología a finales del siglo XIX. Luego, la psicología cogió vuelo y se convirtió en una panacea para los males desconocidos. Cuando se agotaba el recorrido para descubrir las razones de un problema personal, interpersonal e incluso social, siempre había alguien que exclamaba: «Eso es algo psicológico».
Tanto fue así, que la psicología tomó las riendas de algunas anomalías del paradigma científico materialista. ¿A qué anomalías me refiero? A la telepatía, por ejemplo, o a la hipnosis… Algunos psicólogos extendieron la mano para investigar esas anomalías desde la rama de la psicología que denominaron parapsicología. Desde ese momento, cualquiera de estos fenómenos incomprensibles para nuestro paradigma se acabó convirtiendo en un fenómeno parapsicológico, algo que tenía relación con la psicología pero que no era psicología pata negra.
Desde ese punto de vista, resulta coherente que los efectos que experimentaban las personas que participaban en eventos telepáticos o en sesiones de hipnosis se acabaran denominando percepciones extrasensoriales. Los psicólogos habían plantado la bandera de la «percepción», concepto clave de su ámbito de conocimiento.
Una nueva forma de comunicación
Ahora, algunos decimos que ese diagnóstico era equivocado. Que cuando dos personas se comunican sin necesidad de los sentidos físicos no están experimentando percepciones extrasensoriales, sino que están poniendo en marcha un nuevo tipo de comunicación. Una comunicación en la que no habíamos reparado antes, pero que es comunicación, la miremos como la miremos. Hay un emisor y un receptor, hay un mensaje y hay una codificación de este mensaje. Queda por descubrir el canal: reto apasionante. Algunos también intuimos que el ruido generado por los estímulos sensoriales afecta de tal modo a esta comunicación que provoca una baja fidelidad de transmisión, es decir, que se pierden muchos mensajes por el camino.
La ciencia de la comunicación abre sus puertas para incorporar las comunicaciones sin mediación de los sentidos físicos.
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Silueta de una mujer cuya mano se apoya en una superfície translúcida. Fuente: Unsplash / Marvelous Raphael.
Citación recomendada
PASTOR, Lluís. «No son percepciones extrasensoriales; son comunicaciones». COMeIN [en línea], octubre 2026, no. 169. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n169.2664



