Número 166 (junio de 2026)

Grabar o vivir la experiencia: el doble papel del móvil en los eventos

Carlos Moreno Clemente

La misma herramienta que hace viral un evento puede vaciar de sentido la razón por la que alguien paga por estar allí. El teléfono móvil ocupa hoy un lugar a veces contradictorio en los eventos en vivo: es canal de comunicación, amplificador de marca y, al mismo tiempo, puede ser el principal obstáculo para vivir la experiencia que el evento promete.

Hay una escena que se repite en casi cualquier concierto o festival de cierta envergadura: el artista aparece en el escenario y, en segundos, miles de pantallas se elevan al mismo tiempo. El público ni siquiera puede aplaudir: en su mano, el móvil graba. Puede que pase así la mayor parte del evento, solo interrumpido cuando, a solicitud del artista, encienda la linterna para generar el efecto de un manto de luces, a falta de los mecheros que evocan otras épocas.

 

Por su parte, los organizadores de eventos contemplan este fenómeno con una mezcla de satisfacción y resignación: el público genera contenido, el evento gana visibilidad, los algoritmos trabajan gratis. Pero, ¿se ha diseñado la experiencia para ser vivida así?

 

Cuando el público se convirtió en el medio

 

Durante la última década, los asistentes a eventos han asumido de forma natural un papel que antes correspondía en exclusiva a los medios y equipos de comunicación: el de documentar, narrar y difundir la experiencia en tiempo real. La industria del espectáculo en vivo lleva años acelerando esta transformación y hoy el impacto de un evento no se mide solo por su audiencia presencial, sino por cómo su contenido viaja a través de las redes sociales en las distintas fases del evento.

 

Esto ha transformado radicalmente la manera en que la organización diseña los eventos. No solo el escenario o la producción, mucho más impactantes, sino también el recorrido completo del asistente: las zonas instagrameables, los momentos pensados para ser compartidos o para generar contenido viral. Una investigación reciente confirma algo que muchos intuían: el público, con sus teléfonos, es hoy el mejor comunicador de un evento, con más influencia sobre el engagement y la identidad colectiva de un festival que cualquier influencer contratado.

 

Las implicaciones para la gestión de la comunicación en eventos son profundas. Si el público es el medio, la organización ya no controla directamente el mensaje. Puede diseñar los escenarios, pero deberá pensar que la comunicación ya no queda plenamente bajo su control y que, si algo se sale del guion, la narrativa del evento puede estar ya instalada en las redes sociales antes de que el equipo de comunicación haya tenido tiempo de reaccionar.

 

De la prohibición a la pegatina: los distintos modelos con que se limita el móvil en eventos

 

Sin ser lo habitual, atendiendo a aspectos de confidencialidad, las condiciones para participar en determinados eventos corporativos pueden incluir cubrir la cámara con una pegatina o similar. Pero algo más está cambiando, los datos más recientes del sector apuntan a un crecimiento exponencial de los eventos sin teléfono: según Eventbrite, entre 2024 y 2025 este tipo de experiencias se multiplicaron tanto en número de eventos como en asistencia. En esta tendencia a la eliminación o limitación del uso del teléfono móvil, podemos ver tres alternativas: la prohibición total, la restricción con una alternativa analógica y la apelación directa al público.

 

La primera, también ligada a la parte experiencial del evento, es la phone-free experience, para la que incluso ya se implementan fundas de cierre magnético que impiden el acceso al dispositivo durante el evento. De forma menos tecnificada, Bob Dylan lleva años aplicando una política de tolerancia cero, con personal de seguridad que escolta fuera del recinto a quienes insisten en grabar. Madonna lo formuló con una contundencia que resume bien el espíritu de esta vía: «si no puedes vivir esta experiencia sin un dispositivo de grabación, este espectáculo no es para ti». Ghost llevó esta filosofía a su gira mundial en 2025, con fundas obligatorias y zonas habilitadas para quienes necesitaran usar el teléfono.

 

La segunda alternativa tiene en cuenta la necesidad del público de recordar la experiencia, aunque lo aleja de la viralidad inmediata. Lo podemos ver en el curioso ejemplo del concierto de Harry Styles, grabado para Netflix, donde se prohibió la grabación, pero se repartieron 20.000 cámaras analógicas desechables entre el público. La cámara de un solo uso obliga a elegir el momento, no a grabarlo todo, y no permite compartirlo al instante.

 

El tercero, más extendido entre artistas de electrónica y en eventos no musicales, es el de la pegatina sobre la cámara. No se bloquea todo el dispositivo, pero hay un pacto implícito: estás aquí para estar, no para transmitir.

 

Eventos que se alejan de las pantallas para potenciar la experiencia

 

Vivir la experiencia plenamente, o incluso diseñarla para evitar las pantallas, puede ser el siguiente paso. El festival The Grid System, implementó en mayo de 2025 en Santiago una política de «no foto», pero no solo limitando el uso de la cámara al público, sino renunciando a pantallas y efectos visuales espectaculares, centrándose más en aspectos humanos y de energía colectiva.

 

Puede parecer que estas iniciativas son singulares o exóticas, o que corresponden a motivaciones muy concretas, pero lo cierto es que el teléfono no es neutral. Modifica la atención, fragmenta la experiencia y, en muchos casos, desplaza la vivencia colectiva por una simple documentación individual que igual nunca volveremos a mirar. La paradoja es notable: en el mismo momento en que la organización del evento aprende a explotar el potencial comunicativo del público, puede llegar a la contraproducente conclusión de que la pantalla destruye precisamente aquello que hace que un evento en vivo valga la pena.

 

Recientes estudios de comportamiento del consumidor añaden un matiz interesante: la mayoría de los asistentes más jóvenes declara buscar espontaneidad y autenticidad en sus experiencias en vivo, y se muestra dispuesta a apagar el teléfono si eso garantiza algo que no pueda ver en ninguna pantalla. La misma generación que vive conectada está pidiendo, en ciertos contextos, desconectarse.

 

El futuro del teléfono móvil para la comunicación en eventos

 

Esta tensión no es estética ni anecdótica. Tiene consecuencias directas en cómo diseñamos la comunicación en los eventos y en cómo gestionamos la relación con el público.

 

Si el público es el medio, la organización tiene que aprender a trabajar con esa realidad y no contra ella. Eso implica diseñar momentos que merezcan ser compartidos, pero también establecer con claridad qué espacios o momentos están reservados para la experiencia sin mediación tecnológica. Pero para eso hay que añadirle valor, qué se ofrece que no podrá verse a través de una pantalla. La prohibición del teléfono, en este sentido, no es solo una decisión sobre la experiencia del asistente. También es una decisión sobre el control de la comunicación.

 

La pregunta actual ya no es solo si el público grabará el evento. Es cómo los organizadores diseñan la experiencia y la estrategia de comunicación sabiendo que lo harán. Y, cada vez más, también sabiendo cómo afecta a la experiencia y pensando que algunos, quizá más pronto que tarde, preferirán dejar el móvil en el bolsillo.

 

Imagen de portada:

Imagen del público alzando las manos –y, en algunos casos, sus móviles– en un concierto. Fuente: Unsplash / Hanny Naibaho.

 

Citación recomendada

MORENO CLEMENTE, Carlos. «Grabar o vivir la experiencia: el doble papel del móvil en los eventos». COMeIN [en línea], junio 2026, no. 166. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n166.2646

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