Número 168 (septiembre de 2026)

Ingrid Calvo Ivanovic: «El color no está en las cosas sino en las relaciones» (I)

Elena Bartomeu Magaña

Recientemente tuve la oportunidad de conocer a Ingrid Calvo Ivanovic, investigadora especializada en epistemología del color. El encuentro lo propició una buena amiga que tiene una técnica maravillosa para ampliar su red de contactos: cuando visita una ciudad nueva, intenta quedar con amigos de sus amigos, colegas de sus colegas y amigas de sus colegas que residen en esa ciudad.

Según cuenta mi amiga, casi siempre se produce la magia, y así fue también con Ingrid, a quien conocimos en un bar en Milán, aprovechando la visita que las profesoras Irma Marco, Lluc Massaguer y yo hicimos al Politecnico di Milano.

 

Días después del encuentro, recupero parte de la conversación a través de estas preguntas y respuestas que he intercambiado con Ingrid. Espero que os resulte tan interesante como a mí.

 

Elena Bartomeu (EB): En las escuelas de diseño nos enseñan el color casi como una fórmula matemática o una verdad absoluta: sistemas de representación de color, círculos cromáticos rígidos, combinaciones correctas e incorrectas… Si tuviéramos que desmontar esta ontología que hemos mamado desde el primer día de clase, ¿qué es lo primero que tendríamos que desaprender sobre el color?

 

Ingrid Calvo Ivanovic (ICI): Lo primero que habría que desaprender es que ya conocemos el color. Esa es la trampa más profunda. A diferencia de cualquier otro dominio del diseño –la tipografía, los materiales, la ergonomía– el color llega a nosotros antes de que nadie nos enseñe nada sobre él. Lo hemos vivido desde que nacemos, tenemos opiniones fuertes sobre él, reacciones inmediatas, preferencias profundas. Y esa familiaridad, que parece una ventaja, en realidad funciona como un obstáculo: cuando algo se siente ya conocido, la pregunta de si hay más que aprender se vuelve muy difícil de formular.

 

Después de eso, habría que desaprender la idea de que el color tiene significados universales y fijos. Que el rojo es pasión, que el blanco es pureza, y que ciertas combinaciones son correctas y otras incorrectas. Esos son convenios culturales de una tradición particular –mayoritariamente occidental y del siglo XX– que se enseñan en las escuelas de diseño como si fueran leyes naturales. No lo son. Y cuando un diseñador lleva esa certeza a contextos culturales distintos, el error se vuelve visible y, a veces, costoso.

 

Y, por último, hay que desaprender que el color se resuelve con un círculo cromático. El círculo cromático es una herramienta útil para entender las relaciones entre tonos, pero describe solo una fracción muy pequeña de lo que el color hace en el mundo real. Un diseñador que solo sabe de círculos cromáticos es como un arquitecto que solo sabe dibujar líneas rectas.

 

Lo que habría que aprender en su lugar es que el color es un fenómeno extraordinariamente complejo: es simultáneamente físico, perceptivo, cultural, material, ecológico y ético. No tiene una única área disciplinar –ni la física, ni la psicología, ni el diseño lo agotan por sí solos. Y precisamente por eso, trabajar bien con el color exige algo que la formación tradicional rara vez desarrolla: la capacidad de moverse entre dominios de conocimiento distintos, de saber qué preguntar en cada uno, y de asumir que las decisiones cromáticas que tomamos como diseñadores tienen consecuencias que van mucho más allá de si algo se ve bonito o no.

 

EB: Algunas profesionales comparten la sensación de que el color se aplica mal, como un acabado cosmético que aparece casi al final del proceso de diseño, y no como un elemento estructural. ¿De dónde proviene esta pedagogía del color? ¿Cómo planteas tú las asignaturas de color?

 

ICI: Viene de la tradición de la Bauhaus, donde el color se enseñaba únicamente como materia básica o elemental en el primer año del Vorkurs o curso preliminar, y no ha cambiado mucho desde entonces. Los ejercicios que Albers desarrolló en los años cuarenta –el papel de color, las ilusiones perceptivas, los estudios de contraste– siguen siendo el núcleo de la enseñanza del color en la mayoría de las escuelas de diseño del mundo. No es que sean malos ejercicios; son muy buenos para entrenar la percepción relacional del color. El problema es que nunca fueron diseñados para ser una educación completa en color para un diseñador contemporáneo. Fueron diseñados para enseñar algo muy específico: cómo el color cambia según el contexto. Y en algún momento, eso se convirtió en todo lo que se enseña.

 

Lo que ha perpetuado esto es una especie de bucle generacional: los educadores enseñan lo que les enseñaron a ellos, porque nadie les dio herramientas para ir más lejos. Y además existe lo que yo llamo el problema del estatus: en diseño, las decisiones de forma, de material, de tipografía se justifican. Las decisiones de color, no. Si nadie te pregunta por qué elegiste ese color –si la intuición es una respuesta aceptable– entonces nunca desarrollas la necesidad de saber más.

 

En mi manera de enseñar intento romper ese bucle de dos formas. Primero, tratando el color como algo presente en todo el proceso de diseño, no solo al principio y no solo como teoría. Segundo, pidiendo siempre justificación: ¿por qué este color?, ¿qué evidencia tienes?, ¿qué investigaste? La pregunta parece simple, pero para muchos estudiantes es la primera vez que alguien se la hace. Y en ese momento algo cambia.

 

Lo que me interesa, en el fondo, no es enseñar color como una asignatura más, sino cambiar la relación que el estudiante tiene con el color como fenómeno. Que deje de verlo como algo que se aplica y empiece a verlo como algo que se piensa, que se investiga, que se justifica y que se asume con responsabilidad. Eso implica llevar el color a territorios donde normalmente no aparece: a las decisiones sobre materiales, a los proyectos de identidad, a los análisis de accesibilidad, a las conversaciones sobre sostenibilidad. Cuando un estudiante empieza a ver decisiones de color donde antes no veía ninguna, algo fundamental ha cambiado en su manera de diseñar. Ese es el objetivo real.

 

En la segunda parte de esta entrevista, Calvo Ivanovic desvelará, entre otras cosas, algunos de los principales sesgos vinculados al color.

 

Imagen de portada:

Fotografía de la entrevistada aportada por ella misma. Fuente: Ingrid Calvo Ivanovic.

 

Citación recomendada

BARTOMEU MAGAÑA, Elena. «Ingrid Calvo Ivanovic: “El color no está en las cosas sino en las relaciones” (I)». COMeIN [en línea], septiembre 2026, no. 168. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n168.2659

diseño;  investigación;  creatividad;  género;