Número 163 (marzo de 2026)

El retorno de la ciencia abierta a la sociedad: la importancia de la comunicación científica

Candela Ollé

La ciencia no termina en el laboratorio ni en la publicación de un artículo en una revista de alto impacto. En el paradigma actual, la investigación solo completa su ciclo cuando el conocimiento retorna a quien lo financia y lo necesita: la sociedad. Bajo esta premisa, participé en el reciente Congreso CoDI, en el que se debatió, entre otros aspectos, cómo la Ciencia Abierta y la comunicación científica estratégica son clave para democratizar el saber y afrontar las complejidades del siglo XXI.

La transformación de la ciencia en España no es solo un deseo ético, sino también un mandato normativo. La Ley 14/2011 de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (modificada en 2022) es clara: el acceso abierto aumenta la transparencia y mejora la difusión científica. Es en el Artículo 38, donde se sitúa la cultura científica como un eje transversal, donde reside el cambio real.

 

Ya no hablamos solo de publicar en abierto para otros investigadores –el marco legal y la Estrategia Nacional de Ciencia Abierta (ENCA 2023-2027)–, sino de capacitar a la ciudadanía para que participe de forma activa y responsable en la investigación; de incentivar y reconocer el papel del personal investigador en la divulgación y de fortalecer las Unidades de Cultura Científica y de la Innovación (UCC+I) como puentes profesionales entre la academia y la sociedad.

 

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La autora del artículo durante su intervención en el Congreso CoDI 2026

Fuente: foto de Andreu Sulé

 

Históricamente, la divulgación se ha considerado una actividad secundaria para los ratos libres del personal académico. Sin embargo, en el contexto de la reforma de la evaluación (impulsada por coaliciones como CoARA o por la declaración DORA), la comunicación científica se consolida como el oxígeno que permite que la ciencia respire fuera del laboratorio. Así, la comunicación ya no es un hobby, sino que se convierte en una responsabilidad.

 

Si aceptamos fondos públicos, tenemos la obligación ética de devolver ese conocimiento. Esto implica un cambio de mentalidad: la comunicación no es el último paso, sino una parte integral del proceso investigador. Como señala la literatura reciente, se trata de pasar del compromiso de la sociedad con la ciencia al compromiso de la ciencia con la sociedad.

 

Para que este retorno sea efectivo, necesitamos perfiles profesionales especializados:

 

  1. El personal docente e investigador debe formarse para traducir la complejidad sin perder el rigor.
  2. El periodista científico actúa como mediador y generador de historias, analizando el impacto ético y social de los hallazgos.
  3. Las Unidades de Cultura Científica + Innovación –impulsadas por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT)– desde 2007 tienen por objetivo divulgar ciencia, tecnología e innovación, fomentando vocaciones científicas y mejorando la cultura científica ciudadana a través de actividades y formación, de modo que actúan como motores institucionales para gestionar notas de prensa, eventos y estrategias digitales, entre otros formatos.

 

Narrativas para nuevos tiempos

 

Uno de los mayores retos de la comunicación científica es la dicotomía entre precisión y claridad. El objetivo no debe ser simplificar –que puede desvirtuar el método–, sino traducir conceptos abstractos en metáforas culturales compartidas.

 

Para ello, las nuevas narrativas ofrecen un abanico de posibilidades: desde los formatos breves (TikTok/reels/hilos, que son las puertas de entrada para captar la atención) hasta los pódcasts (ideales para humanizar la ciencia, permitiendo que el público escuche las dudas y el entusiasmo del investigador), pasando si es necesario por las infografías y la visualización de datos (cruciales para combatir la infoxicación y explicar procesos complejos de forma instantánea) o incluso por la ciencia ciudadana y la gamificación (en las que el ciudadano deja de ser espectador para convertirse en parte del proceso de recogida de datos o de experimentación).

 

Otro aspecto clave, aunque quizás menos debatido, es la lengua. El predominio del inglés en la ciencia facilita la colaboración internacional, pero genera una desconexión local. Comunicar en las lenguas propias (como el castellano o el catalán) no es solo una cuestión de identidad, sino también de impacto social directo. El ciudadano percibe la ciencia en su lengua materna como algo cercano y aplicable. Un ejemplo reciente es el nacimiento de La Conversa, la versión catalana de The Conversation, reforzando la soberanía lingüística en la divulgación. Además, el uso de un lenguaje no sexista y accesible (lectura fácil) garantiza que el progreso técnico no deje a nadie atrás, especialmente a colectivos con mayores barreras de acceso.

 

A modo de conclusión, el retorno de la ciencia abierta es un compromiso con la verdad y la transparencia. Fortalecer la comunicación científica es, en última instancia, promover una ciudadanía crítica e informada, capaz de combatir la desinformación y de valorar la investigación como el pilar esencial del progreso que realmente es.

 

Imagen de portada:

Logo del congreso CoDI. Fuente: Grupo SCImago.

 

Citación recomendada

OLLÉ, Candela. «El retorno de la ciencia abierta a la sociedad: la importancia de la comunicación científica». COMeIN [en línea], marzo 2026, no. 163. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n163.2622

comunicación científica;  eventos;  investigación;  periodismo;  medios sociales;  gestión del conocimiento;