El pasado 2 de mayo visité Jauría, la exposición de Yolanda Benalba en el Centre del Carme de Cultura Contemporània de València. La muestra –una instalación audiovisual y performativa atravesada por una sugerente investigación sobre la voz humana y el lenguaje de los cánidos– propone un recorrido entre cuerpos, rejas, dibujos, vídeos, aullidos y frases suspendidas en una penumbra rojiza. Había algo liminar en todo el recorrido, como quien atraviesa un umbral entre lo humano y lo animal, entre el lenguaje y el grito, entre la vulnerabilidad y la resistencia.
Pero conviene detenerse aquí en una cuestión importante, porque Jauría no trabaja la animalidad como metáfora de la regresión o de la amenaza –asociación muy presente, por otra parte, en determinados relatos culturales occidentalistas y colonialistas sobre lo salvaje o lo bárbaro, por ejemplo–, sino más bien como posibilidad de pensar vínculos que exceden las lógicas individualistas y autosuficientes impuestas por el neoliberalismo y el antropocentrismo. La jauría aparece así, no como sinónimo de violencia (nada más lejos, de hecho, de la connotación negativa asociada hoy a la palabra manada), sino como espacio de supervivencia compartida.
En una de las frases presentes en la instalación puede leerse: «El grito es la voz de quien, enfrentándose a la muerte, reivindica su deseo de vivir». En este sentido, el grito no aparece tanto como fracaso del lenguaje –o no únicamente– sino como aquello que emerge cuando determinadas experiencias desbordan los marcos convencionales de representación y obligan a buscar otros modos de mediación afectiva. No se trataría, por tanto, de ausencia de sentido, sino más bien de una intensidad difícil de contener dentro de los límites de la palabra.
Frase presente en la instalación
Fuente: foto de Sonia Herrera
Quizá ahí reside uno de los desplazamientos más sugerentes que propone la exposición, porque Jauría parece preguntarse constantemente qué ocurre con la voz cuando el lenguaje ya no basta del todo, qué formas de comunidad pueden emerger allí donde el sujeto moderno –supuestamente autónomo, autosuficiente, impermeable– empieza a resquebrajarse.
Las piezas audiovisuales y performativas que articulan Jauría trabajan con cuerpos y voces que se desplazan progresivamente hacia registros no domesticados del lenguaje: la respiración agitada, el jadeo, el gruñido o el aullido. Hay algo profundamente coral en esa acumulación de cuerpos y sonidos que parecen situarse en un territorio fronterizo y ambiguo en el que la voz empieza a exceder la racionalidad comunicativa para funcionar también como huella corporal o gesto de reconocimiento mutuo.
‘Jauría’ y sus reflexiones
No resulta casual, en este sentido, que la muestra dialogue de forma tan clara con toda una genealogía de pensamiento feminista y poshumanista que, desde hace décadas, viene cuestionando las fronteras rígidas entre cuerpo, lenguaje, afecto y comunidad. Donna Haraway, por ejemplo, ha insistido en varias de sus obras en la necesidad de imaginar parentescos más allá de lo exclusivamente humano. Frente al ideal moderno del individuo soberano e independiente, Haraway propone pensar redes de interdependencia entre especies, cuerpos y formas de vida diversas. Su propuesta de «making kin», construir parentesco, implica precisamente reconocer que siempre sobrevivimos con otres y gracias a otres.
La exposición de Benalba parece moverse cerca de esa intuición en la que la voz humana se mezcla con el aullido, incluso con lo gutural. El cuerpo deja de aparecer como entidad cerrada para convertirse en territorio a la intemperie, permeable, afectado… Y las rejas que atraviesan buena parte del recorrido refuerzan esa sensación ambivalente, ya que funcionan como metáfora del encierro, sí, pero también introducen una pregunta incómoda sobre nuestro presente: ¿puede aquello que limita convertirse también en refugio?
Las frases manuscritas dispersas por la instalación intensifican aún más esa dimensión relacional y dialógica con quienes transitamos por ella. «Creo que sabes cómo amar más que cualquiera de nosotros, por eso te resulta todo tan doloroso», puede leerse en una de las piezas. Y justo ahí la exposición aborda un problema especialmente contemporáneo, y paradójico, si se quiere: la experiencia de sujetos atomizados cada vez más atravesados por el dolor del mundo y, al mismo tiempo, profundamente necesitados de redes de sostén colectivo.
Frase presente en la instalación
Fuente: foto de Sonia Herrera
En la obra Vulnerabilidad en resistencia (Bellaterra, 2024), editada por Judith Butler, Zeynep Gambetti y Leticia Sabsay, las autoras plantean que la vulnerabilidad no debe entenderse como lo opuesto a la resistencia, sino como una de sus condiciones de posibilidad. Los cuerpos vulnerables no resisten pese a su fragilidad, sino desde ella. Más que superar la herida, por tanto, la resistencia emerge precisamente a través de cuerpos expuestos, afectados y dependientes de otros cuerpos.
Creo que Jauría materializa visualmente y sonoramente esa intuición de manera especialmente potente. No porque represente el dolor de forma explícita o espectacularizada, sino porque desplaza la mirada hacia aquello que suele quedar fuera de los relatos contemporáneos sobre fortaleza, productividad o autosuficiencia: la fragilidad, la necesidad de amparo y cuidado, la interdependencia…
Por eso resulta tan significativa otra de las frases presentes en la muestra: «El lenguaje deja de ser aquí instrumento para convertirse en mediación». Lo importante ya no es únicamente qué se dice, sino qué cuerpos se afectan mutuamente al decir, al escuchar, al respirar o al gritar juntos.
Frase presente en la instalación
Fuente: foto de Sonia Herrera
Frente a una cultura atravesada por el mandato de invulnerabilidad, Jauría desplaza la mirada hacia cuerpos que necesitan de otros cuerpos para sostenerse. Y quizá ahí resida una de las principales claves de la exposición: recordarnos que el grito no siempre expresa derrota, dolor o amenaza. A veces, como sucede en toda jauría, el aullido es simplemente una manera de no quedarse sola ante la noche.
Imagen de portada:
Fotograma de uno de los audiovisuales proyectados en la exposición Jauría. Fuente: Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana.
Citación recomendada
HERRERA SÁNCHEZ, Sonia. «Yolanda Benalba y la política del aullido». COMeIN [en línea], junio 2026, no. 166. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n166.2639



