La inauguración del Gran Museo Egipcio (GEM), celebrada en El Cairo el 1 de noviembre de 2025, se convirtió en uno de los eventos culturales más relevantes de los últimos tiempos. La magnitud del proyecto, los años de retraso acumulados y la compleja relación entre patrimonio, identidad y reputación internacional situaron esta ceremonia en el centro de la atención mediática global.
Pero más allá de la apertura institucional de un espacio cultural como lo es un museo, se puede observar un evento cuidadosamente diseñado para cumplir múltiples objetivos estratégicos. En un momento en que los eventos pueden desempeñar un papel esencial en la construcción del relato de identidad, la inauguración del GEM es un ejemplo de cómo la cultura, la política exterior y la comunicación se entrelazan con propósito.
Comunicación, diplomacia y estrategia compartiendo escenario
El acto inaugural del GEM no puede entenderse como un acto cultural aislado. Fue, ante todo, un evento estratégico. Según destacaba Reuters en días previos, el gobierno egipcio confiaba en que la ceremonia impulsara «la recuperación del turismo y reforzara la imagen de seguridad y estabilidad del país» en un contexto de alta competencia internacional. Por lo tanto, estamos ante un evento diseñado con una clara voluntad de reposicionamiento reputacional y de diplomacia suave: grandes acontecimientos culturales o eventos para proyectar imagen.
Esta dimensión diplomática se articuló de manera muy calculada. La elección de celebrar el acto de noche permitía una escenografía de gran impacto visual, aumentando la solemnidad y continuidad histórica. Todo ello, en directo, a través de la retransmisión internacional en plataformas digitales y en cadenas de televisión, convirtiendo la inauguración en un mensaje audiovisual dirigido al mundo. Sin duda, y a pesar de los retrasos que convertían esta inauguración en un momento esperado por generaciones (no exento de polémicas y críticas por el coste económico del museo), el evento inaugural era una oportunidad para coordinar comunicación institucional, diplomacia pública y narrativa nacional en un único dispositivo escénico.
La presencia de numerosas delegaciones oficiales reforzó este propósito: representantes de 79 delegaciones internacionales, entre ellos 39 jefes de Estado, príncipes o miembros de casas reales. La imagen del presidente egipcio El-Sisi recibiendo a los relevantes asistentes internacionales no solo sirvió para aumentar el impacto mediático de la ceremonia, sino también para reforzar la idea de Egipto como interlocutor cultural global. No es casual, tampoco, que la apertura del GEM coincidiera con una campaña institucional para reforzar la marca del país; para Arab News, el museo aspira a convertirse «en el nuevo rostro cultural de Egipto ante el mundo».
Públicos que miran a Egipto, dentro y fuera del acto, a través del relato
Resulta interesante analizar también cómo el evento inaugural tiene la capacidad de dirigirse simultáneamente a públicos internos y externos, combinando intereses nacionales, expectativas internacionales e incluso necesidades políticas; pura comunicación estratégica. La mayor visibilidad la tiene el público presencial e institucional, la mencionada presencia de cargos políticos, jefes de Estado y casas reales, pero también representantes de relevantes instituciones culturales o museísticas supone un ejemplo de legitimación. Egipto, a través de su museo, muestra su patrimonio al mundo, y el mundo (o sus representantes) responde desde la presencia institucional.
Pero el evento también mira a Egipto, a su ciudadanía, intentando transmitir la continuidad histórica de la grandeza de su pueblo y generando sentimiento de orgullo. Lo hace a través de la retransmisión televisiva en abierto y sin olvidar el papel de las redes sociales para su difusión, mostrando también su modernidad. Y, no menos importante, los espectadores globales y los medios internacionales, recibiendo a través de la retransmisión en plataformas internacionales en un formato casi cinematográfico las imágenes de un acto que, en palabras de la BBC, no pretendía únicamente inaugurar un museo sino «ofrecer al mundo una imagen renovada de Egipto, que combina majestuosidad faraónica y ambición contemporánea».
Con todo, si hubo un elemento que articuló y unificó a estos públicos, fue la narrativa. Aquí aparece la conexión con el análisis que la Dra. Olga Casal realizó sobre el desfile dorado de los faraones. Casal ya observaba cómo Egipto convertía un traslado de momias reales en un ejemplo de storytelling institucional, capaz de transformar un acto «logístico» en una historia emocional sobre identidad y continuidad. La inauguración del GEM retoma y amplifica esa lógica: Egipto renace a través de su patrimonio. De este modo, la narrativa no solo acompaña al evento, sino que lo sostiene y lo legitima, convirtiéndolo en un instrumento para mirar al país, a través del prisma del simbolismo histórico.
La escenografía como herramienta de comunicación
Si algo distinguió la inauguración del Gran Museo Egipcio fue la escenografía, un elemento clave para convertir la ceremonia en una experiencia total. En este sentido, la elección de la noche fue fundamental, permitiendo que la iluminación crease un lenguaje visual cercano al cine. La música, interpretada en directo por una orquesta sinfónica, se combinó con proyecciones sobre la fachada del museo y rayos de luz que conectaban visualmente y simbólicamente el edificio con las pirámides. El éxito radica en saber combinar el tono de solemnidad del momento con la espectacularidad audiovisual en la puesta en escena.
De nuevo, esta estrategia escenográfica retoma recursos ya observados en el desfile dorado de los faraones. En ambos casos, el acto no se limita a mostrar un patrimonio ya de por sí espectacular, sino que crea un universo simbólico asociado a él. La escenografía, así entendida, actúa como lenguaje político y cultural.
Y si lo que se busca es un impacto global, no basta solo con emocionar al público presente, sino que se deben generar imágenes destinadas a circular internacionalmente que ayuden a consolidarlo como el nuevo símbolo cultural de Egipto. Momentos como el encendido de miles de focos para mostrar las pirámides de Gizeh, y cómo lo recogen los medios o aparece en redes, son ejemplos de esa intención de viralizar el evento.
Más que una inauguración: un evento que moldea identidad
La apertura del Gran Museo Egipcio es un ejemplo de cómo los eventos pueden operar como herramientas de identidad colectiva. No se trataba únicamente de poner en marcha un museo y abrirlo al público, sino de presentar al mundo un relato sobre el país: un Egipto que mira a su pasado faraónico como fuente de legitimidad y a su futuro como proyecto modernizador. Al igual que en otros grandes eventos culturales o deportivos, la ceremonia adquiere un valor único: crea la imagen de un país que redefine su posición global a través de la cultura, el patrimonio y la diplomacia pública.
Desde la perspectiva de la organización estratégica de eventos, el caso del GEM ofrece lecciones relevantes. La escenografía se convierte en narrativa, el protocolo actúa como herramienta diplomática y el patrimonio se despliega como recurso comunicativo y reputacional. Este enfoque, cada vez más común en grandes inauguraciones y celebraciones, refuerza de nuevo el papel de los eventos como herramientas de comunicación capaces de generar discursos propios, capaces de moldear percepciones, identidades y relaciones internacionales.
Para saber más:
CASAL MACEIRAS, Olga (2021). «‘Storytelling’ en El Cairo: el desfile dorado de los faraones». COMeIN, no. 109. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n109.2130
Imagen de portada:
Vista nocturna de la fachada principal del Gran Museo Egipcio (GEM). Fuente: GEM Media.
Citación recomendada
MORENO, Carlos. «El Gran Museo Egipcio: una inauguración concebida como gran evento estratégico». COMeIN [en línea], enero 2026, no. 161. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n161.2605
Carlos Moreno ClementeExperto en organización de eventos y profesor colaborador en la UOC


