En este artículo quiero compartir algunas reflexiones vinculadas a mi experiencia como docente y como uno de los impulsores del curso internacional Storytelling and Climate Communication que llevamos a cabo desde la UOC en colaboración con la Universidad de Hägen, y que en breve inicia su segunda edición.
Hay muchos debates sobre cómo implicar a la ciudadanía en la lucha contra el cambio climático provocado por la acción humana. El primero y más básico, quizás, es cómo comunicar la realidad de las causas y las consecuencias presentes y futuras frente a miradas negacionistas (que rechazan su existencia), escépticas (que lo consideran exagerado) o retardistas (que lo aceptan, pero se resisten a introducir cambios o a tomar partido). El segundo es sobre cómo vincular esta sensibilización con la vida cotidiana de las personas.
Muchas acciones se fundamentan en la percepción de que existe un déficit de información en la ciudadanía, que se soluciona proporcionando más datos y proyecciones. A menudo, desde esta aproximación, se tiende a trasladar la responsabilidad a las personas (consumo, movilidad) y a hacer énfasis en las predicciones más pesimistas para intentar generar un impacto más elevado. Esta presión climática recae singularmente sobre las generaciones jóvenes, lo que consigue generar, sin duda, una mayor concienciación, pero a la vez también desempoderamiento, angustia y la entrada en un círculo de pensamiento preapocalíptico que, paradójicamente, abre la puerta a una desmovilización desesperanzada y hedonista (como dice la letra de una canción de Yard Act: «solo queremos un poco de diversión antes de hundirnos»).
El curso sobre Comunicación Climática y Storytelling
Sin duda, necesitamos ciencia, necesitamos datos, necesitamos información verificada, necesitamos referentes fiables. Necesitamos entender cuál es nuestro papel y también el de agentes tanto o más importantes: Estados e instituciones internacionales, corporaciones, multinacionales energéticas, dinámicas económicas de consumo que priorizan lo barato por encima de lo próximo y lo sostenible en entornos precarizados o tendencias que esconden su dimensión ambiental, como el consumo de los servidores que alimentan los sistemas basados en inteligencia artificial. Necesitamos también historias. Por este motivo ideamos el curso sobre Comunicación Climática y Storytelling.
¿Por qué historias? Porque las historias nos permiten expresar, proyectar y compartir angustias o imaginarios sobre nuestro mundo o sobre el futuro. Porque nos ponen en contacto con otras personas, generando vínculos de empatía con quienes son como nosotros y también con quienes son diferentes de nosotros. Porque pueden mostrarnos iniciativas concretas, individuales o colectivas, que abordan un problema determinado. O sitúan a personajes viviendo inmersos en una situación, presente o ficticia, en la que tienen que tomar decisiones, lo que nos ayuda a hacer que esta situación sea material, concreta y plausible en su contexto. Porque las historias son particularmente efectivas para generar emociones mediante recursos dramáticos que pueden resonar personalmente de una manera que los datos y las gráficas no pueden. O también a través del humor, que nada tiene a ver con el escapismo sino con el compromiso personal.
Las historias sobre futuros posibles, deseados o no, las historias que aportan miradas diferentes de los conceptos occidentales sobre nuestra relación con la naturaleza (por ejemplo, las miradas indigenistas), al final, nos pueden unir alrededor de un interés o preocupación comunes y nos pueden permitir recuperar capacidad de agencia. Y aquí la creatividad y la acción colectiva son clave.
En el curso sobre Comunicación Climática y Storytelling, trabajamos con estudiantes de diferentes procedencias precisamente sobre esta mirada hacia la creatividad y la acción colectiva. Empezamos con una aproximación teórica al contexto sobre el cambio climático, los principales retos que tenemos por delante y abordando también cuál es la potencialidad de la comunicación, las narrativas y el storytelling, que entendemos como una acción comunicativa basada en las narrativas (por lo tanto, no importa solo lo contenido sino todos los elementos y agentes que intervienen en el proceso de explicar una historia, en una situación y contexto determinados). Y una vez establecidos estos cimientos, proponemos trabajar colectivamente en torno a diferentes proyectos creativos libres, con una dimensión de storytelling sobre el cambio climático. A modo de ejemplo, en la primera edición se crearon las bases para un juego de cartas sobre cambio climático, una obra de teatro que subvierte la base de la popular La pequeña tienda de los horrores, una web de sensibilización climática para niños o un escape room sobre los océanos. La respuesta del colectivo de estudiantes participantes fue entusiasta, y por eso estoy contento de compartir algunos de sus testimonios.
Necesitamos historias, necesitamos impulsar experiencias que nos ayuden a combinar información con empoderamiento, emoción y acción. Esta es la idea.
Para saber más:
Curso Online de Comunicación Climática y Storytelling
ROIG, Antoni (2025). «Our future stories: approaches to collective storytelling for climate futures and action through an integrative review». Environmental Communication, vol. 19, n.º 2, págs. 337-350. DOI: https://doi.org/10.1080/17524032.2024.2393776
Banda sonora:
«We make hits». Yard Act. YouTube [en línea]. Disponible en: https://youtu.be/vct334H6m-w?si=k9hIyBCilslFsR3k
«Be hard on yourself». Marillion. YouTube [en línea]. Disponible en: https://youtu.be/v4VfrnTvm9Y?si=WGetww8GNPdlNS8N
«Aerial troubles». Stereolab. YouTube [en línea]. Disponible en: https://youtu.be/Cg69OglydeE?si=I1S-ua9RdRgjx0hg
Imagen de portada:
«Haz que tu historia sobre el clima cuente». Fuente: Digital Storytellers.
Citación recomendada
ROIG, Antoni. «‘Storytelling’ climático: una alternativa basada en la creatividad colectiva». COMeIN [en línea], febrero 2026, no. 162. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n162.2613



