El tercer Seminario de Estudios Culturales, celebrado los días 13 y 14 de este mes de noviembre en el edificio Can Jaumandreu del campus de la UOC, consolidó un espacio de reflexión colectiva en torno a la pregunta que atraviesa, como un eco persistente, toda la historia de los estudios culturales: ¿qué entendemos hoy por cultura y qué fronteras la separan (o la confunden) con aquello que llamamos barbarie? Bajo este título provocador, el encuentro reunió a investigadoras e investigadores que exploran las tensiones entre cultura, poder y materialidad en un contexto marcado por la crisis ecológica, la digitalización acelerada y la precarización del trabajo cultural.
Desde el inicio, el encuentro mostró la vocación crítica y transversal que caracteriza el trabajo del Grupo de Investigación en Aprendizajes, Medios y Entretenimiento (GAME), organizador del seminario. Las intervenciones invitaron a entender la cultura no solo como un conjunto de prácticas simbólicas o creativas, sino, sobre todo, como un campo de conflicto donde se disputan sentidos, recursos y formas de vida. La reflexión colectiva de las personas participantes giró en torno a un eje común: pensar la cultura desde sus materialidades y desde las estructuras sociales que la condicionan, en lugar de concebirla como un refugio autónomo o neutral. Esa mirada, situada y política, marcó el tono de unas jornadas en las que el pensamiento crítico se entendió como una forma de intervención en el presente.
La primera jornada
La conferencia inaugural, a cargo de Nizaiá Cassián Yde, doctora en Psicología Social y profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, abrió la primera jornada con una mirada incisiva sobre la materialidad del trabajo cultural. Bajo el título «Culturas indómitas en disputa: Tensar los sentidos de lo cultural frente a la precarización, la productividad y el despojo», Cassián problematizó la incorporación del discurso de la creatividad a las lógicas neoliberales de explotación y de especulación urbana. Su intervención, enraizada en el feminismo marxista y en una geografía crítica y decolonial, articuló un recorrido genealógico por las relaciones entre cultura, economía y poder, desafiando la retórica del «valor cultural» como motor regenerador de la ciudad y del mercado. Frente a la captura institucional de la cultura como recurso económico, defendió la necesidad de repolitizar la imaginación cultural y de reconstruir los vínculos entre producción simbólica y justicia material. En su intervención, la conferenciante reivindicó los ecosistemas críticos que persisten en los márgenes, colectivos, afectivos, autogestionados, como espacios de resistencia y reinvención de lo común, en los que la cultura puede volver a pensarse como práctica emancipadora y no como engranaje del capital. La conferencia de Cassián dio lugar a un prolongado y estimulante diálogo con el público que marcaría la dinámica del resto del seminario: sesiones abiertas, con debates tan entusiastas como densos, en las que la conversación se convirtió en una forma de pensamiento compartido.
La mesa «Trabajo cultural, participación y desigualdad» dio continuidad a estas reflexiones, reuniendo una comunicación de Paula González, Daniel Candil y Juan David Perdomo, con la de Nicolás Barbieri y Mariano Martín Zamorano, en un diálogo que abordó la cultura como un espacio atravesado por las tensiones entre precariedad, poder y emancipación. La primera, fruto de la investigación de un equipo de la Universidad Complutense de Madrid, presentó un estudio sobre las experiencias laborales en la industria cinematográfica desde la sociología crítica del trabajo, mostrando cómo la creatividad puede movilizar la pasión y los afectos para sostener la explotación. En representación del equipo responsable de la investigación, González identificó los marcos morales que legitiman la precariedad (el sacrificio, la vocación, el amor al oficio) y señaló, al mismo tiempo, los intersticios donde emergen formas de resistencia colectiva y de agencia subjetiva. Por su parte, Barbieri y Martín Zamorano, de la Universitat Oberta de Catalunya, analizaron las políticas culturales de Barcelona entre 2015 y 2023 para examinar cómo la desigualdad cultural se construye como problema público. Su comunicación reveló la coexistencia de marcos institucionales orientados a la inclusión y de discursos críticos que cuestionan esa misma noción y reivindican una politicidad radical basada en la redistribución del poder y la autogestión cultural.
Ambas intervenciones subrayaron la necesidad de articular la crítica del trabajo cultural con la crítica de las políticas culturales, evidenciando que las condiciones de precariedad, participación y legitimidad simbólica forman parte de un mismo entramado estructural. La mesa situó así en el centro una cuestión crucial: cómo pensar el trabajo cultural no solo como problema económico o laboral, sino como campo de disputa política y de producción de sentido en el marco del capitalismo contemporáneo.
La sesión que abrió el bloque de la tarde, «Miradas decoloniales y feministas a la cultura», reunió a Marta Roqueta-Fernàndez, Josetxo Cerdán y Miguel Fernández Labayen, y Paulo Celso da Silva, en una exploración de las relaciones entre representación, poder y resistencia. Roqueta-Fernàndez propuso una lectura feminista y decolonial de los medios como espacios atravesados por violencias estructurales, en los que la objetividad o la imparcialidad periodística operan como ficciones ideológicas que reproducen subjetividades machistas. Defendió la necesidad de repensar la libertad de expresión y la verdad informativa desde una epistemología situada y feminista. Cerdán y Fernández Labayen presentaron la experiencia Maldito niño, un proyecto de pedagogía crítica y creación audiovisual sobre el archivo colonial español que resignifica las imágenes del pasado desde una perspectiva reparadora, convirtiendo el archivo en un espacio de memoria contrahegemónica. Finalmente, Paulo Celso da Silva analizó la transformación del antiguo complejo ferroviario de Sorocaba (Brasil) desde la crítica al discurso de la «economía creativa», mostrando cómo la retórica del desarrollo cultural puede enmascarar procesos de gentrificación y desposesión.
En conjunto, la mesa propuso un desplazamiento epistemológico decisivo: pensar la cultura no como un repertorio de significados, sino como un campo de fuerzas donde se inscriben la memoria, el cuerpo y el territorio, y donde las perspectivas feministas y decoloniales abren grietas desde las que imaginar otras formas de vida en común.
El día concluyó con una estimulante mesa sobre «Cultura y tecnología», con intervenciones de Swaeny Nina Kersaan; Juan Linares-Lanzman y Andrea Rosales; y Enric Senabre Hidalgo y Ricard Espelt. Las tres propuestas coincidieron en analizar la tecnología no como herramienta neutra, sino como dispositivo de poder y subjetivación que modela afectos, imaginarios y formas de agencia. Kersaan propuso una lectura del videojuego y de la cultura de plataformas como sistema de optimización simbólica, en el que el usuario interioriza la lógica del rendimiento propia del capitalismo digital. Linares-Lanzman y Rosales abordaron el edadismo visual en las inteligencias artificiales generativas, mostrando cómo los algoritmos amplifican sesgos culturales sobre el cuerpo y la edad. Finalmente, Senabre Hidalgo y Espelt presentaron pliegOS.net, un proyecto de coescritura de zines que reivindica la creación colaborativa y artesanal frente al determinismo algorítmico.
La mesa trazó una reflexión lúcida sobre la cultura digital como campo de disputa simbólica, donde se enfrentan las lógicas de automatización y las posibilidades de reapropiación crítica. Pensar la tecnología, como subrayaron las ponencias, exige hacerlo desde su materialidad política, reconociendo tanto su poder de control como su potencial emancipador.
La segunda jornada
La segunda jornada se abrió con la conferencia de Ingrid Guardiola, «El laberinto tecnosocial y sus mitos», una exploración de los mecanismos de servidumbre, burocracia y automatización que atraviesan la producción cultural contemporánea. Guardiola reivindicó la necesidad de reconquistar el tiempo del pensamiento y de resistir los protocolos de productividad que colonizan la creación, situando la cultura en el centro de una disputa entre emancipación y captura institucional.
Las mesas que tuvieron lugar a continuación, «Capital cultural y poder» y «Economía política», profundizaron y ampliaron los marcos del debate. En la primera, Clara Heras Martínez y Vicente Rodríguez Ortega analizaron las listas top de los medios culturales como dispositivos de canonización que modelan la noción misma de valor estético, mostrando cómo las jerarquías consagran determinadas geografías, géneros y cuerpos, e invisibilizan otros. A su vez, Alonso Escamilla exploró el asociacionismo juvenil como forma emergente de redistribución del capital cultural, mientras que Renata Cavalcante presentó una investigación con jóvenes de las periferias de Fortaleza (Brasil), donde las prácticas digitales se convierten en herramientas de resistencia frente a la exclusión mediática.
En la mesa «Economía política», Luis Felipe Oyarzún revisó la obra de Bernard Stiegler para pensar la cultura como farmacología del deseo en el capitalismo digital, una lucha por transformar la adicción en atención y por reinventar una economía libidinal que devuelva al pensamiento su potencia creadora. Ramon Ribera Fumaz, por su parte, propuso una lectura de los imaginarios urbanos tecnolibertarios como síntoma de un capitalismo que combina innovación y exclusión, defendiendo la necesidad de repensar la ciudad como espacio de futuro común.
Ambas mesas ofrecieron un cierre teórico de gran densidad, en el que la cultura se reveló no como refugio frente al poder, sino como el propio escenario donde se negocian las formas de vida contemporáneas: entre canon y subversión, entre deseo y control, entre utopía tecnológica y precariedad social.
Cierre de las jornadas y conclusiones
El cierre de las jornadas corrió a cargo de Toby Miller, quien volvió a situar la universidad en el centro de la discusión con su conferencia «¿La Universidad arruinada?». Fiel a su estilo provocador, Miller retomó las genealogías críticas de los estudios culturales para reflexionar sobre el papel de la institución universitaria en tiempos de desfinanciación, burocratización y pérdida de autonomía intelectual. Su diagnóstico fue tan lúcido como incómodo: la universidad contemporánea, atrapada en la lógica del rendimiento y la auditoría, y sometida al feroz ataque del intelectualismo, corre el riesgo de convertirse en una empresa de gestión del conocimiento sin pensamiento. Frente a ello, reivindicó la tradición insurgente de los estudios culturales: si la cultura es un campo de poder, el pensamiento debe seguir siendo un campo de resistencia.
El seminario planteó un debate coral que devolvió las discusiones teóricas y filosóficas al terreno de lo cotidiano: el trabajo precario, la saturación digital, las tensiones entre activismo y academia, y la necesidad de crear espacios comunes para pensar y actuar. «Cultura o barbarie» no fue solo un título, sino una pregunta que atravesó cada intervención: ¿cómo sostener la cultura sin reproducir los mecanismos de exclusión, explotación y desigualdad que la habitan? En tiempos de polarización y crisis, el seminario ofreció algo que no siempre encontramos en los espacios académicos: una conversación viva, situada y consciente de su propia fragilidad.
El Seminario de Estudios Culturales es una iniciativa del Grupo de Investigación en Aprendizajes, Medios y Entretenimiento (GAME), que forma parte del Centro de Investigación Interdisciplinario en Transformaciones Sociales y Culturales (UOC-TRÀNSIC). Desde su creación, GAME ha hecho de los estudios culturales uno de los ejes vertebradores de su actividad investigadora, abordando las relaciones entre cultura, medios, educación y poder desde una perspectiva crítica, interdisciplinaria y comprometida con la transformación social. El seminario se ha consolidado como un espacio de encuentro para repensar la cultura contemporánea y sus tensiones, y para seguir construyendo colectivamente una tradición de pensamiento situada, abierta y política.
Imagen de portada:
Fragmento del cartel del seminario. Fuente: GAME/UOC
Citación recomendada
SÁNCHEZ-NAVARRO, Jordi. «III Seminario de Estudios Culturales: «Cultura o barbarie. Tensiones en torno a la cultura en el siglo XXI»». COMeIN [en línea], noviembre 2025, no. 159. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n159.2580



