Número 167 (julio de 2026)

Educación transformadora para un futuro antirracista

Amalia Creus, Inés Martins

Enseñar en la universidad no consiste únicamente en transmitir conocimientos ni en desarrollar competencias profesionales. En las aulas también se aprenden maneras de mirar el mundo, de nombrarlo y de representarlo. Como profesoras en el ámbito de la comunicación, sabemos que las imágenes, las palabras y las narrativas no son neutrales. Contribuyen a construir imaginarios sociales que condicionan lo que vemos, lo que pensamos y lo que consideramos posible. Desde esta experiencia docente surge una pregunta cada vez más urgente: ¿qué papel tiene la universidad en la reproducción —o en el cuestionamiento— del racismo en nuestras sociedades?

En la formación de comunicadores y comunicadoras, esta cuestión adquiere una dimensión particular. Los medios, la publicidad, las plataformas digitales o la cultura visual contemporánea participan activamente en la construcción de imaginarios sobre la diferencia y la alteridad. Formar profesionales de la comunicación implica, por tanto, desarrollar una mirada crítica capaz de reconocer cómo determinadas narrativas, imágenes o categorías contribuyen a reforzar jerarquías raciales o a reproducir formas de exclusión.

 

En los últimos años, estas dinámicas se han intensificado en los entornos digitales. Las redes sociales, los algoritmos o la circulación acelerada de contenidos han abierto nuevos espacios para la difusión de discursos racistas, pero también para su cuestionamiento. Pensar hoy el racismo implica atender a estas transformaciones: a la forma en que se producen estereotipos en la cultura visual en línea, a cómo ciertas narrativas se amplifican y a las nuevas formas de discriminación que emergen en los ecosistemas mediáticos contemporáneos.

 

La universidad como espacio de transformación

 

El racismo, sin embargo, no aparece únicamente en discursos explícitos o en representaciones estereotipadas. También se articula a través de múltiples fronteras —geográficas, simbólicas, culturales, legales o mediáticas— que atraviesan nuestras sociedades y también nuestras instituciones educativas.

 

La universidad ocupa un lugar central en la producción y transmisión de conocimiento y, por tanto, no es un espacio neutral frente a las desigualdades sociales. A veces, incluso sin pretenderlo, las instituciones educativas contribuyen a reproducir jerarquías existentes: mediante currículos que invisibilizan determinadas experiencias, marcos conceptuales que se presentan como universales o relatos que dejan fuera otras perspectivas históricas y culturales.

 

Pero la universidad también puede convertirse en un espacio de transformación. Reconocer el racismo como un fenómeno estructural —y no únicamente como una actitud individual— obliga a formular nuevas preguntas: cómo se produce el conocimiento, qué voces se consideran autorizadas para explicarlo y qué experiencias quedan al margen de los relatos dominantes. Desde esta perspectiva, la educación superior puede desempeñar un papel clave en la construcción de miradas críticas capaces de cuestionar estas desigualdades.

 

Abordar estas cuestiones en el ámbito educativo implica ir más allá de la mera incorporación de nuevos contenidos al currículo. Las pedagogías críticas y antirracistas invitan a revisar las formas en que se produce y se legitima el conocimiento. Durante mucho tiempo, los currículos educativos se han configurado desde perspectivas centradas en la experiencia europea y occidental, a menudo presentadas como universales o neutrales. Mirarlos desde una perspectiva crítica obliga a preguntarse por qué determinados saberes han ocupado esa posición central, mientras que otros —procedentes de tradiciones afrodescendientes, indígenas, migrantes o no occidentales— han quedado relegados o invisibilizados.

 

Revisar el currículo, por tanto, no significa únicamente ampliar el repertorio de autores o incorporar nuevas temáticas. También implica cuestionar qué entendemos por conocimiento legítimo, quién tiene autoridad para producirlo y qué experiencias se consideran relevantes en los espacios educativos.

 

Una caja de herramientas para la educación antirracista

 

En este contexto surge el Toolkit para una educación antirracista un recurso pedagógico desarrollado en el marco del proyecto internacional de investigación Crossing Borders, centrado en el análisis de las desigualdades educativas y el racismo institucional. El objetivo del toolkit es trasladar parte de ese trabajo de investigación al ámbito educativo y ofrecer herramientas útiles a docentes y comunidades educativas.

 

El recurso reúne materiales conceptuales, obras artísticas y propuestas de aula. Esta combinación parte de una premisa sencilla: el racismo es un fenómeno complejo que no puede abordarse desde un único lenguaje. Los materiales conceptuales permiten situar los debates y comprender sus dimensiones estructurales. Las obras artísticas abren otras formas de aproximación, capaces de interpelar y cuestionar imaginarios que a menudo pasan desapercibidos en los discursos académicos. Las propuestas pedagógicas trasladan estas reflexiones a dinámicas concretas de trabajo en el aula.

 

El toolkit también incorpora marcos analíticos que permiten situar el racismo más allá de las actitudes individuales. Conceptos como la colonialidad del saber o el capitalismo racial ayudan a comprender cómo estas desigualdades se inscriben en procesos históricos más amplios vinculados al colonialismo, a la organización de la economía global o a las formas contemporáneas de ciudadanía y de frontera.

 

Más que ofrecer respuestas cerradas, el recurso busca abrir preguntas y generar conversaciones en el aula. También ayuda a identificar el racismo allí donde a menudo cuesta verlo: en rutinas institucionales, en criterios aparentemente neutrales o en ausencias curriculares que reflejan jerarquías históricas de conocimiento.

 

Imaginar otras formas de enseñar y comunicar

 

En un contexto marcado por una creciente polarización social y por la proliferación de discursos de odio en el espacio público, el papel de la universidad resulta especialmente relevante. Como institución dedicada a la producción y transmisión de conocimiento, no puede limitarse a analizar estas desigualdades. También tiene la responsabilidad de contribuir a visibilizarlas y cuestionar las estructuras que las sostienen.

 

Trabajar el racismo en la universidad no consiste únicamente en denunciar las desigualdades. Implica abrir espacios educativos que permitan comprender su complejidad, cuestionar imaginarios arraigados y explorar otras formas de producir conocimiento. En la formación de futuros comunicadores y comunicadoras, esta tarea resulta especialmente relevante, ya que de esa mirada crítica dependerá también el futuro que estamos contribuyendo a construir.

Imagen de portada:

Imagen que simboliza las actitudes racistas mediante piezas de juego de distintos colores. Fuente: Unsplash / Markus Spiske.

 

Citación recomendada

CREUS, Amalia; MARTINS, Inés. «Educación transformadora para un futuro antirracista». COMeIN [en línea], julio 2026, no. 167. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n167.2647

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