Número 161 (enero de 2026)

«¡El One Piece existe!»: sobre la ola global de movilizaciones de la Generación Z

Pedro Fernández de Castro

La frase que da título a este texto la pronuncia Edward Newgate, un pirata legendario llamado Barbablanca, en el desenlace de la guerra que le declara a la Marina para salvar a un preciado miembro de su tripulación condenado a muerte. Esta declaración reavivó la Gran Era de la Piratería, que había empezado dos décadas atrás, cuando el Rey de los Piratas, Gol D. Roger, anunció en el acto de su ejecución el descubrimiento del mayor tesoro del mundo, el One Piece, momento con el que comienza el manga homónimo de Eiichiro Oda.

Casi treinta años después del primer número, la existencia de One Piece trasciende las páginas y las pantallas. La bandera de los «Sombrero de Paja», la tripulación de Luffy (el protagonista de la historia cuyo sueño es encontrar el One Piece y convertirse en el nuevo rey de los piratas), está siendo utilizada como símbolo de rebeldía y libertad por la Generación Z. Desde verano de 2025, jóvenes de países del Sur Global (desde Indonesia hasta Perú, pasando por Madagascar) están movilizándose para protestar por la corrupción gubernamental y la desigualdad socioeconómica bajo una jolly roger con una risueña calavera.

 

El objetivo de este artículo no es realizar un análisis en profundidad de este fenómeno, sino trazar una posible línea de investigación mediante una primera aproximación. Para ello, la propuesta es utilizar los Estudios Culturales como el marco teórico y metodológico desde el que abordarlo. Un primer motivo para adoptar este enfoque es que reúne algunos elementos que han centrado la atención en la tradición de los Estudios Culturales, como la cultura popular (mediante One Piece) o los estudios sobre la juventud. Sin embargo, tal como señala Grossberg (2012), estas cuestiones no pueden definir el «corazón de los Estudios Culturales». El punto de partida de los Estudios Culturales se encuentra en el «supuesto de relacionalidad»: los acontecimientos estudiados deben entenderse en el marco de las relaciones que los constituyen, desde la comprensión de que dichas relaciones están en constante cambio, en un ejercicio de «contextualismo radical» (Grossberg, 2012, pág. 36) que se concreta en la noción de «coyuntura».

 

El análisis coyuntural se ocupa de desgranar la complejidad que es causa y, a la vez, resultado del fenómeno de estudio. Esto quiere decir que debe atender a la articulación de las relaciones, tensiones y cruces de una amplia variedad de circunstancias que, durante un tiempo y espacio determinados, desembocan en un acontecimiento relativamente estable en su composición. Como señala Grossberg (2012, pág. 60), «lo que constituye la unidad de la coyuntura, entonces, es su/s problemática/s, que habitualmente es vivida (pero no necesariamente experimentada per se) como una crisis social». Desde este punto de vista, los Estudios Culturales se presentan como un abordaje oportuno para acercarse a esta (nueva) ola de movilizaciones globales liderada por la Generación Z.

 

La coyuntura de la Generación Z del Sur Global

 

Un primer elemento para la reflexión sería la problematización del propio término de «generación». Como apunta Vijay (2025), este concepto desarrollado por el sociólogo Manheim en los años 20 del siglo pasado no se refiere a la época de nacimiento de un grupo: «una generación surge cuando experimenta cambios rápidos y disruptivos que la llevan a reencontrarse con la tradición a través de nuevos Kulturträger [portadores culturales], personas e instituciones que transmiten la cultura y se convierten en fuerza activa para el cambio social». En cuanto a la coyuntura de las recientes movilizaciones de la Generación Z, estas disrupciones tienen que ver con factores comunes en el Sur Global como la explosión demográfica, las tasas de desempleo, las migraciones forzosas, el cambio climático, la desafección institucional y la alienación social (Vijay, 2025).

 

Los detonantes de los estallidos sociales en cada territorio han sido diversos, aunque de manera estructural todos acaben apuntando a uno o varios de los factores señalados. En Indonesia, donde esta oleada empezó en agosto de 2025, las protestas comenzaron por una subvención desproporcionada de vivienda para los miembros del parlamento, en relación con el nivel de vida de la población. En Nepal, la chispa saltó por unas publicaciones en plataformas digitales en las que los hijos de la élite política nepalí hacían gala de un lujoso nivel de vida. En Marruecos, el núcleo de las reclamaciones era el excesivo gasto en las infraestructuras para la Copa Mundial de la FIFA 2030 en lugar de dotar de recursos al sistema público de salud.

 

En cuanto a los resultados de estas protestas, también han sido dispares. En Bangladesh, Nepal y Madagascar los gobiernos han sido disueltos. En Filipinas y Perú altos cargos de sus gobiernos han dimitido, mientras que en Indonesia se han bloqueado algunas medidas, con el objetivo, en todos los casos, de aplacar la agitación social y evitar su escalada.

 

Otro elemento a destacar, en lo que respecta a aterrizar este planteamiento en los estudios mediáticos, es el del papel de las plataformas digitales en la difusión y organización de las protestas. Como continuación de la herencia tecnopolítica legada por los zapatistas, y asumida por los movimientos sociales en el marco de la Globalización (desde el altermundialismo hasta las Primaveras Árabes y los Occupy), los medios digitales tienen un rol importante en este nuevo ciclo. Lo que resulta singular, en este caso, es que la Generación Z es la primera que ha crecido inmersa en el ecosistema digital. Por tanto, su participación ya se ha dado en un entorno en declive, marcado por la degradación de las plataformas corporativas que antes habían concentrado el debate público. Esto podría explicar por qué la principal plataforma digital utilizada ha sido Discord, que ofrece espacios privados en forma de comunidades que se componen y crecen por motivos de afinidad. Ejemplos de ello se pueden encontrar en Marruecos, con el canal Gen Z 212 con unos 250.000 miembros; o en Nepal, donde 160.000 jóvenes utilizaron el canal Youth Against Corruption para votar a la persona candidata al puesto de primer ministro interino tras hacer caer al gobierno. Dicho gobierno prohibió el uso de redes sociales, lo que encendió aún más las protestas, que culminaron con el parlamento nepalí envuelto en llamas ante la bandera de One Piece colocada en su verja.

 

La bandera de los Sombrero de Paja ha tomado las calles de todos los países que hemos nombrado, pero también ha tomado las redes. Fathiya (2025) analiza específicamente el caso de Indonesia y ofrece datos que evidencian la viralidad de este símbolo y cómo ha contribuido a conectar las protestas territorialmente localizadas con una red de solidaridad transnacional, al tiempo que ha permitido replicar estas movilizaciones en otros lugares del mundo. Este fenómeno se ubica, así, como continuación de un patrón de memes políticos capaz de ser ampliamente compartido, conservando su significado principal. Este estudio también se ocupa de dilucidar los principales elementos que han determinado la elección de este símbolo: su neutralidad respecto de los partidos políticos, su recognoscibilidad universal entre varios grupos de edad y su estética no confrontativa (Fathiya, 2025). Sin embargo, para entender mejor el porqué de esta elección, cabría atender más directamente a la propia historia de One Piece así como a los principales valores que transmite.

 

Si hay un patrón en los diferentes arcos narrativos de esta historia, podría decirse que se trata de una tripulación pirata de jóvenes (aunque luego se sumen otros integrantes de mayor edad), unidos por la amistad y el apoyo mutuo para cumplir sus sueños. Conforme avanza la historia, sus objetivos los llevan a viajar por diferentes islas, donde encuentran nuevos aliados a quienes ayudan a erradicar las injusticias que afectan a sus territorios: guerras civiles, dictadores, esclavitud… Todo ello promovido por el Gobierno Mundial, una organización tiránica cuya máxima autoridad son los «Cinco Ancianos». A pesar de este significado, como todo símbolo, está abierto a la disputa política. Sin ir más lejos, hay información que apunta a que la versión mexicana de estas protestas es una campaña de astroturfing por parte de la (extrema) derecha (Hackbarth, 2025). Esto demuestra el potencial de este símbolo y acentúa la necesidad de abordar esta coyuntura, en la cual One Piece como caso de politización de la cultura popular, es apenas un punto de entrada para desarrollar la articulación de este análisis y comprender el actual momento de cambio social.

 

Para saber más:

FATHIYA, Dina Nurul (2025). «Pop Culture Protest Symbol: One Piece Flag in Non-Violent Political Expression in Indonesia». Insight, vol. 3, n.º 1, págs. 12-22 [en línea]. Disponible en: https://www.researchgate.net/Pop_Culture_Protest_Symbol_Raising_the_One_Piece_Flag

GROSSBERG, Lawrence (2012). Estudios culturales en tiempo futuro. Siglo Veintiuno editores.

HACKBARTH, Kurth (2025). «The Truth About the “Gen Z” March in Mexico». Jacobin [en línea]. Disponible en: https://jacobin.com/2025/11/gen-z-march-mexico-city-sheinbaum

VIJAY (2025). «Siete tesis sobre los levantamientos de la Generación Z en el Sur Global | Boletín 43». Tricontinental [en línea]. Disponible en: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-gen-z-rebelion/

 

Imagen de portada:

Bandera jolly roger recreada por ChatGPT el 11-1-2026 con el prompt «Recrea la bandera [de] One Piece en una imagen de formato apaisado». Fuente: OpenAI (DALL·E / GPT Image).

 

Citación recomendada

FERNÁNDEZ-DE-CASTRO, Pedro. «“El One Piece existe”: sobre la ola global de movilizaciones de la Generación Z». COMeIN [en línea], enero 2026, no. 161. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n161.2604

medios sociales;  investigación;  cultura digital;  comunicación política;  ética de la comunicación;  cómic;